El menor que sorprendió a su padre asesinando a su amigo Álex pensó que estaba matando una rata

Ignacio Cabanes COLPISA

ESPAÑA

Los vecinos despidieron a Álex con aplausos en su funeral
Los vecinos despidieron a Álex con aplausos en su funeral Manuel Bruque | EFE

El asesino confeso del amigo de su hijo advirtió a los niños: «Que hoy no venga nadie a casa, no estoy bien» e incluso ofreció 10 euros a los dos menores para que se fueran a jugar a otro sitio

30 ene 2026 . Actualizado a las 09:27 h.

«Que hoy no venga nadie a casa, no estoy bien», le dijo Juanfran M. F., el asesino confeso de Sueca (Valencia), a su hijo de forma insistente la tarde del pasado sábado, poco antes de que su amigo Álex fuera a su domicilio a instalarle un programa del ordenador y jugar al Fortnite en la videoconsola. El detenido por el crimen, que ya se encuentra en prisión provisional, incluso le ofreció diez euros para que se fueran a otro lugar, según confirma el testimonio de su hijo (de trece años al igual que el fallecido. Algo estaba a punto de hacer click en su mente. La tragedia que ha conmocionado a toda la localidad iba a explotar y le hubiera dado igual una víctima que otra. De hecho, otro compañero de clase de su hijo recibió un mensaje de whatsapp de este para que se sumara a la partida. Él también podía estar muerto. Con la declaración el martes del presunto asesino ante el juez de instrucción de Sueca, encargado del caso, y el atestado policial entregado por el grupo de Homicidios de la Guardia Civil, en colaboración con el equipo de Policía Judicial de Almussafes, se resuelve el misterio del móvil del brutal e incomprensible crimen, y no es otro que el machismo e inquina que Juanfran M. F., un bibliotecario de 48 años sin patologías mentales diagnosticadas, tiene hacia su expareja y madre de sus dos hijos (dos niños de 13 y 7 años).

Guerra judicial tras el divorcio

«Yo no soy así, al final tu madre ha conseguido que me vuelva loco», le dijo a su hijo tras asesinar a su amigo sin motivo alguno, solo para responsabilizar de ello a su exmujer, para tratar de atormentarla y demostrar de cara a terceros que el proceso de divorcio y que la guerra judicial, que él considera que inició ella de forma injusta, ha llevado a la muerte de un niño inocente que nada tenía que ver con su batalla por la custodia de los niños y acusaciones cruzadas sobre quién de los dos es peor padre.

Y en esta «guerra», palabra que repitió a lo largo de su declaración ante las preguntas del juez, el acusado de un delito de asesinato no quiso responder ni ante la fiscal ni ante su propio abogado: daba igual realmente con quién se quedaran los hijos, sino el relato utilizado por una y otra parte. De hecho, hace justo una semana se celebró la vista para adoptar medidas urgentes de protección de menores y la madre renunció a la custodia.

Si bien podía entenderse que el padre, ahora encarcelado por el asesinato de un menor ajeno por completo a estos conflictos, había obtenido una victoria en este enfrentamiento con su ex. Juanfran no lo entendió así y estaba molesto porque su expareja había logrado introducir un informe de los Servicios Sociales en su contra, como así relató ante su señoría cuando trataba de justificar su brutal acción, alegando que su ex presentaba pruebas desfavorables a través de la técnico diciendo que él se despreocupaba de sus hijos. «Cada paso de esta miniguerra me ha llevado aquí», añadía de nuevo.

Estaba viendo el fútbol

Durante todo el interrogatorio, el presunto asesino se muestra colaborativo para responder, derrumbándose en varias ocasiones y llorando al pensar en Álex y su familia. «Pobre niño», llegó a lamentar. Misma preocupación por sus padres que ya manifestó en presencia de los guardias civiles cuando se entregó a las 18.30 horas del pasado sábado en el cuartel de Sueca, después de dejar a su hijo en casa de los abuelos. No obstante, llegado el momento en el que tenía que detallar cómo asesinó al pequeño, y pese a la insistencia del juez, el acusado es reacio a verbalizar que él acuchilló al niño. «No sé si yo lo maté, puede ser que sí», respondía con evasivas. Lo que sí explicó en dependencias judiciales, ante la Guardia Civil se acogió a su derecho a no declarar y solo hizo algunas manifestaciones espontáneas cuando se entregó, es el momento previo a esta explosión de violencia.

