Europa y Mercosur ratifican un acuerdo histórico tras 25 años de negociación

Sara Cabrero
S. Cabrero REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el presidente de Paraguay, Santiago Peña, se saludan en la ceremonia de la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y los países del Mercosur, en Asunción (Paraguay).
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el presidente de Paraguay, Santiago Peña, se saludan en la ceremonia de la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y los países del Mercosur, en Asunción (Paraguay). Juan Pablo Pino | EFE

El pacto de libre comercio se firma en medio de protestas de agricultores y ganaderos por todo el Viejo Continente

18 ene 2026 . Actualizado a las 11:35 h.

Fumata blanca. Aunque no sin ciertas reticencias todavía más que latentes. El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur ha logrado el visto y plácet después de que representantes de ambas partes hayan rubricado en Asunción (Paraguay) este histórico acuerdo de libre comercio. Del lado europeo, la ceremonia contó con la participación de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; y el comisario de Comercio, Maros Sefcovic. Del otro lado, los presidentes de Paraguay, Santiago Peña; de Uruguay, Yamandú Orsi; y de Argentina, Javier Milei.

Von der Leyen defendió a capa y espada en Paraguay un acuerdo que manda una señal «contundente» al mundo, al elegir el «comercio justo frente a los aranceles y el aislamiento». «Refleja una elección clara y deliberada: elegimos el comercio justo frente a los aranceles; elegimos una asociación de largo plazo frente al aislamiento; y, sobre todo, queremos ofrecer beneficios reales y tangibles a nuestras sociedades y empresas», sentenció la dirigente europea durante la ceremonia de la firma del acuerdo, en la sede del Banco Central de Paraguay. Declaraciones parecidas fueron las que se vertieron desde la otra parte, un discurso del que se encargó el presidente paraguayo, Santiago Peña, quien incidió en que este entendimiento entre ambos demuestran que el diálogo, la fraternidad y la integración son el «el camino» y que este es un paso que deja atrás «las tinieblas del unilateralismo».

Como telón de fondo a la pompa y circunstancia que ha rodeado a la parte institucional del acuerdo, las protestas se han seguido repitiendo por distintos puntos de la geografía del Viejo Continente, con ganaderos que muestran su rechazo a un acuerdo que, creen, lastrará todavía más un maltrecho campo. En Galicia, el sector tampoco ha permanecido ajeno y mientras en Paraguay se movían papeles, a este lado del charco decenas de tractoristas cortaban carreteras en lugares como Ourense.

No ha sido un camino fácil. Tampoco corto. Porque para llegar a este punto, Europa y el bloque latinoamericano han necesitado un cuarto de siglo de arduas negociaciones. 25 años que hoy dan luz verde a uno de los mayores espacios de libre comercio del mundo. Y tampoco es este el punto y final de la historia, puesto que el pacto entrará en vigor de manera interina y todavía tendrá que superar un tenso proceso de ratificación para su aplicación definitiva. 

Habrá quien, a estas alturas, todavía se pregunte qué es eso del Mercosur. El Mercado Común del Sur es un acuerdo ya firme y en vigor entre países de Latinoamérica para integrar sus economías y crear un espacio común. Los fundadores, que arrancaron con todo esto en 1991, eran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, un club al que posteriormente se incorporaron Venezuela y Bolivia, aunque el primero fue expulsado y el segundo todavía está en trámites para hacer efectiva su adhesión. El objetivo que perseguían todos ellos era precisamente promover el libre comercio.

Y este es el mismo objetivo que persiguen ahora con la adhesión de la UE. Con el paso dado este sábado, la UE y Mercosur eliminan barreras comerciales impactando directamente en más de 700 millones de consumidores que se mueven entre ambos espacios. El momento no puede ser más crucial, porque llega en un contexto de guerra comercial en el que las exportaciones de los dos bloques al gigante estadounidense están mucho más limitadas tras la imposición de aranceles. Calculan los expertos del Viejo Continente que las ventas europeas se beneficiarán de un ahorro en tasas arancelarias que ascenderá nada más y nada menos que a 4.000 millones de euros al año al liberalizar más del 90 % de las compras y ventas. Las cifras españolas ayudan a dar cuenta de la magnitud de lo que está sobre la mesa, porque nuestro país tiene un déficit comercial con los países Mercosur en los sectores agroalimentario y pesquero de unos 3.655 millones de euros al año.

Pero no es oro todo lo que reluce. Porque hay muchos sectores que temen que el acuerdo lastrará sus negocios. Agricultores y ganaderos muestran gran preocupación por las consecuencias que pueda traer para el campo la libre circulación de productos. Eso sí, la Comisión pactó con el Consejo y la Eurocámara la inclusión de una serie de salvaguardas que refuerzan la protección del campo europeo ante potenciales distorsiones graves causadas por la apertura del mercado en sectores como el de las aves de corral, la carne de vacuno, los huevos o el azúcar. De hecho, Von der Leyen lleva semanas reiterando que los estándares sanitarios y alimentarios de la UE «siguen intocables» por mucho acuerdo que se haya firmado y que los productos procedentes de Mercosur tendrán que cumplir sí o sí las mismas condiciones que los que se mueven por el Viejo Continente. 

Sin embargo, las salvaguardas no convencen a los ganaderos que, en algunos sectores, piden medidas compensatorias ante la avalancha de productos que vendrán del otro lado del mundo y que pueden acabar provocando un agujero en muchas de las explotaciones de aquí.

Los 25 años de negociaciones no llegan este sábado a su final. Porque tras la firma, se abrirá un intrincado camino hacia la ratificación final del acuerdo. Por ahora, la estructura jurídica del acuerdo —que no solo incluye una cuestión comercial, sino que también sienta las bases de una cooperación y diálogo político mucho más amplio— permitirá que el libre comercio entre con relativa rapidez. Y es que, al ser el tema comercial una competencia exclusiva comunitaria, solo será necesario lograr el consentimiento del Parlamento Europeo para que pueda concluirse. 

No está todavía muy claro si el 'sí' logrará la amplia mayoría que necesita, sobre todo porque cada diputado puede pronunciarse en función de su país de origen, dejando a un lado las directrices por grupos parlamentarios. Y aquí viene el turrón. Porque los eurodiputados franceses, por ejemplo, llevan un tiempo manifestándose radicalmente en contra del acuerdo con un sector primario galo que desde el primer momento, 25 años atrás, puso pie en pared contra el acuerdo. También hay ciertas reticencias entre los polacos y algunos belgas e irlandeses podrían acabar dando la espalda al Mercosur.  

Y esta es solo la punta del iceberg. A partir de ahí, las cosas se complican. El acuerdo de asociación con Mercosur en su conjunto (con el libre comercio, la asociación y el diálogo político, incluidos) deberá pasar uno por uno por los Parlamentos nacionales del club de los Veintisiete y será necesario que todos y cada uno de ellos acepten la propuesta para que entre plenamente en vigor.