El desplome de «Gran Hermano 20»: por qué el «reality» estrella de Telecinco ha tocado fondo
TELEVISIÓN
La crisis de Mediaset, la saturación de programas de telerrealidad y el propio desgaste del formato ha provocado el final prematuro de la edición
18 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.España tiene el dudoso honor de ser, de largo, el país con más ediciones de Gran hermano a sus espaldas. En sus 25 años de historia, el formato ha sumado veinte temporadas de anónimos, ocho de famosos, un puñado de especiales e incluso sucedáneos con distinto nombre para esquivar sus momentos más delicados. Pero ni siquiera el grave incidente de abuso sexual que acabó temporalmente con el formato parecía ser capaz de rematar del todo al aparentemente incombustible reality, que regresó con éxito de audiencia e impacto en las redes sociales en el 2024.
En cambio, solo un año después, con una 20.ª edición anunciada a bombo y platillo que prometía celebrar la efeméride por todo lo alto, la situación ha dado un giro radical. Mediaset se ha visto obligada a darle carpetazo de forma prematura, tras solo mes y medio de emisión, ante sus paupérrimos datos. Un varapalo devastador para la cadena, que, tras la emisión del último Supervivientes, había visto en los reality shows su única tabla de salvación segura.
El concurso de telerrealidad por excelencia ha tocado fondo en un momento en el que, paradójicamente, su heredero extremo en YouTube, el controvertido La casa de los gemelos, acapara el tema de conversación y triunfa con medio millón de espectadores durante las 24 horas del día.
Los síntomas no apuntan, por tanto, a una defunción del reality como género, a pesar del desgaste que viven tanto este formato como el recién terminado OT 2025. El fracaso de la vigésima edición del concurso parece responder, más bien, a una desafortunada conjunción de factores. Empezando por la propia situación de Mediaset en su conjunto. «Lleva arrastrando una audiencia pobre en sus distintos formatos y contenidos en los últimos dos años, y Gran hermano no ha sido una excepción», diagnostica José Antonio Cortés Quesada, experto en audiencia televisiva de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que añade que, desde la cancelación de Sálvame, que actuaba como eje vertebrador de casi toda la programación, el canal no ha sido capaz de renovarse eficientemente para encontrar una alternativa definitiva con la que sintonizar con su público potencial.
Otro factor clave ha sido la saturación del espectador, provocada por el intento de Mediaset de replicar hasta el exceso la fórmula del último Supervivientes, que consiguió amortiguar los malos datos de Telecinco en la pasada primavera. Para ello, puso toda la carne en el asador, haciendo coincidir el estreno de Gran hermano 20 con la nueva edición de La isla de las tentaciones, que multiplicó sus emisiones con tres espacios los lunes, martes y miércoles. «La isla es el gran reality de gente anónima de Mediaset en estos momentos», valora Quesada, que cree que el concurso de convivencia quedó eclipsado por la estrella de la cadena.
Al contrario que en la edición pasada, donde Mediaset dejó a Gran Hermano su espacio exclusivo —esperando a su finalización para lanzar la temporada previa de La isla de las tentaciones—, esta vez el concurso tuvo además la competencia de otro programa con seguimiento de la convivencia en directo, Operación Triunfo 2025, que ya llevaba un mes en marcha, con sus tramas dominando la conversación en redes, cuando los concursantes entraron en la casa de Tres Cantos. Una coincidencia de varios formatos que requieren un intenso seguimiento diario que lastró notablemente el rendimiento de Gran hermano. «Muchas veces, el espectador necesita desconectar y busca contenidos más laxos, donde no haya que engancharse a la trama», reflexiona el experto en audiencias.
A todo eso se suma la propia pérdida de frescura inherente a sus 25 años de historia, con personajes cada vez menos sorprendentes y dinámicas idénticas a las de años anteriores. «Por eso La casa de los gemelos ha funcionado, porque rozan lo que no es correcto, lo que la televisión no permite, ofrecen cosas inesperadas que el espectador sabe que no va a encontrar en otro sitio», añade Quesada, que cree que este tipo de concursos han demostrado que funcionan cada vez mejor en ecosistemas digitales, mientras muestran signos de desgaste en la televisión lineal.
La de este último Gran hermano es solo la culminación de una serie de crisis encadenadas del reality en los últimos años, aunque está por ver si supondrá su fin. «Se rumorea que en enero quieren volver a abrir la casa, esta vez con famosos; ahí podremos ver si el formato está agotado», concluye Quesada sobre su incierto futuro.