Estos abuelos viajan más que tú

TIENEN AÑOS Y KILÓMETROS A SUS ESPALDAS, una condición que les permite extender sus alas y aterrizar en cualquier lugar del mundo. Tienen sed de nuevos destinos, quieren empaparse de sus calles y sentirse libres. Ellos sí que vuelan alto


Siempre le gustó viajar, solo que su fobia a los aviones fue un hándicap a la hora de marcar distancias. Fernando Morán (A Coruña, 1949), un actor gallego al que muchos ya habrán reconocido, viajaba «hasta donde llegaba el coche». Francia, Italia, Portugal, España y por supuesto Galicia fueron sus principales destinos hasta hace cuatro años. «Tengo una amiga que es psicoanalista y me convenció para ir a terapia, y estando en ese proceso me llamaron para hacer una película en México, y no podía no ir», señala Fernando, que aprovechó su estancia al otro lado del charco para escaparse a California. Esta «terapia de choque» le puso el mundo a sus pies. Islandia, República Checa, Alemania, Hungría... y en unos días Marruecos. No es que vaya feliz por las nubes, pero reconoce que no tiene ningún problema, de hecho ha tenido que tranquilizar a alguien que va más nervioso.

Se define como abuelo mochilero. Cumple las dos condiciones. La de mochilero, además, en el sentido literal y espiritual. «Yo soy muy aficionado a la fotografía y puedo andar con una mochila considerable. A veces son 20 kilos a las espaldas pateando por la ciudad que toque», explica Fernando. Pero lo de mochilero también lo siente. «Me gusta andar libremente, perderme por las ciudades, renunciar un poquito al confort, me interesa más empaparme del sitio que la comodidad de un hotel», apunta.

Es de sumergirse en las ciudades, llegue a la hora que llegue le gusta pisar asfalto para establecer una primera toma de contacto. No planifica en exceso sus salidas, lleva un plan de viaje mínimo, prefiere dejarse llevar, y descubrir sobre la marcha. «Casi siempre viajo solo, e indudablemente conoces a mucha más gente, porque cuando vas con alguien, el círculo se ciñe a ti y a tu acompañante, pero solo te ves forzado, y a mí es que también me gusta contactar con la gente del lugar», explica Fernando. A Islandia se atrevió a ir de cámping, pero el resto de los destinos suele optar por alojamientos locales, ya que así los anfitriones le ayudan a moverse y a conocer gente. «Me queda esta información mucho más que la de las guías, que también ayudan, pero la de la gente siempre es mucho más interesante y más auténtica», apunta.

DESTINOS PENDIENTES

Es un apasionado de la fotografía, pero no le van mucho los «autorretratos» así que es difícil verlo en alguna de sus instantáneas. Sin embargo, alguno tiene, porque siempre hay alguien que lo ve solo y se presta a hacerle una foto, y por no decir que no, se coloca delante del objetivo. «Tengo muchas ganas de visitar el norte de Noruega, el centro y el sur de África, Sudamérica, aunque ya estuve en México, pero me gustaría ir a Perú... Son tantos, ¡que no me va a dar tiempo! A ver, va uno teniendo limitaciones, de momento no, pero soy consciente de que físicamente no está uno...», dice Fernando, que confiesa que a veces se resiente al final del día de la espalda. Son muchas horas de pie y además, «tiene un problema», que le gusta aprovechar un poquito de la noche, y como hay que madrugar toca dormir poco. Que aproveche estos días antes de volar hacia Marruecos.

