Los chiringuitos Michelin

SI NO FUERA porque no tienen puerta de entrada y las servilletas son de papel estos restaurantes podrían formar parte de la guía Michelin. No tienen estrella pero sí mucha magia. Porque no solo venden helados y latas de refrescos, también se lo guisan muy bien. Vamos a probar a qué saben.

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A. LÓPEZ PENIDE PATRICIA GARCÍA

Tener arenas en los pies o llevar gorra y gafas no implica que el menú tenga que pasar por un bocata sobre la toalla o unos calamares congelados bañados en aceite. Una jornada de playa puede incluir una parada para comer un exquisito arroz de marisco, pescado fresco o una ensalada con productos de la huerta. Ya quisieran muchos restaurantes estar a la altura de estos chiringuitos.

CON LA MAGIA DE PONIENTE

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Es A Illa territorio propicio para los chiringuitos. Pero casi todos se orientan al naciente, en las zonas de O Bao y Carreirón. Lo que Alberto y Víctor Vidal buscaban para su propuesta era aprovechar el siempre seductor poniente y ese lujo que son sus atardeceres. Ambos se conjugan en Area de Secada, un idílico arenal de aguas turquesas, con bandera azul, abrigado del norte por majestuosos cons de granito y sombreado por un genuino pinar de litoral. En él pusieron hace un año su mirada y meses después las primeras tablas. Levantar Nautilus, con escrupuloso respeto a la naturaleza, resultó casi un trabajo de orfebre. Terrazas a diversos niveles, una carpa labrada por un carpintero de Ribeira y vigas de batea a modo de muros de contención. El esfuerzo mereció la pena y hoy el chiringuito, inaugurado en junio de este año, se abre al mar de Arousa como un privilegiado balcón que se tiñe de increíbles tonos en cada solpor.

Pero para el Nautilus el mar no es solo su decorado, sino que forma parte de su propia esencia. Y, cómo no, de la de su cocina. «Hai unha conexión directa co produto fresco que nos chega do mar todos os días», comentan. Lo atestigua la pizarra en la que resumen su oferta. Zamburiñas, navajas, almejas, mejillones y berberechos, a los que, dependiendo del día o bien por encargo, se puede sumar algún otro marisco. «A aposta é radical polo produto de aquí. De feito, nin sequera servimos ameixa xapónica. Ou é roxa ou é babosa», inciden. Pero su plato estrella es el arroz de marisco. Con navajas, choco, gambas, almejas y mejillones. Empezaron cocinándolo en pequeñas paellas, pero los dos fogones de la pequeña cocina no daban abasto. Ahora ya tienen una para 50 raciones que preparan en el exterior y nos muestran en la portada. Y aun así, reconocen que en ocasiones se les queda escasa.

Además de como chiringo de playa, el Nautilus se propone también como terraza ideal para combinados o para primera copa tras la puesta de sol, a la que ponen banda sonora las sesiones de Dj’s los jueves y findes a partir de las ocho de la tarde.

ALEGRÍA EN A LANZADA

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Nos vamos a otro local que es toda una institución en A Lanzada. A fin de cuentas Elisardo Vidal Sampedro (74 años) lleva más de cuarenta años gestionando chiringuitos en este emblemático entorno. Empezó con uno próximo a la escultura del Cormorán, pero desde hace diecinueve años gestiona el Kiosco Alegre, un apodo por el que ya se conocía a su bisabuelo. El suyo no es un chiringuito al uso, ya que Elisardo no duda en desplazarse diariamente a carnicerías, mercados y lonjas para hacerse con el mejor producto. De hecho, no duda en precisar que hay días en los que viaja hasta A Coruña para comprar la sardina que mejor se adapte a sus necesidades. «No te compensa mucho -reconocía hace algunos meses aludiendo al margen económico que podría obtener-, pero detrás de la sardina van el vino y otros productos». A sus 75 años, confiesa que lo suyo más que amor al trabajo, es una afición que le lleva cada verano a darse de alta en la Seguridad Social tres meses para ponerse a las brasas, ya sea para unas sardinas o un churrasco. Es el propio Elisardo quien revela su secreto: «El tomate nuestro, los pimientos, las patatas y parte de las cosas que ofrezco son de casa y por eso tengo los precios que tengo. Todo lo que doy es fresco», incide quien aprendió a cocinar siendo mayordomo en barcos mercantes.

