La película de Oliver Laxe se lleva varias distinciones en categorías técnicas, pero cede en película y director frente a la noruega «Valor sentimental» y justo en la semana previa a las candidaturas a los Óscar
18 ene 2026 . Actualizado a las 18:11 h.«¡Qué viva el cine valiente y libre!», exclamó ayer una emocionada Laia Ateca desde la Casa de las Culturas del Mundo (HKW) de Berlín al recoger el premio a mejor diseño de producción por su trabajo en Sirât. Fue el primero de cinco para la película gallega de Oliver Laxe, que estaba nominada en 11 categorías. Tuvo que conformarse con los galardones técnicos en una edición de los Premios del Cine Europeo, la 38.ª, que coronó a la noruega Valor sentimental, de Joachim Trier, con los títulos mayúsculos: mejores interpretaciones —tanto la masculina como la femenina por los trabajos de Stellan Skarsgård y Renate Reinsve—, mejor guion, mejor dirección y mejor película. También, mejor banda sonora original, mérito de Hania Rani.
Abrió la cita el realizador iraní Jafar Panahi, clamando contra el silencio internacional ante la situación en su país y en «muchas otras» partes del mundo. No le tembló a voz a un hombre que pasó siete meses encerrado por «propaganda antigubernamental», que actualmente está condenado a un año de prisión. Y ya desde el primer minuto quedó claro que nada iba a tener que ver la ceremonia de este sábado —densa y desesperadamente lenta, pero también comprometida y reivindicativa—, con la ligera fiesta de los Globos de Oro celebrada la semana pasada en Beverly Hills, donde un enorme elefante ocupó la habitación. Para qué hablar de política pudiendo bromear con la edad de la novia de DiCaprio.
Ayer en el Viejo Continente nadie calló. Los receptores de los reconocimientos ensalzaron, uno tras otro, el valor del cine como altavoz, como palanca de cambio. Pero no solo se quedaron en la fuerza de lo que recoge para transmitir la cámara. La actriz, directora y guionista noruega Liv Ullmann, homenajeada por toda una vida dedicada al séptimo arte, ironizó ante los atentos ojos de los aproximadamente mil asistentes que ocupaban el patio de butacas con el traspaso del Nobel de la Paz de Machado a Donald Trump. Menos atrevidos fueron los académicos, que decidieron apostarlo todo a la película menos política de las favoritas. Prefirieron quedarse con la opción íntima, sin golpes de efecto, con un retrato familiar que ya se había llevado el Gran Premio del Jurado en Cannes.
La gala, que por primera vez en 38 años se celebró en plena temporada de premios internaciones —tradicionalmente se programaba en diciembre—, fue planteada como una experiencia artística en sí misma sobre la que durante más de tres hora sobrevoló una pregunta nuclear: por qué amamos el cine. El propio Oliver Laxe reivindicó al subir al escenario a recoger el premio a mejor montaje de Cristóbal Fernández, ausente, el derecho de su oficio —y su arte— a provocar reacciones. Sobre su criatura, que tantas alegrías le está dando desde el día de su estreno, dijo antes de comenzar la entrega de premios que obliga al espectador «a morirse», que es una «terapia de choque», que «no deja indiferente». «El cine tiene que ser una catarsis, tiene que transformarte, tiene que tocarte ahí», consideró. Tras meses en Estados Unidos —nominado tanto en los Premios de la Crítica como en los Globos de Oro, y a punto de saber si opta al Óscar—, Laxe admitió ayer en un momento de debilidad que en Europa «la energía cambia, la frecuencia cambia», «y eso calma». «Estar aquí es estar un poco como en casa», confesó.
A su casa de Galicia vuelve con los premios de montaje, dirección de cásting —primera vez que se reconoce en estos galardones—, sonido, producción y fotografía bajo el brazo. Se quedó sin el caramelito del de director y también sin el de guion. No se llevó la gloria, pero la rozó —cinco premios técnicos no puede sino ser un triunfo—, él y todo su equipo. Nadia Acimi, Luís Bértolo y María Rodrigo, por su talento para escoger al elenco de actores; Cristóbal Fernández por su pericia al editar el metraje; Ateca por encargarse de una producción de tal calibre; y Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas por un sonido que más que escucharse se siente, tal y como rezaba la candidatura.
Los Javis —los cineastas españoles Javier Calvo y Javier Ambrosi— fueron los encargados de anunciar el premio a mejor director, conjurando en sus expresiones nerviosas el anhelo de que dentro del sobre estuviese el nombre del gallego. No pudo ser, pero la algarabía sobre el escenario fue igualmente grande, y al ocupar posiciones Trier celebró que aún siendo la suya una película sobre «una familia disfuncional horrible» la «panda» que la hizo posible fuese «todo lo contrario».
Sin medalla se quedaron también los otros dos candidatos españoles convocados en Berlín: Irene Iborra optaba con Olivia y el terremoto invisible a mejor película y a mejor animación, condecoración que recayó en la francesa Arco, de Ugo Bienvenu; y Albert Serra aspiraba a mejor documental con Tardes de soledad. Se llevó el premio Fiume o Morte!, de Igor Bezinovic.
La lista completa de ganadores
- Mejor película: Valor sentimental (En cines)
- Mejor dirección: Joachim Trier, por Valor sentimental.
- Mejor actriz: Renate Reinsve, por Valor sentimental.
- Mejor actor: Stellan Skarsgård, por Valor sentimental.
- Mejor guion: Eskil Vogt y Joachim Trier, por Valor sentimental.
- Mejor dirección de casting: Nadia Acimi, Luís Bértolo, y María Rodrigo, por Sirât. (Movistar Plus+)
- Mejor dirección de Fotografía: Mauro Herce, por Sirât.
- Mejor banda sonora: Hania Rani, por Valor sentimental.
- Mejor montaje: Cristobal Fernández, por Sirât
- Mejor diseño de producción: Laia Ateca, por Sirât.
- Mejor diseño de sonido: Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas, por Sirât.
- Mejor diseño de vestuario: Sabrina Kramer, por El sonido de la caída.
- Mejor maquillaje y peluquería: Torste Witte, por Bugonia. (En cines)
- Mejor cinta de animación: Arco, de Ugo Bienvenu. (Prime Video)
- Mejor documental: Fiume o Morte!, de Igor Bezinovic.
- Premio al descubrimiento europeo: On Falling, de Laura Carreira.
- Mejor cortometraje: City of Poets, de Sara Rajaei.
- Premio de la audiencia joven europea: La vita da grandi, de Greta Scarano.
- Premio a la trayectoria: Liv Ulmann.
- Premio a la contribución europea en el cine mundial: Alice Rohrwacher.
- Premio a la coproducción internacional: Maren Ade, Jonas Dombach y Janine Jackowski.