Consumo ratifica que la versión «veggie» del pescado no tiene sus propiedades
SOMOS MAR
Los remedos tienen más calorías, azúcar y grasa que la proteína acuática
08 feb 2026 . Actualizado a las 04:45 h.Hace como año y medio, Anfaco, la asociación de empresas conserveras y la industria de transformación de pescados y mariscos, con otras patronales de la industria cárnica y avícola, hartas de que productos elaborados con soja, chícharos, habas y otros vegetales se disfrazasen de proteína animal, exigieron que se llamase a cada cosa por su nombre #Cadacosaporsunombre, fue su hastag. Porque por mucho que un altramuz gelificado o un guisante emulsionado se haga llamar —e incluso rotular— hamburguesa de atún o filete de merluza, lo cierto es que no dejan de ser un chícharo o un lupino (como también se conoce al altramuz); esto es, legumbres que tienen sus propiedades nutritivas, pero no las de aquello a lo que pretende imitar y lo único que se consigue es generar confusión en el consumidor, al entender de aquellas industrias.
Por eso Anfaco, Anice, Avianza y Cedecarne pidieron en su día a la Agencia Española de Seguridad y Nutrición (Aesan) que abordase un estudio sobre los denominados productos plant-based o elaborado en base vegetal, tan en boga de un tiempo a esta parte. La Aesan recogió el guante y ahora acaba de lanzar ese informe sobre Alimentos y bebidas de base vegetal comercializados como alternativas de productos de origen animal en España. En él toma 577 productos que se presentan como alternativa vegetal a proteínas animales que había en el mercado a finales del 2022 (menos del 1 % de la cuota total), analiza su composición nutricional y compara su contenido energético y demás elementos (azúcares, grasas saturadas, sal y proteínas) con el perfil de los alimentos de origen animal.
Composición nutricional
Y aunque admite que el estudio tiene limitaciones, pues analiza los citados nutrientes y no otros como los hidratos de carbono, el yodo o la vitamina B12 —aparte de que tampoco se ha tenido en cuenta el grado de procesamiento—, lo cierto es que constata que no hay una equivalencia nutricional. Que no son sustitutivos. Que no es lo mismo una hamburguesa de pescado que una similar pero elaborada con legumbres. Tiene bastante menos calorías, azúcar, y grasas saturadas la hamburguesa de pescado de verdad que la de su versión veggie. Lo único en que supera a esta última es en sal y proteínas.
Y ya cuando se trata de preparados a base de soja (como el tofu o el tempeh) y o de gluten de trigo (como el seitán) que se utilizan en platos preparados sustituyendo a alimentos de origen animal, estos tienen muchas más calorías que el pescado preparado o congelado, muchísimos más azúcares y diferencias significativas en grasas saturadas, aunque las proteínas acuáticas tienen, eso sí, más sal que sus supuestos sustitutos vegetales.
Roberto Alonso, secretario general de Anfaco, celebra un estudio que interpreta como «un espaldarazo» a la tesis que mantenían las patronales: «Que no hay equivalencia nutricional entre los productos a base de proteína animal y los que pretenden sustituirlos porque no hay sustitución posible». De ahí que insistan en la necesidad de introducir normas de etiquetado para que quede bien caro al consumidor que no se trata de productos análogos y formar al consumidor.
En este sentido, el informe recoge que las «recomendaciones nutricionales de aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal y reducir los de origen animal debe interpretarse en el contexto de alimentos frescos, poco o nada procesados». Y añade que «la sustitución de grupos específicos de alimentos de origen animal por este tipo de alternativas, puede no suponer un dieta equivalente o mejorada como se pretende».
Los plant-based «no se consideran sustitutos de los alimentos vegetales frescos»
En su estudio, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición señala que en los últimos años se ha observado «un aumento en la producción y consumo de alimentos procesados de origen vegetal comercializados como alternativas de carne, pescado y lácteos», alimentos diseñados «para tener el aspecto, textura y sabor de la carne o los lácteos utilizando ingredientes como hortalizas, legumbres, cereales, frutos secos y semillas». Así, el informe recoge que un 4,1 % de los consumidores se considera vegetariano (incluye proteínas vegetales, y algunas de origen animal como huevos y lácteos), un 1,1 % se define vegano (solo consumen proteína vegetal) y un 11,1 % es flexitariano (reducido consumo de proteína animal».
En este contexto, la Aesan incide en su apuesta por una dieta variada y equilibrada en la que predominen alimentos de origen vegetal y una menor presencia de los de origen animal, pues «puede mejorar la salud y bienestar, a la vez que reducir el impacto medioambiental». La dieta tradicional mediterránea cumple esos requisitos, pues varios estudios demuestran que «es posible reducir emisiones sin excluir los productos de origen animal». Ahora bien, lo que se promueve es el «consumo de alimentos frescos, principalmente de origen vegetal poco procesados». Y «los alimentos altamente procesados de origen vegetal no se consideran sustitutos de alimentos vegetales frescos en el contexto de una dieta saludable y sostenible».