Y si la cocina es uno de los puntos fuertes del Kiosco Alegre, el otro son las espectaculares vistas que ofrece. Ubicado sobre la playa de Areas Gordas, su terraza ofrece una imagen completa de A Lanzada, así como permite otear en el horizonte en la ermita. Además, si uno opta por acudir a última hora de la tarde disfrutará de un atardecer inolvidable, mientras se degusta una consumición. Eso sí, olvídese de reservar. Elisardo remarca que no acepta reservas de ningún tipo. Así que, o uno madruga, o le toca esperar, consciente, eso sí, de que la cocina cierra normalmente a las diez y media de la noche para que sus empleados puedan descansar.

EL CHILL OUT DE BALARÉS

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En medio de un entorno natural privilegiado como es la playa de Balarés, en Ponteceso, se encuentra el Chiringuito de Balarés. Fue en la pasada Semana Santa cuando Ana Sousa (Zas, 1981), que regenta un bar de tapas en el centro de Ponteceso, se lanzó a alquilar este bar-restaurante. Y de un negocio al otro se llevó la fama. «Aquí triunfan as luras, as tortillas, o polbo, as zamburiñas... todo en plan racións, porque é o que máis lles apetece ao estar na praia. Despois, por encarga, piden arroz con lumbrigante, paella...», apunta. Sonia Martín, clienta habitual de Cabana de Bergantiños que sale en la foto de la página anterior con pareo amarillo y acompañada de sus hermanos y amigos, lo confirma: «Siempre que vengo picoteo un poco de todo, como por ejemplo empanada y raxo, para luego seguir en la arena. Eso es lo que mola. Me hablaron muy bien de la paella. Será lo próximo que pida». Y es que Ana defiende a capa y espada el nombre de su local: «Sempre tiven claro que quería que a xente trouxera a praia para a terraza. De aí o nome de chiringuito en vez de restaurante», comenta.

Abren a las 11 de la mañana y ya están a tope. La multitud de gente continúa por la tarde, y no es hasta la noche cuando el ambiente se relaja. Y es que lo que ha provocado la apertura de este local no se lo cree ni la dueña: «Si que é certo que moita máis xente vén ata a praia ao saber que estamos aquí», apunta. Además de la buena fama de la cocina, la extensa terraza que Ana creó con amor y color despierta pasiones: «Crean muy buen rollo con la música en la terraza tan mona que tienen tipo chill out, que te obliga a tomar algo sí o sí. A mis amigos italianos les fascinó el lugar por el entorno natural que lo rodea y por el hecho de que puedas acabar la tarde tomando algo, ya sea un café, un refresco o una copa», explica Sonia. El próximo verano habrá otros servicios a mayores: «Un posto de caipirinhas, outro de venda de pan e un asador de polos; cousas que a xente demanda moito», cuenta la propietaria. Y durante el invierno, la apuesta serán «as ceas baile». Tiene claro que ha llegado a la playa para quedarse por mucho tiempo.

TATAKI EN LA ESPINA

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Seguimos la ruta y llegamos a un chiringuito que tira un poco del sur para degustar el norte. Inspirado en los chiringuitos de Tarifa, La Espina conquista estómagos en la ría de Betanzos, a pie de playa en Gandarío. Aquí puedes sentarte a la mesa con los pies llenos de arena, y las gotas de salitre todavía recorriéndote el cuerpo, y zamparte un tataki de atún rojo certificado por Balfego sin despeinarte. Porque si hay algo que recuerda que estamos de vacaciones es comer (y bien) en bañador y chancletas. «El atún es uno de los platos que mejor salen», explica Óscar Ríos, el jefe de cocina. Vistas al mar, una zona de chill out para relajarte en la sobremesa, una vajilla muy cuqui y conciertos al aire libre por la noche. Para plantar la sombrilla y no moverte de aquí en lo que queda de agosto. Y de paso, disfrutar de su cocina. «Estamos abiertos durante todo el año, aunque solo los fines de semana hasta que empieza la temporada de verano. Viene mucha 

