La cantante Rosalía, la IA y la Guerra Civil inauguran los exámenes de la selectividad más vigilada
SELECTIVIDAD
La Generación del 98, Simone de Beauvoir y las desamortizaciones completan las primeras pruebas de la PAU, que este año refuerza las medidas de seguridad para evitar el fraude
02 jun 2026 . Actualizado a las 20:36 h.El denso tráfico que descendía por la compostelana avenida de Castelao a las ocho y media de la mañana anunciaba lo que estaba por venir en la cercana Facultade de Comunicación. Allí, entre apuntes y murmullos, se apostaban 400 de los 13.440 estudiantes que empezaron a escribir su futuro académico en las pruebas de acceso a la universidad (PAU) que se celebran hasta el jueves. «Estou un pouco nerviosa e espero que me caian os temas que me estudei», confesaba Natalia Argibay, una joven compostelana que compartía impresiones con sus compañeras antes de entrar a la facultad.
«Custoume moitísimo durmir, igual só tres horas», añadía Fátima Míguez. No escondía el cansancio, amortiguado por las endorfinas, que evidenciaban las bolsas que caían de sus ojos. «Coas olleiras levan toda a semana, e hoxe algún durmiu pouco, pero véxoos tranquilos», observaba Xoana, profesora de Inglés y tutora de dos grupos de bachillerato del IES Porto do Son. A su lado, Manuela Vázquez, Martín Pérez y Marcela Figueiras contaban los minutos que quedaban para el momento que llevaban meses preparando.
«A tranquilidade é o máis importante, e tamén estar seguro dun mesmo», aseveraba Marcela. Su amigo Martín asentía, y añadía que su principal preocupación eran las materias específicas, que permiten sumar hasta cuatro puntos a la nota de acceso a las carreras: «Eu espero que saia ben». No le dio tiempo a decir más. Desde dentro de la facultad, los organizadores de la CIUG —que elabora y organiza las pruebas en la comunidad— reclamaron a los estudiantes, y en cuestión de minutos, el eco de sus voces cubrió toda la amplitud del edificio diseñado por Álvaro Siza.
Distribuidos por institutos —los centros se reparten por 36 sedes en toda Galicia—, los alumnos fueron entrando a las ocho clases habilitadas en el centro para la realización de los exámenes. La dinámica era la misma en todas ellas. Entre los focos de las cámaras y el clic de los bolígrafos más nerviosos, una profesora con gafas con cordel de colores, pronunciaba en alto los nombres de los alumnos que debían identificarse. Una vez superado ese trámite, se fueron sentando y recibiendo las instrucciones para la realización de los exámenes. «Como que podemos usar típex?», preguntaba extrañada una alumna. «Si que podedes, non hai problema, e lembrade non escribir na folla das preguntas», confirmaba la docente. Otros, mientras tanto, corrían al baño en el tiempo de gracia previo al pistoletazo de salida.
A las 10.00 horas empezó a bajar la arena del reloj. La primera de las pruebas, de las cuatro programadas este martes, fue Lingua Castelá e Literatura. «No estaba preparada para tantas cámaras», decía la profesora que se encargó de abrir el sobre que contenía los exámenes ante la atenta mirada de los jóvenes y de los medios de comunicación. Mientras cortaba el envoltorio, el ruído se iba apaciguando en el aula, y algunos suspiraban y miraban al techo. Una vez con el papel sobre la mesa, los nervios se fueron disipando. Porque la prueba no fue difícil, según comentaron los propios aspirantes. El examen arrancó con un artículo de opinión sobre la cantante Rosalía que relacionaba su música y el éxito de su álbum Lux con la espiritualidad contemporánea, la sensación de vacío o el sentimiento de no pertenencia a un grupo. «Es un tema que me gustó, pero sí que me resultó complicado escribirlo», explicaba María Domínguez, la primera alumna que salió del examen, una hora antes de que terminase el tiempo.
En la parte de literatura, los estudiantes tuvieron que decidir entre un texto de Miguel de Unamuno y a otro de Antonio Machado. Se cumplió el deseo de quienes querían que cayese la Generación del 98, y a ello se sumaron fragmentos de La Fundación, de Buero Vallejo; y de El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes. De cada una de las obras, que deben leer de forma obligatoria durante el curso, se proponía un fragmento en el que tenían que identificar y explicar cuestiones formales y temáticas de las lecturas. En el capítulo de reflexión sobre la lengua cayeron las frases subordinadas, las estructuras impersonales y los relativos. «A literatura foi fácil, e a gramática pareceume moi asequible», consideraba a la salida Daniela Sampedro, del IES A Pobra do Caramiñal. «Saíume moito mellor do que esperaba, aínda que o primeiro texto si que me pareceu algo complicado», comentaba Manuel Barreiro, del IES Rosalía de Castro de Santiago.
