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De alga invasora a ingrediente de sucedáneo del Tabasco, de la Sriracha y de la angostura

e. abuín CÁDIZ / E. ESPECIAL

SOMOS MAR

Carlos Gil Andreu

Un equipo de investigación gastronómica presenta en el Encuentro de los Mares productos elaborados con Rugulopteryx okamurae para sensibilizar del problema del alga invasora japonesa y, de paso, aportar un grano de arena a su solución

09 jul 2021 . Actualizado a las 08:38 h.

La costa andaluza tiene un marrón bien gordo. Tan pardo como el alga japonesa que la ha invadido: la Rugulopteryx okamurae. Un problema que hace años denunciaron los pescadores, hartos de levantar toneladas de sargazos en las redes, pero que ha subido de nivel desde que estos comenzaron a enredarse en los yates de Marbella. La Rugulopteryx, oriunda de Japón, llegó a Andalucía supuestamente en el agua de lastre de los mercantes que pasan por Gibraltar. Y por su gran su parecido físico con la nativa Dictyota dichotoma se coló hasta la cocina. Ha plagado Algeciras, Tarifa, Estepona y amenaza con extenderse, explicó José Lucas Pérez, catedrático de la Universidad de Cádiz que dio la clave para distinguir la local de la invasora sin tener que recurrir al análisis genético ni al estructural: «Darle un bocado». Sí. Morderla. Si pica, es roña. Roña porque así la han bautizado en Andalucía.

¿Y qué se puede hacer para atajar la invasión? Lamentablemente, nada. O muy poco. «No hay un solo caso a nivel mundial en el que se erradicase una especie exótica marina», explicó Fernando G. Braun, también catedrático de la Universidad de Cádiz. Lo único, evitar que llegue a zonas sensibles con redes de alerta temprana, formar a técnicos y a la población en general para que sepan identificarla y paliar los efectos negativos de la misma.

Eso, en tanto que no consiga despertar el interés de las farmacéuticas o la cosmética por un producto que no quieren ni los peces de tan amargo y picante que es y con una combinación química que provoca la muerte de, por ejemplo, el erizo en solo 24 horas.