Ganaderos y agricultores explican cuánto pierden, los distribuidores evalúan las subidas y las tiendas de barrio penden de un hilo
15 nov 2021 . Actualizado a las 09:28 h.Hace tiempo que las nubes negras sobrevuelan las cuentas de los productores de vacuno de carne, que justo antes de la pandemia ya se manifestaban «por uns prezos dignos e xustos». La tormenta desatada por la subida de precios de insumos agrícolas han oscurecido también el horizonte de las explotaciones lácteas y, desde el pasado mes de marzo, esas sombras también han llegado a uno de los pocos claros que quedaban en el sector cárnico gallego: el porcino. La demanda china de cerdo disparó las exportaciones, pero fue solo un espejismo que duró lo que duró: «Levamos catro meses facturando por debaixo de custes. Xaneiro, febreiro e parte de marzo foron meses moi bos, pero a partir de aí... E agarda, porque á suba de custes que xa temos, hai que engadirlle os custes de adaptarse ás normas medioambientais, os temas de benestar...», explica José Antonio Vidal, presidente de la Federación Galega de Porcino (Fegapor). Y lo que pierden no es poco: los criadores, unos 19 euros por lechón, y una integradora, (las granjas que ceban a los animales) unos 21 céntimos por kilo de cerdo vivo. No falta mucho para el estallido de un aguacero que «obrigue a tomar medidas».
A las puertas del inicio de la campaña, Kiwi Atlántico, el mayor productor de esta fruta en España, posiblemente se verá afectado por el ajuste que aplicará el sector del transporte. «También hemos notado el encarecimiento de materiales como el cartón, entre un 15 y un 20 %, o el plástico, un 20 %. No nos va a quedar más remedio que tratar de repercutir esas subidas», explica José Carlos Vila, gerente de la compañía.
No cabe duda de que el incremento de precios de materias primas, envases, energía... están tensionando la cadena de valor. «La clave está en ver en cómo se declina ese aumento de los costos en el consumidor», explican fuentes de Vegalsa-Eroski. Al ser la distribución un eslabón más de la cadena apuntan que hay que analizar los costes desde una visión global: «En estos momentos hay muchos sectores impactados, cuya evolución condicionará la inflación de los productos». En este contexto han puesto el foco en la optimización de procesos: «Estamos centrados en mejorar la eficiencia de nuestros procesos de forma que podamos transferir permanente ahorro al cliente con productos de calidad».
Las que están contra la espada y la pared son las tiendas de barrio. «No tengo capacidad para comprar diez cajas de lechugas como una cadena para que me hagan un precio mejor, tengo que comprar una que me cuesta 13,5 euros y trae una docena de lechugas. Alguna se acaba perdiendo... ¿Qué hago? ¿Tengo que poner las lechugas a 1,5 euros?», apunta Jessica, de La Huerta de Abril. Ella sabe que tiene que hilar muy fino porque no puede subir lo que debería o su clientela acabará migrando al súper. Porque los sueldos son los que son.
