BEGOÑA R. SOTELINO CRÍTICA
03 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.«Me voy a casa a hacer abdominales», dice una treintañera al observar de cerca las esculpidas figuras de las cuarentonas Azúcar Moreno en el escenario de Castrelos. Síndrome Predepresión a lo Bridget Jones. Niñas bailando en primerísima fila, madres, padres, hijos, payos, gitanos, hombres y mujeres, seducidos por el ritmo, pero sobre todo, por la sensualidad que derrochan las hermanas de los Chunguitos, disfrutaron del hasta ahora más festivo concierto de las Fiestas de Vigo, junto al del Carlinhos Brown. Con mucho ambiente, como lo tuvieron en su día Mónica Naranjo y El Chaval de la Peca. Con mucho fan entendido. Y sin prejuicios. Que a uno/a le puede gustar escuchar a Keith Jarret en unos momentos y bailar Sólo se vive una vez en otros sin tener que esconder el CD de las hermanas Salazar en el fondo del armario. La Antonia y la Encarna le suben la temperatura hasta al Yeti. Rompen termómetros cuando se mueven. Y su música, que impide a la audiencia la inmovilidad, hace sentir el absurdo de un espectáculo sembrado de sillas. Salieron a arrasar, desatadas y encantadas, sin concesiones para las lentas a excepción de su versión del Hoy tengo ganas de tí. A los cinco minutos ya estaban cantando Bandido. Se comieron al público. El público se las quería comer. Se cambiaron de ropa. Primero se vistieron de flamencas y alardearon de raíces gitanas. Después, de pantalones de cebraleona y tops a largos trajes de noche enseñando pierna. Bailaron pegadas, pero no bailaron solas. Son Antonia y Encarna. No Sergio Dalma. Ni Marta y Marilia. Azúcar Moreno son la encarnación del lolailo moderno. Su «pecado capital», a parte de la lujuria que puede que les sea ajena, no es la soberbia. Puede que sea la pereza. Se cansaron pronto. El concierto fue intenso, pero sólo regalaron un bis. En Japón flipan con las Azúcar Moreno. No es de extrañar. El exotismo a la inversa funciona. En Galicia también. Sabiduría popular. redac.vigo@lavoz.com