«He estado en más de 50 países»

Eva Martínez es una mujer entusiasta, vital e imparable. Tiene tanta energía que es imposible seguirla, aunque haya cumplido los 65. «Acabo de llegar de Rumanía y la semana que viene me voy a Marruecos y después a Portugal; me encantó Rumanía, me sorprendió mucho sobre todo cómo conservan sus pueblos, nada que ver con lo que se hace por aquí». Eva trabajó de enfermera, pero ahora tiene casi todo el tiempo a su disposición, aunque se dedica al cuidado también de sus padres. «Yo no tengo marido, ni hijos ni he tenido nietos, pero podríamos decir que mis nietos son mis viajes, en ellos me he gastado la herencia», bromea. O no tanto, porque esta viguesa ha recorrido el mundo entero. «He hecho más de cincuenta viajes, África me enamoró, la he recorrido varias veces (Kenia, Tanzania, Sudáfrica...), pero también La India, fui hace tres años y sé que voy a volver, es una maravilla». Entre sus preferidos también está Chile, recorrió el estrecho de Magallanes y estuvo también en el desierto de Atacama. ¿Tú te dejarás una pasta en cada uno de ellos?, le pregunto y la indiscreción tiene respuesta: «El más caro fueron unos 5.000 o 5.500 euros, fue el de Chile, pero bueno, ahí me eché 15 días, llevaba todo incluido, unas cenas espectaculares, vinos buenos...». Eva no se considera una viajera mochilera, pero le gusta adentrarse y empaparse de la realidad del país, conocerlo en profundidad, aunque vaya alternando en sus predilecciones. «Cuando trabajaba hacía 4 viajes al año, dos fuera de Europa y dos en Europa, ahora según me va apeteciendo», me explica para relatar que sigue vinculada a Viajeros Solitarios, con los que hace sus escapadas. «El siguiente viaje lo haré con una chica que no conozco ?apunta?, así comparto el gasto de la habitación, pero me gusta estar con el grupo, de ese modo hago amistades y tengo con quien compartir luego las anécdotas cuando vengo de vuelta». Eva no pierde el entusiasmo ni cuando se ve obligada a despedirse de un país: «A ver cómo te lo digo, los viajes me han dado la vida».

«Los viajes y los nietos se concilian bien»

Dice que viajar todo lo cura, y lo pone a prueba dos veces al año, en los dos viajes que le regalan sus hijas. Mari Carmen Cabanas tiene cuatro, que la han hecho abuela ¡siete vece! «Mis hijas y mis yernos son estupendos. Yo tengo mucha suerte. Los viajes valen más que las cosas. A los míos me gustaría dejarles, más que cosas, recuerdos, vivencias», afirma esta coruñesa de 64 años que vive con una mochila de viajes y buen rollo a la espalda, mirada al frente, y pelea entre otras cosas para sacar adelante una proposición no de ley en el Parlamento gallego para potenciar la visibilización e investigación de la fibromialgia. Abuela mochilera a mucha honra, con gusto por descubrir joyas naturales, Mari Carmen adora Centroeuropa, es una enamorada de la Selva Negra, y tiene en mente su próximo destino: «Annecy, la pequeña Venecia». Hoy lanza a la Fuente del Deseo, su lugar favorito en A Coruña, una moneda que es una chispa al tocar el agua. «Esta es una fuente que trajeron de París hace más de 120 años», dice esta joven abuela con historia que se documenta para cada escapada, que suele hacer con su marido. «Él se deja guiar», valora. Vivió seis años en Ceuta. «Destinaron allí a mi marido, Antonio, a un cuartel, y yo pedí una plaza. ¡Y la conseguí», cuenta esta enfermera militar que dice que viajar bien no es sinónimo de resort cinco estrellas. «Me gustan las zonas de montaña. Y me gusta hacer mi circuito, no ir a los sitios típicos».

Ella nos recomienda Hallstatt, «uno de los diez pueblos más bonitos del mundo», y sigue en casi todos sus viajes los pasos de Elisabeth de Baviera. «La seguí en Höfen, en Hungría... Iré por ella a Ginebra. Le sigo la pista», revela. ¿Por qué? «Porque es una mujer que nació en una época que no le correspondía, como yo». Mari Carmen se siente muy del 2000 y asegura que es posible conciliar viajes y nietos. «¡Se concilian muy bien! Me gusta llevarme de viaje algo mío... Me encantaría poder hacer un viaje todos juntos, yo con mis cuatro hijas y mis siete nietos». Pues echamos otra moneda a la Fuente del Deseo.

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