Pagan la última cuota de un automóvil que les vendió Noyamóvil en el 2020 y que fue inmovilizado dos años después: «Fue dinero tirado, el coche está aparcado en el garaje lleno de polvo»
SANTIAGO CIUDAD
Las deudas de la empresa santiaguesa impidieron transferir el vehículo a su nombre, e Imane y Zine tuvieron que comprar otro de ocasión para poder desplazarse por Santiago
16 ago 2026 . Actualizado a las 21:31 h.Imane Boulfarah y Zine El Abidine Selaimia acaban de pagar en julio la última cuota de su coche: se liberan así del abono mensual de 287 euros por el Citroën C3 Aircross que habían comprado en el inicio del 2020. Para su desgracia, lo adquirieron en Noyamóvil, el que fue concesionario de la marca francesa en Santiago y que cerró tras la pandemia, dejando tras de sí un reguero de damnificados y deudas. Ellos fueron unos de los atrapados en la maraña de la empresa: pagaron 17.900 euros (que financiaron a varios años) por el vehículo y se lo llevaron con el justificante profesional de cambio de titularidad, con el compromiso de recibir en su casa luego la documentación a su nombre.
Lo habitual, pero no en los últimos tiempos de Noyamóvil, a donde se habían dirigido buscando la solvencia de un concesionario oficial para escapar de posibles estafas o problemas con la documentación. Porque sobre el coche pesaban embargos de Agencia Tributaria y Seguridad Social contra la empresa, y la transferencia nunca pudo completarse. Imane y Zine circularon con el coche durante cerca de tres años, hasta que a finales del 2022 la policía les paró en Santiago, y al certificar esos embargos, mandó el coche en la grúa al depósito municipal. De allí lo rescataron para dejarlo reposar desde entonces en un garaje de la rúa do Home Santo, en el que está parado desde hace casi cuatro años, para no arriesgarse a una inmovilización.
«Ya hace tiempo que ni voy por allí a encenderlo. Perdió la batería y no funciona. Está en el garaje, lleno de polvo», explica Zine. Mientras pagaban los 287 euros y 65 de garaje cada mes por un coche que marca algo más de 23.000 kilómetros en su cuadro, utilizaban un Ford Focus que les prestaba una vecina para desplazarse. Acabaron por comprárselo y ahora circulan con un coche de ocasión del 2014 mientras el polvo desdibuja el sueño que se convirtió en pesadilla: «Es una situación desesperante, en la que no te ayudan nada, porque es una lucha que empezó en el 2020 para ponerlo a nuestro nombre», dice Imane. Ella está pendiente de solicitar el levantamiento de la reserva de dominio, al completar el pago de todas las cuotas, y acaban de contratar un nuevo despacho de abogados para intentar poner fin al calvario burocrático que se prolonga desde hace más de seis años: «Nos dicen que reinician el proceso, y esperan que para el próximo 2027 pueda resolverse, porque es largo».
Al preguntarles si les da esperanzas la reciente sentencia que condenó por estafa a Jesús Manuel Chenel Botana, administrador único de Noyamotor Concesionario S. L. por un caso similar al suyo, la respuesta es pesimista: «La esperanza es lo último que se pierde, pero no sé cómo los van a condenar. Dicen que el dueño se marchó, pero está por aquí y no lo cogen. Nosotros acabamos ahora de pagar el coche, pero pagamos en vano. Fue un dinero tirado, porque el coche está guardado, aparcado en el garaje. Y el día de mañana, para volver a andar, tendrá que pasar por el taller, porque la batería está perdida y lleva años sin moverse, lleno de polvo en el garaje», señala Imane. Peor aún lo ve Zine: «Han pasado ya casi siete años y nadie se movió. Yo no tengo esperanzas, la justicia va muy lenta». También con Noyamóvil y Noyastar, declarado por el Juzgado de lo Social número 3 de Santiago «grupo de empresas patológico a nivel laboral» ya en el 2022.