Portugal, la segunda gran crisis incendiaria en cuatro meses

Los 32 muertos se suman a las 64 vidas que el fuego se cobró en junio en Pedrogao

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Los incendios dejan al menos 32 muertos en Portugal El Gobierno portugués pide ayuda a la comunidad internacional para controlar los 400 focos que siguen activos

Portugal vuelve a arder y el fuego se ha cobrado 35 víctimas, entre las que podría haber un bebé de un mes, y siete desaparecidos. Los incendios se extienden por el norte y centro del país y confirman una vez más la necesidad de que el país se replantee su deficiente política forestal.

La de este fin de semana es la segunda gran crisis incendiaria que vive el país vecino en cuatro meses, después de que el pasado mes de junio el fuego que se extendió por Pedrogao causara la muerte de 64 personas. La mitad de ellas aparecieron carbonizadas tras ser atrapadas en una carretera cuando regresaban a sus casas. Solo entre enero y julio las llamas calcinaron más de 75.000 hectáreas.

Pero entre crisis y crisis, en esos cuatro meses, Portugal no ha dejado de arder prácticamente en ningún momento. Después de la tragedia de Pedrogao, el primer ministro socialistas Antonio Costa, que gobierna con el apoyo del Bloco y del Partido Comunista, reconoció ante los periodistas la necesidad de revertir las circunstancias que hacen especialmente vulnerable a Portugal frente al fuego. Pero también advirtió que el cambio «implica tiempo» y ya entonces avisó de que situaciones como las de Pedrogao «seguramente» se iban a repetir mientras se implantan cambios para mejorar la situación de la política forestal. Una de las medidas pendientes es recuperar la infraestructura de brigadas antiincendios que en buena parte desmanteló el también socialista José Sócrates cuando hubo de aplicar recortes presupuestarios.

La tragedia de Pedrógão obliga a Portugal a replantearse su deficiente política forestal

Carlos Punzón

Con el fuego ya extinguido, un reasfaltado rápido borró sus huellas en la «carretera de la muerte»

Pedrógão Grande, Góis, Castanheira de Pêra y Figueiró dos Vinhos constatan en sus montes y aldeas calcinadas que la política se mueve lenta y de forma pesada frente a unas llamas que en el monte corren con celeridad, sin obstáculos y alimentadas por un desarrollo forestal pensado en Portugal casi exclusivamente desde la perspectiva comercial.

El triángulo negro generado por las llamas en la Región Centro lusa acabó sumando 64 muertos, 254 heridos y 550 millones de metros cuadrados arrasados por el fuego, acelerado por un monocultivo de eucaliptos y pinos que se convirtieron, con la alta volatilidad de la primera especie y la notable producción de resina de la segunda, en combustible de alta capacidad a lo largo de 153 kilómetros de perímetro.

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