Taika Waititi: «Fue muy extraño tener que ponerme el uniforme y el bigote de Hitler»

Su filme «Jojo Rabbit», en el que un niño tiene al dictador alemán como amigo invisible, ha logrado seis candidaturas a los premios Óscar

REUTERS

Los Ángeles / Colpisa

Taika Waititi (Wellington, Nueva Zelanda, 1975) es una máquina de hacer cine. En los últimos cuatro años ha escrito dos películas: Thor: Ragnarok y Jojo Rabbit, ha producido dos series, y dirigido otras dos, Lo que hacemos en las sombras, y The Mandalorian, la producción derivada del universo de La guerra de las galaxias que ha lanzado a Baby Yoda. El artista neozelandés estrenó el pasado viernes Jojo Rabbit, una sátira con la que ha conseguido seis importantes nominaciones a los premios Óscar: mejor película -donde concursa nada menos que con Joker, 1917, Érase una vez... en Hollywood, El irlandés, Parásitos e Historia de un matrimonio, entre otras-, mejor actriz secundaria (Scarlett Johansson), mejor guion adaptado, mejor vestuario, mejor producción y mejor edición. Narrada con un estilo único, Jojo Rabbit cuenta la historia de un niño de diez años obsesionado con los nazis que tiene como amigo imaginario a Adolf Hitler, en un largometraje que lleva al espectador a una ciudad imaginada dentro Alemania en los días previos a la Segunda Guerra Mundial.

-¿Por qué decidió adaptar la novela escrita por Christine Leunens?

-Fue mi madre quien me regaló el libro y me dijo que era especial. No lo hubiera leído si no hubiera llegado de ella. La idea de una relación que nunca hubiera debido existir me pareció fascinante. Este niño, que forma parte de las juventudes de Hitler, descubre que su madre esconde a una chica judía y eso amenaza su propia existencia, porque en ese momento se desvanece su esperanza de ser el mejor nazi del grupo. Esa fue la idea que me hizo decidirme a rodar este filme. El libro es más oscuro y más extenso que el guion de nuestra película. Yo le he añadido un Hitler imaginado, humor, sátira. Le he cambiado el tono para dar color a la película.

-Usted mismo interpreta a Adolf Hitler en su película.

-No era mi intención, pero me pareció interesante precisamente porque no me parezco en nada a Hitler. Cuando empecé el rodaje no tenía a ningún actor contratado para hacer de Hitler y me convencí a mí mismo de que yo podía hacerlo. Fue muy extraño tener que ponerme el uniforme y el bigote de Hitler. La verdad, no me gustó verme dentro de ese papel aunque, afortunadamente, estaba tan ocupado en el rodaje que no tenía mucho tiempo para pensarlo.

-¿Fue muy difícil encontrar un equilibrio en el tono de la narración?

-No. Eso era lo que menos miedo me daba de esta película, porque creo que las sátiras sobre la guerra, o sátiras antiguerra, son muy necesarias. Creo que debemos encontrar el humor ante situaciones difíciles o incómodas y utilizarlo como una herramienta para enviar mensajes importantes. Creo que es más efectiva una película con humor que hable de guerra que una historia dramática.

-Su representación de Hitler es bastante libre.

-Realmente no es Hitler, es una amigo imaginario. Jojo no tiene ni idea de cómo es Hitler en realidad. Mi personaje surge de su imaginación, un cruce entre Hitler y los héroes de este niño. Es una extraña amalgama de personajes que trata de explicar la importancia de la imaginación y la fragilidad de la mente humana ante la propaganda.

«Incluso en ese período hay momentos de alegría»

 El evidente tono de comedia y la utilización de la imaginación infantil no han evitado que a Taika Waititi le lluevan las críticas por glorificar una época tan terrible como la Segunda Guerra Mundial y el genocidio programado por Hitler que comportó.

-Muchas de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial son oscuras, marrones o grises, saturadas en tonos depresivos donde siempre está lloviendo. En mi visión hay, incluso en ese período, momentos de alegría porque era un mundo vibrante. Para un niño que crece en un circo, todo a su alrededor es maravilloso, incluso cuando hay atrocidades bajo la superficie. Hacia el final de la guerra, cuando todo el mundo sabía que estaban a punto de rendirse los alemanes, la gente salía pensando que era su último día y vestían sus mejores ropas. Las mujeres se ponían maquillaje, medias y salían diciendo que si iban a morir debían hacerlo como si fueran a una fiesta. Esa era la actitud entre los alemanes.

-Su película ha conseguido seis nominaciones a los Óscar. ¿Esperaba esta respuesta?

-No. Sabía que la juventud podría responder bien ante este filme por el tono y el ritmo de la historia. Eso era lo que yo quería, que los jóvenes vean esta película como una oportunidad para entender momentos de la historia. Estamos hablando de un filme sobre ese período en el que alcanzamos la madurez y dejamos la niñez atrás. Es en esos momentos cuando somos más vulnerables porque nos dejamos impresionar y no sabemos valorar lo que es realmente importante. En este filme me propuse crear un diálogo contemporáneo, hablar de una forma en la que hablamos hoy en día y no como se hablaba durante la Segunda Guerra Mundial. Deseo que el público abra los ojos y entienda las experiencias de la gente en 1945.

 

 

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