Álex, que había estado en casa de su amigo solo en contadas ocasiones (menos de cinco), estaba jugando con su hijo en la habitación al juego Fortnite, mientras él estaba en el salón viendo el partido de fútbol entre el Valencia y el Espanyol. No hubo discusión alguna entre los menores. El asesino confeso asegura que al ver pasar al niño por el pasillo de camino al baño, fue a la cocina, cogió un cuchillo y el resto su mente lo ha borrado por completo, o no lo quiere compartir dada la brutalidad y lo deleznable de este ataque alevoso sobre un menor totalmente indefenso.

Al escuchar los gritos de su amigo, el otro menor que estaba en este domicilio de la calle Trinquet Vell de Sueca, acude al baño y sorprende a su padre «golpeando el suelo» con un bate de béisbol (de ahí que dicha arma también intervenida por los agentes de Criminalística estuviera rota pese a no presentar golpes el cadáver del niño). El hijo incluso declara que por un momento pensó que su padre estaba «matando una rata».

Cuando es consciente y ve ya el cuerpo ensangrentado de su amigo, el menor piensa que su padre también va a acabar con su vida y le suplica que no le haga daño. Según el relato del niño, que declaró la misma noche de los hechos ante la Guardia Civil, su padre lo abraza, se van a la cocina a beber un vaso de agua, y responsabiliza de su conducta asesina a su exmujer: «Ves lo que ha conseguido tu madre».

Trastornos del espectro autista

El detenido finalmente no fue explorado por un médico forense, al no haber ningún indicador objetivo de que sufriera un trastorno mental en el momento de cometer presuntamente el brutal crimen, ni tampoco encontrarse en una situación psicológica que hiciera necesario que dicho examen se realizara de forma urgente en las dependencias judiciales de Sueca. Además, el propio detenido tampoco lo solicitó. Es más, hasta el final de su declaración no indicó al juez que está acudiendo a un psicólogo por depresión, aunque no está tomando medicación.

Será más adelante cuando sea debidamente explorado por los forenses de la Unidad de Psiquiatría del Instituto de Medicina Legal de Valencia, con dos entrevistas en distintos períodos de tiempo, para evaluar si realmente tenía o no afectadas sus capacidades volitivas e intelectivas en el momento de los hechos o por el contrario era plenamente consciente de su acto criminal e inhumano.

Llama la atención de los investigadores que el asesino confeso no esté especialmente interesado en cuestiones que podrían beneficiar a su defensa. Por un lado se negó a que le tomaran muestras de sangre y ADN, para analizar posible ingesta de sustancias. La tarde de los hechos se tomó un litro de cerveza, y durante la comida un poco de vino, pero tampoco le dio especial importancia buscando algún tipo de atenuante por afectación por el alcohol.

Y pasó por alto que en su familia hay casos de posibles trastornos del espectro autista, aunque se desconoce si están diagnosticados como tal o no. Por lo que sí estaba preocupado el detenido, y así lo trasladó tanto de forma verbal a los agentes que lo custodiaban como en dependencias judiciales, es que el asesinato que él mismo ha confesado estigmatice a sus hijos, víctimas también de su comportamiento homicida. El primero en sufrir las consecuencias de ello ha sido el hijo que se encontró a su amigo asesinado y a su padre todavía golpeando con ira el suelo con el bate de béisbol. El menor acudió en la mañana de este martes al colegio y tuvo que acudir la policía local de Sueca para llevárselo de allí, ante las quejas y comentarios de hijos y padres por su presencia. Pese a ser una víctima más de este irracional crimen.