Mario Casas: «En cuanto nos dejen, voy a Razo seguro»

El reciente ganador del Goya al mejor actor protagonista acaba de estrenar «El inocente», una miniserie que tiene todos los ingredientes para enganchar al espectador. Sobre el futuro, señala: «Me gustaría interpretar a un gallego, creo que lo podría trabajar muy bien. Mis padres lo hablan y todavía tienen acento»


Reconoce que ya hace tiempo que disfruta con la gente en la calle, una situación que antes le producía miedo e incluso tensión. Mario Casas (A Coruña, 1986) ya no es el de Tres metros sobre el cielo, cuando el fenómeno fan le llevó a despegar los pies del suelo. «Ahora estoy en un momento en lo personal, y en cuanto a la profesión se refiere y el personaje público que soy, muy bueno», señala el actor que se llevó una sorpresa cuando recibió el Goya. Lo pillamos al final de una jornada de promoción, y le pedimos un último esfuerzo. «Nada, nada, no te preocupes. Emocionado, yo la verdad llevo muy bien las promociones, son parte de esto».

 -Has dicho que lo que más te atrajo de este proyecto fue el director, quizás porque el guion venía avalado por un «bestseller».

-Bueno, cuando digo el director... Con Oriol Paulo he trabajado en Contratiempo, y en algún otro momento él ha querido contar conmigo, pero por fechas no ha sido posible. Me acuerdo que comimos en Barcelona, me contó los ocho capítulos por encima y me estalló la cabeza, no acababa de entender muy bien lo que me contaba, por todo ese puzle que es la serie. Le dije: «Lo que me estás contando ya me encanta», además me dijo que Netflix estaba detrás, y aparte que confío en él. Le dije: «Si me dices ven, lo dejo todo», y así fue.

 -Una serie para trasnochar...

-Sí, lo hace muy bien, lo hemos visto en sus películas anteriores, sabe muy bien cómo tocar esa tecla para mantener al público en vilo. Aquí lo consigue, cuando empieza la serie parece normal por lo que sucede, pero con el segundo te preguntas: «¿Me he equivocado de capítulo?». Es una declaración de intenciones y lo que Oriol quiere mostrarle al espectador. Tiene todos los ingredientes para engancharte, de querer ver un capítulo, otro, intentar entender qué está pasando, si los personajes son quienes dicen ser, qué esconden, qué no... Hay muchas puertas abiertas en los primeros capítulos, que hacen que te quedes enganchado.

 -Mat cree que todo lo que le sucede son accidentes del destino, ¿Mario también cree que todo pasa por algo?

-En ese sentido yo tengo una filosofía que se asemeja un poco a eso, también es una manera de vivir el día a día, de afrontar la vida. Es decir, si uno trabaja, creo que va a tener sus frutos, si uno hace las cosas bien, si uno respeta, quiere a los que le rodean, todo viene de vuelta. Todo es por eso, por una manera de vivir el día a día, que me ayuda. Yo creo mucho en el destino, en el karma, y verás que cuando vayan pasando los capítulos, el karma está muy presente en la serie. Si has hecho cosas malas, el pasado vendrá a buscarte, a pedirte explicaciones.

 -Últimamente nos tienes en tensión, ¿te has abonado al «thriller»?

-Es que al final uno no decide... Estoy deseando hacer una comedia. Es verdad que es una tensión constante un proyecto tras otro. Al final, uno hace su carrera, y no repara si es thriller, terror, comedia... Me enamoro de los proyectos, aunque es verdad que los últimos van hacia el thriller psicológico. Se ha dado así, ha sido intuición, han sido ganas de hacer los proyectos, pero tengo muchas ganas de relajarme, de hacer una comedia, aunque luego son muy complicadas también, sufres de la misma manera o más, pero tal vez el proceso es un poco distinto a la hora de crear.

 -Has sido muy meticuloso en los proyectos que has ido eligiendo para llegar hasta aquí. ¿Has descartado muchos que no encajaban con lo que querías?

-Sí, tengo 34 años, me llevo dedicando a esto en serio desde los 18-19, finalmente hay proyectos que pasan y no te acaban de convencer, otros que sí. Tiene mucho que ver también con el gusto que tiene cada uno sobre la profesión, en mi caso, sobre el cine, la televisión. Hay proyectos que a lo mejor otro actor no haría, y yo digo que sí. Tiene que ver con lo que me llega ese proyecto en el momento en el que estoy o con mi momento vital. A lo mejor una peli que he hecho hace un año, dentro de cinco ya no la haría...

