352 incendios, 26 acusados y nadie en la cárcel un año después

La falta de pruebas contra los autores obliga a archivar casi todas las investigaciones

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Un año de la ola de incendios: la inolvidable noche de terror para los gallegos El fuego arrasó 50.000 hectáreas y se llevó por delante cuatro vidas

VIGO / LA VOZ

La conocida como regla del 10 % es más generalista que científica, pero su base teórica se acerca a la realidad de las cifras oficiales de incendios forestales que cada año maneja la Fiscalía Superior de Galicia: «Puede llegar a investigarse el 10 % de los incendios, y de ese 10 % otro 10 % llegan a juicio». En el caso de los procesos judiciales motivados por la oleada de incendios que arrasó, principalmente el 15 de octubre del 2017, más de 47.000 hectáreas, la teoría del 10 % vuelve a situarse muy próxima a la realidad. Baste decir que, después de los más de 350 incendios registrados en aquellas jornadas, que supusieron acusaciones formales contra 26 personas, no hay ningún incendiario entre rejas.

El informe final de la Fiscalía eleva a 352 los incendios forestales registrados en aquellos días, con una intencionalidad del 87,7 %, según aportó la  Consellería do Medio Rural. Detallan en el mismo órgano de Justicia que se iniciaron casi tantos procedimientos judiciales a lo largo del territorio gallego como incendios hubo en aquellas jornadas, y añaden, sin dar datos oficiales al estar algunos procedimientos bajo secreto de sumario, que una parte importante ya se archivaron al no haber autor conocido o indicios de delito, por tener su origen en otros incendios. En otros se prosigue con la investigación.

La Fiscalía Superior de Galicia, actuando de oficio ante la magnitud de la tragedia medioambiental, concentró sus esfuerzos en los 18 incendios que superaron las 500 hectáreas, de los que 11 fueron intencionados y algunos siguen investigados. Es el caso de los dos frentes que entraron en Vigo procedentes de Chandebrito y  Gondomar y causaron tres muertos y el caos en la primera ciudad de Galicia. De las dos causas, una fue archivada, aunque el secreto de sumario impide saber por ahora en qué situación está cada una.

Lo que se mantiene de manera general sobre las motivaciones en casi todos los casos es el hecho de que las condiciones extremas de temperatura y humedad que se vivieron en aquellas jornadas, más un verano extremadamente seco que se prolongó hasta octubre, fueron determinantes en la explosiva propagación de los primeros incendios. Baste decir que el último dato oficial policial fijaba en 31 los sospechosos en el conjunto de Galicia, además de 12 acusados de prender fuego con el aparente ánimo de limpiar terrenos con maleza y otros 14 por presuntos comportamientos incendiarios. Y todo ello sin que la Fiscalía considere que hubo, tras la oleada, una organización con ánimo de atentar contra el campo gallego y su población.

Las conclusiones policiales coinciden en muchos procesos en sostener que parece obra de individuos que actuaron de manera aislada más que de forma concertada o coordinada. Por su parte, la Fiscalía descarta que los fuegos fueran producto de un atentado medioambiental y tampoco creen que obedezcan «a una iniciativa criminal compleja de grupos de personas u organizaciones que actúan de forma coordinada o planificada y que persiguen objetivos supraindividuales». Las investigaciones tampoco constataron ningún factor determinante en esta oleada de incendios que pueda considerarse singular frente a los manejados en años anteriores, de la misma forma que tampoco se demostró el uso de nuevos tipos de artefactos incendiarios..

El Ministerio Fiscal tampoco encontró indicios para relacionar los objetivos de los incendiarios con los intereses que habitualmente se relacionan con los fuegos en el imaginario social: «La madera, el urbanismo y la economía del fuego». Como también se había reflejado en el informe relativo a los incendios del 2006 o en otros posteriores. De hecho, la Fiscalía mantiene vigente el perfil del pirómano que ya actualizó en el 2016.

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J. R.
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El incendio de As Neves dejó dos imágenes icónicas. La primera fue la nave de hierro fundida de Maderas Vial; la segunda, una gasolinera cercada por las llamas la misma tarde del 15 de octubre del 2017. Eloy Alonso es dueño de la maderera junto a su familia. Hoy la nave ya no está y los movimientos de tierra prosiguen para recuperar, algún día, su otra vida. El tiempo, además del disgusto y el susto, deja un pleito aún por resolver con la aseguradora: «Quiso arreglarlo con una cantidad mínima que no corresponde con el contrato. Por ahora no cobramos nada de nada». Mientras, el papeleo y el coste económico que implica siguen disparándose: «Vamos por 100.000 euros».

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