El pánico a perderse algo en redes sociales, un mal en aumento

Al menos un 13 % de la población padece este tipo de ansiedad

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Madrid / Colpisa

Primero fue Snapchat y, poco después, casi todas las redes sociales han ido detrás. La posibilidad de compartir una publicación, una imagen o un vídeo, que desaparece a las 24 horas de ser publicada fue la estrategia de Snapchat para atraer a los usuarios y, visto el éxito, Instagram, WhatsApp, Facebook la imitaron. Pero, ¿favorecen estas herramientas el síndrome FOMO (Fear Of Missing Out), la sensación de perderse algo? Este síndrome se describe como un tipo de ansiedad social, el deseo de estar continuamente conectados y sabiendo en todo momento lo que otros hacen, para no perder detalle.

Según la A&M Health Science Center College of Medicine de Texas, al menos un 13 % de la población estaría padeciendo este tipo de ansiedad social. En un estudio realizado entre jóvenes universitarios, el estudiante medio pasa de ocho a diez horas matando el tiempo con su smartphone, por lo que entre aquellos que experimentan este síndrome es frecuente que se receten antidepresivos.

Fernando Azor, psicólogo experto en este tipo de trastornos, considera que FOMO es en realidad la «necesidad de poner nombre a las cosas», aunque reconoce que sí que existe esta tendencia, favorecida por las redes sociales y los medios de comunicación social al permitir la publicación de información al instante. «Fomentan la sensación de no querer perderse lo que está pasando en directo, tanto de la actualidad como de amigos», asegura.

Sin embargo, Azor entiende que, aunque todos los humanos tengamos esa curiosidad innata por saber lo que está ocurriendo, no deberíamos considerarlo como un problema, salvo en aquellos casos en los que este síndrome, como otro cualquiera, se convierte en un problema, «cuando aparecen la dependencia y los efectos adversos que produce», señala. Azor considera que «estar informado está bien, pero si se dejan de hacer otras cosas por estar pendientes de qué pasa, si se tiene esa necesidad, se puede volver algo peligroso».

El psicólogo apunta que se pueden ver extremos y diferentes grados en esta situación. En cualquier caso, este síndrome es exclusivo de las nuevas tecnologías, porque «la información es siempre más accesible y queremos saber qué está ocurriendo». Pero de ahí a que sean las propias redes sociales las que fomenten este tipo de actitudes, haciendo uso de estrategias de márketing neuronal, hay un gran salto. «Las aplicaciones están hechas para que sean fáciles de usar», asegura este experto. «Esa usabilidad puede tener su parte inversa y que enganchen, pero padecer este tipo de síndromes tienen más que ver con las características personales de cada persona y el momento puntual», añade.

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