 -¿Te ha pasado?

-No, en ese caso no. Yo estoy muy orgulloso de todos los trabajos que he hecho, porque a lo mejor en ese momento era mi primer trabajo o le he puesto todas las ganas. Rechazar o poner en un sitio peor una peli u otra, no me parecería justo ni para todos los que hemos estado trabajando en ella, ni para mí. Al final, en ese momento la he hecho porque es lo que quería hacer, o trabajar con ese director o interpretar a ese personaje.

 -La última vez que hablamos fue en agosto del 2012, cuando fuiste pregonero de las fiestas de A Coruña. ¿Recuerdas ese día? ¡Qué locura!

-Me acuerdo perfectamente. Aparte de locura, estaba toda mi familia de Coruña, de Galicia, mi abuela por parte de padre, fue algo muy especial, muy bonito, pero también de mucha vergüenza. Aunque no lo parezca, da corte ponerte así delante de tanta gente. Uno piensa, a ver si me van a tirar un huevo, una silla o una piedra... Uno está pensando eso.

-En ese sentido, las cosas se han calmado. Tus fans se han hecho mayores, más respetuosas y la prensa también, ¿no?

-Bueno... La cosa se ha calmado más o menos. Es verdad que no hay esa locura, también las cosas han cambiado bastante, la televisión, el cine... Estamos hablando de que hice Tres metros sobre el cielo (2010) hace diez años, y ahí es cuando más impacto tuvo el fenómeno fan. A lo mejor era un furor más adolescente, más joven, pero es verdad que han pasado los años, ahora noto que la gente que me conoce es de muchas edades. Las plataformas se han abierto, han dado la oportunidad a mucha gente de ver cine, series, y muchas pelis mías. Ves chavales de 10-15 años, pero también de 20-40... Es un público más amplio que hace diez años.

 -Han pasado muchísimas cosas desde ese día, tantas que hasta tienes un Goya en casa. Tres papelones con tres registros completamente diferentes, ¿2020 era el año? ¿Lo llegaste a pensar?

-No, porque para mí ha habido otros años proyectos muy interesantes en cuanto a premios se refiere, entonces yo decía: «No va a ser...». No me lo esperaba, pensaba que ya me habían nominado, y ya bastante era para mí, no pensaba en que me iban a nominar y ya ese mismo año dármelo. Fue una sorpresa, y de ahí vino la reacción que tuvimos en casa, mis padres y mis hermanos.

 -¿Cambia algo la manera de trabajar? ¿Más seguridad?

-No, no, para mí es algo que vives en un momento puntual en los premios del cine español, pero después... No es que te olvides, pero te lo recuerda más la gente, si no, no. Al final, uno en lo que está pensando es en el trabajo, en qué es lo siguiente o en qué me gustaría hacer cuando me lo planteo. Los premios son algo bonito, pero secundarios también. El verdadero premio es el trabajo.

 -Hace unos meses nos contabas en YES que cada vez eres más tímido, porque la gente habla de ti aunque no te conozca. ¿Te molesta mucho lo que se dice?

-No, intento no leer. A nadie le gusta leer algo negativo sobre uno mismo. Intentas que te entre por un oído y salga por el otro, pero algo te toca. Están hablando de ti y a lo mejor ni te conocen, que es peor, pero he aprendido a intentar evadir lo que puedan decir, a no leer... Y mi familia o mis amigos, si les llega algo, que a lo mejor no es verdad, creo que me mantienen al margen. Procuro estar lejos de las opiniones, ya no, de los malos o de los buenos... Intento no ver nada, porque es perjudicial en los dos sentidos.

 

-¿Renunciarías a algo por ser anónimo?

-No. Mi profesión, mi carrera, el trabajo que tengo es un sueño, soy un privilegiado. Desde hace tiempo, yo disfruto con la gente en la calle. Se acercan con muchísimo respeto desde hace ya unos años, eso lo noto mucho, ha habido un cambio. Hay gente que está ahí, te conocen, han visto pelis tuyas, o igual se acercan a decirte que no les gusta tu trabajo, pero te lo dicen bien, con humildad, entonces hablas... A mí hay actores que tampoco me gustan, directores o películas, mientras sea desde el respeto, a mí cada vez me gusta más hablar con la gente en la calle.

