PASABA POR AQUÍ
20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL PASADO fin de semana, este periódico publicó una información sobre un gran melón (65 kilos) que había crecido salvaje (sin abonos ni fertilizantes químicos) en un huerto de la parroquia de Entrecruces, en Carballo. ¡65 kilos! Llegaría para hacer caldo de melón, de esos que antiguamente se hacía, y alimentar a media comarca. Quiero pensar que este hecho insólito podría ser más habitual si las plantaciones estuvieran libres de fosfatos, sulfatos, purines y derivados del tan conocido nitramón. Vamos, que las plantas fueran como Dios las trajo al mundo: desnuditas de elementos químicos. Quiero pensar, también, que el melón de 65 kilos es la prueba palpable de que la agricultura ecológica tiene futuro y de que la fertilidad de la tierra de Bergantiños es tan fuera de serie que no necesita más condimentos. La fantasía se esfuma cuando alguien te dice que el melón es fruto del azar genético.