gente de la playa, pero también hay otros que no bajan a la arena y quieren comer con estas vistas», apunta Antonio Rey, el responsable de La Espina. A Gandarío se viene a tomar el sol y a comer de cuchillo y tenedor. Así que aquí van más sugerencias para un menú de chiringuito de cinco estrellas: «Un plato que gusta mucho es la ensalada de tomate ecológico. La preparamos con tomate de Santiago que cultivan en la zona, cebolla morada, un parmesano gallego y un chimichurri casero», apunta Óscar. Para los que quieren innovar, en su carta hay platos como los carneiros de mar, «a medio camino entre el berberecho, la ostra y la almeja que se está poniendo muy de moda», o requesón de Monfero. «Intentamos trabajar con productos cercanos, de aquí, pero dándoles una vuelta», cuenta Fernando. ¿Y que sería de un verano sin una tapita de ensaladilla cuando entra el hambre a última hora de la tarde? «También la tenemos y a la gente le encanta», asegura Fernando. Para bajar la enchenta, los más atrevidos pueden apuntarse a algunas de las actividades acuáticas que también ofrecen en este local. Pero aún no hagas la digestión, que hay más.

LOS PINARES, A LA ÚLTIMA

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El chiringuito es un factor importante a la hora de elegir playa para la familia Flores Lodeiro. Aquí los tenemos, posando sobre estas líneas y sentados en una de las hamacas del chiringuito Los Pinares de la playa de A Magdalena, en Cabanas, con un menú que ya quisieran muchos. «A veces venimos a esta playa porque nos encanta este chiringuito. Es muy cómodo y está a la última», comenta Leire, que posa con su marido, Eduardo, y sus sus hijos Nico y Maia. Ellos tienen algo de culpa en esto de venir hasta Cabanas. «Son muy buenos comedores, pero en el chiringuito conquistan a los niños, porque después de comer les dan golosinas, chupa chups... Maia ya le llama ‘la playa de José Manuel’, que es el dueño», cuenta su madre entre risas. El hecho de que Eduardo sea intolerante al gluten también les lleva a este local, el único de la zona avalado por la Asociación de Celíacos de Galicia. Por tener, tienen hasta platos para vegetarianos y veganos, además de cartas en diferentes idiomas, incluyendo el braille y el formato audio.

Aunque esta familia llegó un poco tarde para comer, porque ya eran las tres de la tarde, aquí siempre tienen salida para todo. «Nos dieron un busca para avisarnos cuando quedase un hueco libre, así que nos fuimos al agua y a la vuelta ya nos llamaron», comenta Leire, que dice que en la hamaca estuvieron de vicio: «Como las mesas, las hamacas tienen su propio llamador. Pulsas y no hace ruido, pero ellos lo saben y viene un camarero instantáneamente». Esta familia se pirra por las navajas y las zamburiñas, especialidades de Los Pinares. También por la ensalada y el raxo lugués que salen en la foto, pero hay más platos obligados. «La paella cabanesa, que es un arroz caldoso con berberechos, y la tortilla de huevos ecológicos son muy conocidas», señala el propietario, José Manuel Saavedra, que indica que cuenta con el sello Mar Galaica Km 0 por utilizar pescados y mariscos de lonja local capturados artesanalmente. La tecnología y el despliegue de medios son marca de la casa. Dieciocho personas en plantilla, ?seis de ellas cocinando?, comanderos electrónicos, pantallas táctiles en cocina y los walkie-talkies con pinganillo para comunicarse entre sí son solo algunas de las herramientas con las que cuentan para dar un servicio ultrarrápido. «Un domingo fuerte damos más de 400 comidas y servimos unas 600 cañas [que salen a -2,5 ºC del tirador gracias a los dos grupos de frío que tienen exclusivamente para ello]». A estas alturas, estamos en condiciones de afirmar que aquí lo de ir a playa es lo de menos.

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