 -Dices que el peor espectador eres tú mismo, ¿no te gusta verte?

-No, no. Muchas veces ni las vería, pero hay estrenos, tienes que asistir y demás. En el momento que hago una secuencia, acaba el día, llego a casa, y le sigo dando vueltas a la misma escena, porque ya lo haría de otra manera. Empiezo a divagar, a pensar que si empezara de nuevo la peli, lo hubiese hecho diferente, y me agobio. No puedo ser objetivo con lo que estoy haciendo, al final soy yo mismo, no acabo de creerme, estoy interpretando... Es una sensación extraña.

 -Alguna vez te han recriminado por quitarte la camiseta, sin embargo, te han propuesto desnudos y los has rechazado.

-Sí, sí, sí. Yo he hecho pelis donde te tienes que desnudar, salir sin camiseta, eso está en el guion, yo lo acepto y soy consciente. A mí es que me da igual, realmente no me importa. Creo que hay como una coña, algo de vacile hacia mí, como el típico chiste, pero no me importa. A lo mejor cuando era un chaval, con veintipico, me podía afectar un poco más, pero ahora ya no.

 -Te he escuchado decir que la fama te ha hecho desconectarte de ti mismo, y que lo sigues trabajando. ¿A veces se necesita terapia para no perder el norte?

-Sí, sí. Yo hago terapia, pero no solo porque salga en televisión o sea un personaje conocido, creo que casi todos necesitamos terapia para sacar y expresar lo que llevamos dentro. Es superimportante verbalizar lo que tenemos en nuestro interior. Pero no hablaba de ahora, he podido desconectar cuando Tres metros sobre el cielo, tenía veintipico, era joven, y ahí sí que no entiendes muy bien qué está pasando. Tu vida cambia, la gente te reconoce en la calle, te pide una foto, te ves en situaciones extrañas, de irte de un cine, de un centro comercial, todo cambia, y cuando eres joven es complicado tener la cabeza centrada. Tenía a mi gente, a mi familia, a mis amigos, a mis padres, que me ayudaban con veintipocos a estar lo máximo centrado posible... Ahora estoy en un momento en lo personal, y en cuanto a la profesión se refiere y el personaje público que soy, muy bueno. De unos años para aquí estoy disfrutando mucho con la gente, antes era algo que igual no es que me produjese rechazo, pero sí me daba miedo, me asustaba un poco, me tensaba. Pero lo he aceptado y estoy contento de conocer gente, es una suerte para mí.

-Has dicho que te gustaría rodar en Galicia. ¿El gallego cómo lo llevamos? Hasta donde yo sé, en tu casa se hablaba.

-Sí, sí. Mis padres no lo están hablando en casa, pero hablan gallego, tienen su acento todavía. Yo estoy deseando, porque creo que lo podría trabajar muy bien, al final es mi tierra, está en mi sangre, y me encantaría. Hay una peli que hice, Bajo la piel de lobo (2017), de un ermitaño que vive en la montaña en los años 20, y cazaba lobos... Yo le propuse al director hacerlo con acento gallego, pero no me lo compró.

 -¿Sigues haciendo surf en Razo?

-Sí, sí, bueno ahora no, porque no se puede viajar, pero en el momento que abran me voy a pasar por ahí seguro.

«El inocente»: Mario Casas y los accidentes del destino

b. p. l.
Mario Casas y Aura Garrido protagonizan  El inocente
Mario Casas y Aura Garrido protagonizan "El inocente"

El último ganador del Goya al mejor actor dota de profundidad al personaje de un «thriller» atrapado entre la inocencia y la culpa. La adaptación de la novela de Harlan Coben llega a Netflix este viernes

¿Cuántos accidentes del destino caben en una sola vida? En el caso de Mat, el personaje al que Mario Casas interpreta en El inocente, caben muchos y todos pueden acumularse fortuitamente para cambiar radicalmente su existencia no solo una vez, sino dos. La serie, basada en la novela del mismo título del maestro del suspense Harlan Coben y que este viernes llega a Netflix, arranca con el apurado relato de toda la sucesión de acontecimientos por los cuales Mat acabó en la cárcel a causa de una pelea que él solo intentaba detener y que, por unos pocos centímetros, derivó en un homicidio accidental.

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