El ministerio encarga a la universidad un plan integral de aprovechamiento
04 may 2022 . Actualizado a las 09:45 h.Analizar los problemas y proponer soluciones. Ese es el objetivo de partida del proyecto de reactivación de la agricultura en la comarca de Monforte que se propone poner en marcha la Confederación Hidrográfica Miño-Sil con el soporte técnico de la Universidade de Santiago (USC). Lo que sus impulsores denominan plan integral de aprovechamiento agronómico del regadío Val de Lemos trata de sacarle provecho de una vez por todas a esta infraestructura de riego, que suma ya medio siglo de existencia y que nunca ha llegado a funcionar como se suponía que debía hacerlo.
Este plan lo elaborará personal especializado del Campus Terra de la USC, con sede en Lugo y lo financiará con 290.000 euros la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, el organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica que se encarga de gestionar y mantener este regadío. El plazo de ejecución es de 18 meses, así que debería estar terminado a finales del 2023. A la firma del convenio de colaboración que permitirá realizar este proyecto asistieron ayer en Lugo el presidente de esta confederación hidrográfica, José Antonio Quiroga, y el rector de la USC, Antonio López.
«Básicamente, se trata de poner en marcha una hoja de ruta que desbloquee y aporte soluciones a los principales problemas de la actividad agraria y al aprovechamiento sostenible del agua por parte de la comunidad de regantes del Val de Lemos», explicaba José Antonio Quiroga antes de firmar el convenio. La evaluación, añaden los portavoces de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, se llevará a cabo desde el punto de vista legal, económico, social, productivo y estructural de la zona e incluirá un «análisis preciso» de los problemas principales actuales y futuros. Además, el estudio tiene que contemplar una propuesta de actuaciones a realizar, con estimación de coste económico incluida, y un listado de las entidades que deberían participar en la aplicación de las conclusiones.
En el proceso de elaboración de este trabajo, sus impulsores garantizan que tendrán en cuenta como un «valor esencial» la participación de los actuales usuarios de este regadío tanto en el diagnóstico de situación como en la propuesta de soluciones.
Una infraestructura que nació coja
El regadío de Monforte es una infraestructura agraria planificada en los años del desarrollismo franquista. El plan pasaba por dotar de una infraestructura de riego una comarca de suelo fértil de gran potencial agrícola. Las obras empezaron en 1958 y terminaron en 1970. Incluyeron un embalse, el de Vilasouto, que servía de depósito para llenar en verano 75 kilómetros de canales y 165 de acequias en 31 parroquias de Monforte, Bóveda, A Pobra do Brollón, Pantón y Sober. La infraestructura se hizo, pero casi todo lo demás falló. La falta de concentración parcelaria hizo que el regadío naciese cojo. Y cojo sigue. Más de 50 años después apenas lo usan unas decenas de agricultores, casi todos para cultivos de forraje.
Un equipo de 13 investigadores coordinados por Manuel Marey
De la realización de este plan integral de aprovechamiento sostenible del regadío Val de Lemos se encargará el grupo de investigación que coordina Manuel Marey, catedrático en la Escola Politécnica Superior de Enxeñaría de Lugo. Marey, profesor del departamento de Producción Vegetal y Proyectos de Ingeniería, trabaja con un equipo que en estos momentos está formado por trece investigadores. Uno de ellos es Tomás Cuesta, que se doctoró en el 2001 con una tesis que revisa precisamente la gestión y el uso del agua en la zona regable del valle de Lemos. No es el único investigador de este grupo que ha profundizado en la gestión de regadíos, porque otro de los integrantes, Xan Xosé Neira, es autor de una tesis sobre desarrollo de técnicas de manejo de agua apropiadas para un uso racional de los regadíos.
