Picasso, el genio que pintaba lo que comía

No solo lo que comía, sino dónde lo hacía o con qué utensilios lo elaboraba: alimentos, restaurantes, cocinas... La densa obra picassiana está trufada de comida, una referencia para el artista malagueño que el Museo Picasso de Barcelona ha recogido en una exposición que podrá visitarse hasta septiembre.


No todos los genios del tamaño de Picasso dejaron una obra tan extensa como la del pintor malagueño, a quien la leyenda atribuye la frase aquella de que la inspiración tiene que pillarte trabajando. Entre todo aquel torrente de creatividad y trabajo es posible encontrar vínculos de todo tipo. El que explora en este caso el Museo Picasso de Barcelona es la comida. Y lo hace a través de una muestra de 200 obras en las que el inventor del cubismo pinta, habla o reflexiona sobre alimentos, restaurantes y comidas. El maestro pintó cocinas durante toda su vida. De hecho, la muestra arranca con dos pinturas hechas en Málaga y finaliza con un gran cuadro titulado precisamente «La cocina». Por el medio, de todo. La muestra está dividida en diez espacios cada uno con su propio relato con la comida como elemento vertebrador, clave en muchas de las obras del pintor. El cuadro considerado como la piedra fundacional del cubismo, Las señoritas de Avignon, tiene en su parte inferior frontal, unas uvas y otras piezas de fruta. Aunque no podrán apreciarlo en la exposición ya que el famoso linezo no se ha desplazado desde su ubicación habitual: el Moma.

En 1941 Picasso escribió en París una obra de teatro protagonizada por una tarta y una cebolla y que forma parte también de esta exposición que ha buscado en todas las facetas del genio esa conexión con los alimentos y su elaboración. Esculturas, poesías, cerámicas o grabados se reparten por las salas del museo barcelonés estableciendo conexiones con la gastronomía mediterránea y, en general, con la cocina española que Picasso siempre extrañó tras salir de su país para no volver.

La cocina era, además, un lugar familiar para el artista malagueño, que muchas veces escribía sobre la mesa de su cocina y no tuvo ningún ambage en expresar: «Me gustaría que mi lienzo oliera a puerros». Antes, tal y como recuerda esta muestra en la que también ha participado Ferrán Adriá, Picasso participó en el mito de Els Quatre Gats, el legendraio restaurante barcelonés que acogió a la vanguardia modernista de la mano del singular empresario Pere Romeu que, precisamente, fue uno de los primeros valedores del joven pintor a quien encargó la ilustración del plato del día y el diseño del menú.

En la presentación de la exposición, la comisaria, Androula Michel, puso el énfasis en que el trabajo no consistía en una acumulación de alimentos en la obra del pintor, sino de una demostración de que la cocina era un espacio cotidiano para Picasso y una evocación de la España que abandonó y que intentaba revivir a través de utensilios y de alimentos.

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Picasso pintaba también lo que comía. Se dice que el artista era bastante frugal: verduras, ensaladas y pescado, aunque también hay testimonios del entusiasmo con el que afrontaba algunos estofados, sobre todo los que le vinculaban a su tierra.

La muestra podrá visitarse hasta el 30 de septiembre. En la planta baja se expone también un montaje basado en la cocina de Ferrán Adriá, que en la presentación se refirió a Picasso como una de sus referencias creativas: «La menestra de verduras que creamos en el El Bulli en 1994 era cubismo».

 a muestra. A la izquierda, el taller donde Picasso solía cenar con sus amigos; arriba un bodegón y a la derecha «Niño con langosta»

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