El lobo, ¿culpable o inocente?

La protección del lobo en toda la Península enfrenta a comunidades del norte del Duero con el Ministerio de Transición Ecológica. Ganaderos y defensores del animal coinciden en que la «convivencia sana» que quiere la UE pasa por más ayudas para prevención.

Los mastines son uno de los mejores recursos para prevenir los ataques del lobo
Los mastines son uno de los mejores recursos para prevenir los ataques del lobo

redacción

La noticia de que el Ministerio de Transición Ecológica está ultimando un plan para incluir al lobo en el catálogo de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) al norte del río Duero —al sur ya cuenta con ese marco de protección— ha vuelto poner a esta especie en el banquillo de los acusados. Mientras organizaciones agrarias UPA aluden a los daños que provoca en el ganado o comunidades como Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León piden al departamento de Teresa Ribera que eche el freno en la iniciativa porque «complicaría la adecuada gestión» de las poblaciones de este animal al prohibir su caza, defensores del cánido como la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (Ascel) apelan a su carácter de especie apical —aquellas que contribuyen a la supervivencia a largo plazo de la biodiversidad de los ecosistemas— para que se acabe con su persecución. «Conservar el lobo es bueno para todos porque regula y controla las poblaciones silvestres de otras especies como el jabalí y ayuda a prevenir enfermedades como la PPA», explica Ignacio Martínez, miembro de la directiva de Ascel.

Ese debate teórico ha echado raíces en el campo, donde los argumentos en contra y a favor del lobo también se cruzan. Pero hay algo en el que prácticamente todo el mundo coincide: la gestión del lobo pasa por habilitar fondos suficientes para prevenir los ataques. Aunque hace tiempo que Bruselas ha puesto de su parte al autorizar que las medidas destinadas a prevenir ataques puede sufragarse al 100 % con fondos Feader para garantizar una «sana convivencia», perece que las ayudas que actualmente hay en Galicia no convencen al sector que las ve «insuficientes» para atajar el problema. Los fondos destinados a prevención fueron de 1,2 millones de euros, a los que hay que sumar un presupuesto de 2,6 millones para cubrir daños.

«A xente que anda polo monte está vendo cada vez máis pegadas e restos e estaos vendo en zonas nas que antes non se veían. O lobo está agora máis extendido que hai dez anos», explica Iván Raposo, secretario de organización de Unións Agrarias para la comarca de Os Ancares, una zona de alta montaña donde domina la ganadería extensiva. Para muchos de esos ganaderos, dice Raposo, los ataques del cánido «son un desastre para a súa economía». La razón, según apunta, es producto de dos factores: unas ayudas por daños «moi baixas», pero también que hay veces en las que los daños no se pueden certificar como ataques del animal o hay problemas para poder hacerlo.

«Unha amiga miña ten un rebaño en Asturias en ecolóxico, nun terreno que remata nun balado. Os lobos levan as vacas ata alí para que se despeñen. Non puido xustificar o ataque porque lle dixeron que as vacas morreran ao despeñarse», apunta José Manuel, un ganadero de vacuno de carne del concello de Láncara.

Más ayudas para prevenir

Él sabe bien lo que es convivir con el lobo. Sus rebaños tienen que hacerlo cada día: «Este ano tiven que levar os becerros para a casa porque un acabaron marcándomo e tamén me cercaban as vacas», explica. No por ello deja de entender la conducta del lobo: «Ten que haber unha sostenibilidade, eso sabémolo, pero tamén ten que haber unhas axudas que permitan adoptar as medidas precisas para poder convivir con eles». Como ejemplo habla de la construcción de vallas metálicas, pero no unas cualquiera. Tienen que adecuarse al lobo, o la compra y manutención de mastines.

No olvida echar la vista atrás para recordar lo que hacían los abuelos, lo que aprendió de niño. «Antes o lobo tiña comedeiros no monte. Morría unha vaca nun parto e deixábase alí. O lobo tiña que comer e non atacaba. Deberían deixar facer iso», comenta.

Para Óscar Chao, coordinador del proyecto Rebinxe, impulsado por el IES San Rosendo de Mondoñedo para recuperar la biodiversidad en el mundo rural, la cuestión no es prohibir o no la caza legal del lobo, el tuétano del asunto «é o número de exemplares que morren furtivamente, a perda de hábitat. a presión que poden sufrir certos grupos... De non controlarse o furtivismo de pouco serve incluir o lobo no Lespre». Desde este colectivo entienden el daño que causa el lobo en las explotaciones, algo que muchas veces es la gota que colma el vaso de una serie de problemas que van desde los bajos precios que reciben por su producto a la falta de servicios. Por eso, piden que no sea el lobo el que pague los platos rotos porque los datos muestran que las batidas, legales o no, no han frenado los ataques.

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