Las víctimas del Alvia siniestrado en Adamuz esperaron más de un hora sin ningún tipo de ayuda

María Salgado
María Salgado REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

Imagen aérea de los dos trenes siniestrados en Adamuz (Córdoba), separados por unos 800 metros: el Iryo, en la parte central de la fotografía, y el Alvia de Renfe, en la inferior.
Imagen aérea de los dos trenes siniestrados en Adamuz (Córdoba), separados por unos 800 metros: el Iryo, en la parte central de la fotografía, y el Alvia de Renfe, en la inferior. Susana Vera | REUTERS

Viajeros ilesos caminaron 800 metros en plena oscuridad hasta el tren Iryo para avisar de que su convoy también había descarrilado y causado muertos y heridos

24 ene 2026 . Actualizado a las 15:25 h.

Era noche cerrada, estaban en medio de la nada y los equipos de rescate se toparon con un Iryo descarrilado con 294 personas a bordo. Pero, cómo es posible que el 112 andaluz supiera a las 19.55 horas —doce minutos después del accidente ferroviario en Adamuz— que eran dos los trenes implicados y que, sin embargo, una hora más tarde, no hubiera ni un sanitario ni un bombero ni un guardia civil, como denuncian varios supervivientes, socorriendo a las 184 personas que viajaban en el Alvia, el convoy más perjudicado, en el que perdieron la vida 36 de las 45 víctimas mortales.

«Todas las autopsias confirman que los fallecidos murieron en el acto. La rápida respuesta ha sido ejemplar y eficaz», se justificó el consejero andaluz de la Presidencia, Antonio Sanz, este viernes, cuando 23 heridos continuaban hospitalizados, cinco de ellos en la uci. «Creo que es una respuesta bastante razonable, aparte de que nadie ha puesto en duda la profesionalidad, la celeridad, la eficacia y la eficiencia de nuestros medios», defendió el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien negó categóricamente que el instituto armado tardara una hora en saber que había dos convoyes en la zona cero, aunque admitió que el Alvia «era más difícil de localizar, porque estaba a oscuras, a 500 o 600 metros al fondo del trazado».

 

 

Cuatro testigos clave

Los testimonios de dos viajeros ilesos que iban en el coche número cuatro del tren de Renfe y los de los primeros agentes que llegaron a este convoy olvidado —dos de sus vagones cayeron por un terraplén de cuatro metros de profundidad— son claves para sospechar de la tardanza, confusión y descoordinación entre Renfe, el ADIF, el 112 de Andalucía, la Guardia Civil y los servicios sanitarios. De hecho, la Junta reconoció que desconoce la hora a la que los servicios de emergencias llegaron al Alvia y no supo precisar qué mensajes recibieron las ambulancias.

La Guardia Civil, conmocionada

El primer pasajero que dio la voz de alarma fue José María Galán. «Reaccionamos dentro del instinto de supervivencia, rompimos las ventanas [...]. Hicimos señales con los móviles, llamamos al 112 [...]. Seguimos por una ruta segura, yo no fui por las vías; atravesamos una valla que estaba rota para ir lo más separado de la vía porque no sabíamos si había un barranco o un puente», declaró en Onda Cero, donde relató su travesía nocturna, que se le hizo eterna, en busca de ayuda. Más tarde, vio «el tren Iryo, a unos 100 metros», aunque creyó que estaba aparcado hasta que llegó a su altura, a las 20.45, justo una hora después del siniestro. Allí, se encontró con un guardia civil y le explicó que venía de otro tren descarrilado. «‘¿Cómo que del otro tren?', me preguntó. Nadie se lo había comunicado. Estaba en shock, como yo. Ahí entendí que hubo un choque [...]. Literalmente no estábamos en ningún plan. Estábamos totalmente fuera de rango. Empezamos a hablar entre nosotros y no entendíamos por qué nadie había ido hasta allí», agregó. Galán se ofreció a acompañarlo hasta el Alvia. «El guardia civil orientó la linterna hacia la izquierda para evitar que la gente viese los restos humanos que había por la otra parte», recuerda.

El cabo primero Arturo Carmona y el agente Ángel Ayala corroboraron más tarde, ante los medios, este testimonio. «Íbamos con la idea de que solo había un tren y estando allí vimos que se acercaba un grupo de diez o doce personas por el lado izquierdo, desde una zona oscura, y un señor nos dijo que venían de otro tren. Automáticamente, nos dirigimos a la zona donde nos había dicho este señor y ahí nos dimos cuenta de la magnitud del siniestro. Empezamos a ver muchas víctimas. Pedí ayuda a mi compañero Ángel de manera desesperada»», indica el cabo, que apunta que fueron hasta este convoy corriendo sobre las vías y las piedras del balastro.

La pasajera Lola Beltrán, que se había cambiado del coche número tres al cuatro del Alvia para ir con amiga, recuerda exactamente el momento en que vio llegar a este guardia civil, quien empezó a pedir apoyo de bomberos, sanitarios y servicios de emergencia. «Todo el que pueda moverse que se mueva y que camine hacia la luz azul», les pidieron, según cuenta en El País esta viajera, que le había prestado su teléfono móvil a Galán a las 19.51 horas, poco después del descarrilamiento, para que llamara al 112.

«Aquello era el infierno»

Cuando llegaron a la zona cero del tren de Renfe, Carmona y Ayala empezaron a rescatar a gente que estaba atrapada entre un vagón y un talud. «Aquello era el infierno. No había un solo sanitario, nadie. Estaban solos. En ese momento, éramos la única ayuda», sostiene en una entrevista en El Mundo. Entonces, vieron llegar a un hombre con chaleco reflectante y un móvil en la mano que usaba a modo de linterna. «Era un tercer maquinista. Venía de un tren Avlo que estaba a unos dos kilómetros y que no estaba implicado en el siniestro, pero que se había visto paralizado porque la circulación se había cortado», rememoran los agentes. Este conductor les dio un teléfono para que informaran de la situación al centro de control de Atocha. «Comuniqué la gravedad y pedí que, por favor, cortaran la electricidad alrededor porque estábamos cientos de personas allí y podía haber más desgracia aún», indica Carmona.

Según el cronograma oficial, no fue hasta las 21.16 horas cuando la Guardia Civil reporta «un número indeterminado de personas atrapadas y varios fallecidos entre ambos trenes, que se encuentran casi a un kilómetro de distancia entre sí». Hasta ese instante, los rescatistas se habían focalizado exclusivamente en las víctimas del Iryo, mientras las del Alvia veían a los lejos las luces de las ambulancias. En total, transcurrieron 93 minutos desde el choque y descarrilamiento hasta ese reporte oficial, y pese a las numerosas llamadas al 112 de los supervivientes del convoy de Renfe, que coincidieron en el tiempo con las emitidas por los pasajeros del Iryo, cuyo maquinista insistía en que el único tren accidentado era el suyo: «No hay otro».

Pese a estos testimonios, Marlaska aseguró en RTVE que una patrulla del instituto armado «tuvo conocimiento» de que había un segundo convoy siniestrado a las 20.15 horas, y que, un cuarto de hora después, ya había «medios sanitarios y de Protección Civil, y bomberos ubicados en el lugar».