«La casa de los gemelos», el concurso «trash» sin normas que ha encontrado su límite

P. V. REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

La «drag queen» Cherilyn Divine, concursante de «La casa de los gemelos».
La «drag queen» Cherilyn Divine, concursante de «La casa de los gemelos». YOUTUBE: ZONAGEMELOS

Los organizadores han expulsado fulminantemente a José Labrador por su «actitud homófoba y tránsfoba»

16 dic 2025 . Actualizado a las 08:25 h.

La humillación ajena convertida en negocio. Esa es la base del trash stream, la tendencia en internet que el pasado mes de agosto saltó al debate público tras la muerte en pleno directo del creador de contenido francés Jean Pormanove y que ahora sustenta parte del éxito del gran fenómeno del momento en España, La casa de los gemelos. Más de medio millón de personas conectadas las 24 horas del día siguen en YouTube el controvertido reality show mientras su contraparte en la televisión lineal, Gran Hermano, languidece a unos días de su final prematuro.

La dinámica es semejante al concurso de Telecinco, aunque se diferencia en el perfil mucho más extremo de los concursantes y en una mayor laxitud en los límites a los que los habitantes de la casa pueden llegar en sus problemas de convivencia, con comportamientos en ocasiones violentos.

El concurso producido por dos hermanos de Getafe, Daniel y Carlos Ramos, responsables del canal Zona Gemelos, responde a muchas de las pautas que definen a las retransmisiones basura, en las que los participantes se someten a actos degradantes, vejatorios y humillantes a cambio de ingresos económicos o del reconocimiento en redes.

«Se genera una espiral en la que hay que cruzar cada vez más límites, ofrecer algo más en el siguiente vídeo o conexión, aumentando los actos destructivos o denigrantes», explica Silvia Martínez, profesora de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «Cada vez que la audiencia paga o reacciona, el cerebro recibe un chute de dopamina y aprende que exponerse y degradarse funciona para obtener recompensa positiva rápida», añade el neuropsicólogo Juan Luis García como explicación para la actitud de los afectados. «Prima el ‘‘¿qué me da ahora la audiencia?’’ frente al ‘‘¿qué me está pasando como persona?’’», reflexiona.

La audiencia, por su parte, ve el atractivo de estas propuestas en «una mezcla de emociones intensas —morbo, tensión, sorpresa— y la interacción en tiempo real activa el mismo circuito de recompensa cerebral que otras adicciones», indica García. El anonimato en redes propicia, además, una sensación de impunidad. «El entorno virtual contribuye a una mayor falta de empatía, sensación de irrealidad y distanciamiento emocional que se ven impulsados por comentarios, memes o reacciones del público que minimizan la gravedad de los actos», apunta Martínez.

Un caso conocido en España fue el de Silvia Charro y a Simón Pérez, un dúo que se hizo conocido en el 2017 por un vídeo viral sobre hipotecas fijas que les valió perder sus puestos de trabajo. Como alternativa, y aprovechando su popularidad en redes, decidieron iniciar una carrera en el mundo de las retransmisiones en directo en los que comenzaron a aceptar cada vez más someterse a degradaciones a cambio de dinero.

Tras muchas idas y venidas, la muerte del francés Pormanove, tras 12 días de retransmisión en directo donde estuvo sometido por sus compañeros de transmisión a humillaciones y abusos, provocó que la plataforma Kick endureciese sus normas y cancelase el canal de la pareja española. «Aunque los suspendan, esto no impide que creadores y seguidores busquen otras plataformas donde relacionarse», lamenta Martínez, para reflexionar sobre la necesidad de establecer unas normas que ya llegan tarde.

El límite de los gemelos

Aunque surgió como un heredero natural del trash stream al que añadieron la dinámica de un concurso de telerrealidad, La casa de los gemelos ha demostrado que sí tiene límites. Los responsables del concurso lo han dejado muy claro con la expulsión fulminante de Labrador, exparticipante de Gandía Shore, por su «actitud completamente homófoba y tránsfoba» desde la llegada a la casa de la drag queen malagueña Cherilyn Divine que desembocó en una agresión física.

«Nos caracterizamos por no tener censura, por no tener guiones», aseguraron los hermanos Ramos, concediendo que permitían ciertas peleas porque sabían que había en ellas un punto cómico y una pizca de sobreactuación para favorecer al espectáculo. En el caso de Labrador, vieron justo lo contrario. «No es que estuviera actuando, es que de verdad tenía un odio real a una persona por su identidad», argumentaron, dejando claro que ahí marcaban una línea roja. «Tolerancia cero a esta gentuza», declararon los hermanos.