El nivel de dificultad fue mayor en los exámenes que llegaron después. Siguiendo la intuición y dejando claras sus preferencias, los pupilos se separaron entre Historia de España e Historia de la Filosofía. «Este si que fue algo más difícil», aseguraba María Domínguez, la misma alumna que salió primera de Lingua Castelá. En el examen de Filosofía se enfrentó a un comentario sobre Simone de Beauvoir —que podía escoger frente a Aristóteles—, a textos de Nietzsche y Platón, y a un ejercicio que relacionaba la obra de Kant con el sesgo cultural de la inteligencia artificial. «Con ese penso que podo rascar algo máis», decía aliviado otro de los estudiantes más ávidos. Mientras recordaba los conceptos de Marx que también cayeron en el examen, ya pensaba en descansar antes de la sesión vespertina.
Algo más apurados salieron quienes optaron por Historia de España. Se enfrentaron, entre otros ejercicios, al desafío de redactar un comentario sobre las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal que se produjeron en el siglo XIX, y a otra pregunta en la que debían explicar las diferencias entre socialismo y anarquismo. También cayó un texto sobre el turnismo durante el reinado de Alfonso XII y una pregunta sobre los bandos de la Guerra Civil. «Este foi moito máis complicado que o de Lengua», lamentaba un joven mientras aliviaba la tensión acumulada rascándose la cabeza.
Como corroboraron estas primeras pruebas, no hay grandes cambios en la selectividad de este año, que en cambio refuerza sus medidas de seguridad para evitar el fraude. Sujetando con la mano un aparato de antenas similar a una radio, el delegado de la CIUG en Santiago, Víctor Arce, recorrió una de las clases con un detector de frecuencias —que no inhibidor— para confirmar que no había ningún dispositivo prohibido dentro del aula. «Facemos moita énfase nesta cuestión e algunhas comunidades interesáronse por este sistema», explicaba el representante académico. Por el momento no se han registrado incidencias de ningún tipo, pero si se diese el caso de un estudiante interceptado utilizando un móvil o un reloj inteligente, sería expulsado del aula y se le impediría seguir en las pruebas.
Referente a nivel estatal
Iván Area, presidente de la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CIUG), aprovechó su visita al Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Pontevedra, instalaciones que acogen a estudiantes con necesidades específicas de apoyo educativo de toda la comunidad, para poner en valor el carácter pionero del sistema gallego en el contexto español. Area se mostró orgulloso de la trayectoria de la comunidad en la organización de estas pruebas. «Galicia pode presumir de ser un referente a nivel do Estado co seu modelo de acceso e de admisión. Un modelo no que levamos traballando desde o ano 93 exactamente, hai xa bastantes anos, e por mor diso somos referentes a nivel de todo o Estado», afirmó el presidente.
El responsable de la CIUG destacó como elementos diferenciadores el uso de detectores de frecuencias para garantizar la integridad de los exámenes, una práctica consolidada en Galicia desde 2019 y que se ha extendido por toda España a partir de este curso, y el pionero sistema de admisión basado en percentiles para garantizar la equidad entre distritos y convocatorias. En este sentido, hizo hincapié en la importancia de la CIUG como estructura fundamental: «A CIUG non é só unha estrutura administrativa, senón un esforzo colaborativo das tres universidades públicas galegas, cousa que noutros territorios non é así». Area advirtió que «permitirnos agora perder unha institución como a CIUG significaría desperdiciar un instrumento institucionalmente eficaz e moi potente».
Para finalizar, Iván Area quiso transmitir tranquilidad sobre el desarrollo de la PAU. Confirmó que, a pesar de las incidencias médicas habituales de última hora, «a proba está transcorrendo con normalidade nos dous centros», con un proceso sin incidentes significativos. Los estudiantes podrán consultar sus notas provisionales el próximo 11 de junio, recordando Area a los alumnos que soliciten revisión que, aunque el 30 % de las notas suben, existe también un 10 % que puede bajar tras la reclamación.