Esto sí que es una merienda

¿QUIÉN DIJO BOCATA? La merienda se nos ha puesto fina. De la «red velvet» nos vamos al «cake pop» o al «macaron», aunque sin hacerle un feo al bizcocho de toda la vida. Ha nacido una tendencia... para chuparse los dedos.

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MARÍA GARRIDO

Merendar ya no es solo cosa de niños. El banquete de media tarde es toda una tendencia que ha llegado a Galicia con una oferta que promete dejarte sin ganas de cenar. Dulce, salado y muy internacional es el menú que vamos a probar de Norte a Sur a través de una apuesta que se ha refinado. Empezamos por una tipo bacanal. No te asustes, que aquí lo único que se comen es este pedazo de banquete de la foto. Entramos en La Postrería de A Coruña, un local de revista. Y de chuparse los dedos.

UNA EXPLOSIÓN DE SABORES

El tremendo bodegón está compuesto por dos partes. «Una de postres que son emplatados al momento y otra de merienda y producto delicatesen que también se puede encargar para casa», cuenta el propietario del local, Rubén Romero. Si uno se zambulle en él se encuentra con una pantera rosa reversionada con chocolate blanco, una carrot cake tradicional y postres de autor, como la bola de chocolate revestida de pan de oro comestible. Todo ello regado con un té marroquí servido con menta fresca y en las jarritas típicas de Marruecos. «Ofrecemos el afternoon tea, como hacen en sitios tan especiales como el Ritz o el Palace», dice Rubén.

Bombones, chocolates y trufas componen el punto más dulce de esta merienda, que también cuenta con macarons, su conocido croissant «con mantequilla auténtica bretona francesa» y una estación con postrecitos que incluye también una versión del Phoskito de toda la vida, «con bizcocho de almendra relleno de dulce de leche y bañado en chocolate con Peta-Zetas que explotan en la boca», detalla el dueño. Esos chupas de colores que aparecen en la izquierda son cake pops, bizcocho bañado en chocolate. No faltan tampoco las galletas de cacahuete con sésamo y jengibre, ni las cookies de azúcar moreno con nueces y chocolate amargo. Esto no es todo lo que tienen, pero sí una buena muestra. Doce años de trayectoria avalan a La Postrería, que sueña con convertirse en un clásico. Un rincón de lujo con un marcado concepto british de tarde que ya ocupó unas cuantas páginas en las revistas más prestigiosas de moda por su cuidada decoración.

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UN PATIO MUY DULCE

De lo más sofisticado nos vamos a la bica, a los brownies, al chocolate con nueces y a las galletas, parando en las «red velvets»... Pontevedra tiene eso y mucho más en El Patio, un local que, como su propio nombre indica, tiene un patio interior en el que muchos se pegan unas meriendas de aúpa. A punto de cumplir su primer aniversario, su propietario, Alberto, dice que los niños y sus familias son su clientela principal. Tanto es así que ofrecen menús infantiles. «Tenemos a Peppa, por Peppa Pig, que incluye una pulga de jamón o queso filadelfia, agua o zumo; después está Bob, por Bob Esponja, que tiene bizcocho, bica o brownie con zumo o colacao; y, por último, el más tropical, el de los Fruitis, compuesto por macedonia, cookies y bebida. El que más triunfa es el Bob, por el bizcocho y el brownie. A los niños les encanta el chocolate», cuenta Alberto, que añade que los adultos tienen también su propia línea de dulces, cafés y chocolates, además de conservas «como algas, sardinitas o boquerones...», detalla. La suya es una línea que apuesta más por lo tradicional, pero a la vista está que lo de casa no pasa de moda. Otra de las claves de su éxito es su espacio infantil. «Hasta les ponemos karaoke para que se sientan como estrellas», dice presumiendo de una merienda tan sabrosa como marchosa. De aquí nos vamos a pasar una tarde inglesa en pleno Santiago.

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TARTA Y VAJILLA INGLESA

Con el Airas Nunes y algún otro local que abrió a principios de los 90 los compostelanos redescubrieron el placer de disfrutar del casco histórico, con propuestas que iban más allá de los clásicos como el Derby, el Casino o las tascas del Franco, que todavía esparcían serrín por el suelo. El ambiente cálido, el poso cultural y el aire de café europeo que le dieron los Freire Chico fue un acierto desde el primer día, y la tarta de chocolate para las tardes hizo el resto. El Airas es la semilla de un negocio familiar que creció y se orientó hacia el cátering, pero mantiene la misma esencia que cuando puso sus primeros cafés hace casi 25 años. «Intentamos manter o estilo dos cafés que toman o pulso á cidade, puntos de encontro dos veciños, como ocorre en Portugal e noutros países», explica Xavier Freire, empresario fundador que ahora ha confiado la gerencia a los hermanos Penedo García. Con la última reforma, el patio interior de esta casa histórica se ha convertido en un gran salón con sillones por el que desfilan las tartas que preparan y que duran muy poco tiempo en las atractivas vitrinas, imposibles de ignorar a la hora de la merienda. Las de chocolate son mayoría, y el número expuesto ya da una pista de su éxito: «Saen dez ou doce por día», calcula Xavier. Las variedades se multiplican, y a medida que avanza la tarde van desapareciendo: queso fresco, café, mousse de chocolate, zanahoria... Y todo servido con las infusiones en la Churchill, el modelo de vajilla inglesa que acompaña a los clientes desde el primer día. La presencia de turistas es inevitable, porque se encuentra a menos de cien metros de la Catedral y está rodeado por hotelitos con encanto, pero por las tardes siguen entrando habituales de la «prodixiosa década dos 90», como denomina Freire a los años más locos de la ciudad.

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LO DULCE ES NATURAL

De tarta en tarta seguimos en esta ruta tan dulce hasta Vigo. Aunque se formó como educadora social y pedagoga, Sara Pequeño es repostera por convicción. La tiene y le sobra tanta que hasta le dio para contagiar a Arturo Martínez de su pasión por los dulces. Ella empezó haciendo tartas en casa y no paró hasta que logró abrir un negocio dedicado a lo que tanto le gustaba, aprovechando un momento en que se había quedado sin trabajo. Ocurrió en junio del año pasado y lleva el nombre de la canción de El graduado: Ms. Robinson. No fue fácil. Sara estuvo más de dos años buscando local y armando el proyecto. Por el camino se llevó al que le ayudaba a encontrar un sitio idóneo. «Me lo presentó mi tío y pasamos tantas horas con el tema que me dijo que él quería participar. Le enseñé yo a hacer tartas», cuenta de su socio, que tiene un estudio de arquitectura y sigue compaginándolo con su nueva vocación. La esencia de Ms. Robinson se basa en recetas de repostería europea y americana adaptadas al paladar gallego, «para que no sean muy dulzonas o muy ácidas, que suele pasar» y echan mano de los productos frescos, de forma que las frutas de temporada se incorporan a las propuestas acompañadas de buen café y variedad de tés. Si a eso le añades calidad en el producto, como un buen chocolate o una buena mantequilla, y tratas de restarle colorantes y potenciadores, el resultado es un espacio donde tomar una merienda rica, rica. Además, les gusta mucho variar y que cada semana haya cosas nuevas en la vitrina, aunque hay clásicos, como la tarta de zanahoria, que procuran tener siempre. Otra particularidad del local es que al estar en el urban market Progreso 41, el cliente puede sentarse donde quiera, en sofás y rincones repartidos por todo el espacio, hasta repantingarse como en casa con una tarta y un café en la mano. ¿Quién mejora el plan?

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