DIQUE DE ABRIGO | O |
29 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.TENEMOS EN esta comarca la costumbre de echar tierra sobre nuestros propias potencialidades y ser los primeros hipercríticos con nosotros mismos. La cosa tiene su explicación lógica, porque las últimas décadas no producen más que desencanto en lo socioeconómico, y ser optimista aquí es casi como soñar con un Racing en la Champions. O sea, una ilusión que sólo se mantiene a pesar de la realidad. Pero ese negativismo, aunque justificado, es perjudicial. Narcotiza. Gira sobre sí mismo en una espiral estéril que acaba en el resentimiento contra nosotros mismos y, sobre todo, contra los enemigos exteriores, (que efectivamente son muchos, a juzgar por los hechos, y merodean por doquier). Para salir de este círculo vicioso, son meritorias las voces que se alzan proyectando un futuro esperanzador, a medio plazo, cuando estén realizadas las infraestructuras (ahora mismo, casi todas paradas), que básicamente son el puerto exterior, los polígonos industriales -Río do Pozo sectores 3 y 4, Leixa y Brión-, la planta de gas con el ciclo combinado de Endesa en As Pontes, la autovía a Vilalba y el corredor rápido costero hasta Ribadeo (perdonen que ya ni hable del AVE, tal y como están las cosas). Esto es, efectivamente, lo que puede cambiar el panorama y reactivar nuestra economía. Pero lo hará a medio o largo plazo. Mientras, nuestro comercio y nuestros hoteles están sufriendo durísimamente la inactividad de Astano y sobre todo la incertidumbre paralizante ante el futuro. Por eso debemos actuar también en el corto plazo, no desatenderlo. No podemos permitir que algunos sectores se estén ahogando. Esas empresas que sufren la crisis con sus empleados pueden y deben recibir ayuda de emergencia.