España pasa de oveja negra del covid a alumno aventajado en Europa

Juan Ventura Lado Alvela
j. v. lado REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Policías alemanes pasan por delante de un bar reconvertido en tienda de artículos de protección contra el covid en Frankfurt
Policías alemanes pasan por delante de un bar reconvertido en tienda de artículos de protección contra el covid en Frankfurt KAI PFAFFENBACH

Es ahora el país con menor incidencia de entre los grandes del continente

13 dic 2020 . Actualizado a las 15:51 h.

Irlanda, Islandia, Noruega, Finlandia y, por muy poco, Grecia. Son los únicos cinco países de Europa, entre los 31 que vigila el ECDC, el centro europeo para el control de enfermedades, que tienen en estos momentos una incidencia del coronavirus menor que la de España, que según el último informe del organismo continental está en 218 positivos por cada 100.000 habitantes en 14 días, aunque, en realidad, actualmente ya se encuentra por debajo de los 190 casos. Entre los grandes países, solo Francia, con 230, se acerca algo a esas cifras y hay ejemplos como los de Italia (459), Polonia (423) o Países Bajos (477), que las doblan, mientras que Eslovenia, Lituania o Luxemburgo las multiplican por cinco.

España ha pasado, por tanto, de ser el último de la clase y hacer saltar todas las alarmas en Europa al inicio de esta segunda ola, a convertirse en uno de los menos afectados. Incluso en la mortalidad acumulada en las últimas dos semanas, que siempre es un indicador que evoluciona de manera más lenta que los nuevos positivos detectados, solo una decena de países tienen menos fallecimientos que España. De hecho, en estos momentos está muriendo bastante más gente por covid en Francia, Reino Unido, Italia, Alemania, Bélgica, Polonia, Portugal o incluso Grecia, que ha sido de los estados que mejor ha sobrellevado la pandemia.

También la presión hospitalaria indica la mejoría, porque España ya se encuentra en la mitad baja de la tabla en ocupación de camas convencionales y tampoco está entre los primeros puestos en los ingresos de pacientes covid en unidades de cuidados intensivos. Pero hay un dato tanto o más revelador respecto al control que cada país tiene o no de la epidemia en estos momentos, que es la positividad de las pruebas diagnósticas realizadas, fundamentalmente las PCR. Se entiende que cuanto menor es ese porcentaje -siempre que se utilicen los mismos criterios- mayor capacidad demuestra el sistema, porque está testando a muchas personas y no solo a aquellas que ya llegan enfermas a los centro sanitarios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa la barrera del control en el 5 % y España está ahora mismo en el entorno del 7, acerándose de manera clara al objetivo. En cambio, Alemania, donde los médicos acaban de advertir que o se cierra el país 14 días o corren el riesgo de colapsar las ucis, está en el 9,8 y en Polonia y Bulgaria por encima del 30, mientras que en Croacia esta tasa se encuentra en el 78 %, lo que significa, poco menos, que testar solo al que cruza la puerta del hospital.

Las explicaciones a este avance favorable son varias y probablemente no exista una sola causa que lo defina todo. Los especialistas hablan de una actuación más temprana, el factor miedo que pudo llevar a la población a ser más precavida al ver que la situación se desmadraba y, sobre todo, una mayor evolución: que a España la segunda ola llegó antes y, por tanto, también tiene lógica que empiece a descender más pronto.

Sin embargo, los datos no dicen exactamente eso. Si es cierto que, en contra de lo que ocurrió en otros países, aquí los errores en verano fueron muchos y las curvas de contagios, hospitalizaciones y muertes enseguida empezaron a despegar. Ya desde la segunda semana de julio se aprecia una escalada considerable y continua que se extendió hasta mediados de septiembre, con una inflexión a principios de octubre y luego otro considerable tirón hasta finales de ese mes. Pero, en contra de lo que cabría esperar, el pico de la epidemia en esta segunda oleada, se sitúa en fechas muy parecidas a las del resto de países del entorno. La principal diferencia quizás esté en al intensidad. El máximo de incidencia acumulada fue el 7 noviembre, en Francia el 8, en Países Bajos el 3, en Bélgica el 1 y en la República Checa el día 5. Pero mientras en España apenas superó los 600 casos por 100.000 habitantes en 14 días, en algunos de estos países se llegó a doblar o incluso triplicar. En definitiva, no tuvieron un período de afectación tan largo pero alcanzaron un momento de intensidad mucho más preocupante y peligroso para la capacidad de respuesta del sistema sanitario.

Con todo, la situación no está ni mucho menos para tirar las campanas al vuelo. España sigue siendo el cuarto país del continente con mayor número de muertos en relación a su población y, entre los grandes, solo Italia está por delante. Se siguen sumando del orden de los 200 fallecimientos diarios y el descenso vertiginoso de algunos índices durante las últimas semanas, parece estar tocando a su fin, hacia una fase de estabilización.

«La posibilidad de iniciar una tercera ola va a ser más temprana que en otros países»

El propio director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, acaba de advertir de que, con las consecuencias del puente de Diciembre y las Navidades a la puerta, el hecho de que España esté controlando antes esta segunda ola también implica que «la probabilidad de iniciar una tercera ola va a ser más temprana que en otros países».

Y no es el único que lo piensa, el portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, José Jonay Ojeda, ya avisaba del riesgo de que se solapasen el ascenso que se venía arrastrando desde el verano con esta oleada estacional que está barriendo Europa con mayor o menor intensidad. De ahí que incida en que, ya que las medidas dieron resultado, tanto o más por el autoconfinamiento de la población que por las imposiciones, ahora no es el momento de bajar la guardia y acabar pagando caras las Navidades.

Más de 20.000 brotes desde el inicio de la desescalada

Bajan en la última semana y la mayoría son por reuniones de amigos y familias

r. romar

Galicia y España entran en una semana decisiva para esclarecer si se puede controlar la epidemia de coronavirus o si, por el contrario, se está abonando el terreno para la llegada de una tercera ola en enero o incluso en Navidad, según los modelos elaborados por el Centro Europeo de Prevención de Enfermedades (ECDC), en el caso de que no se tomen las precauciones adecuadas. De momento, el país entra en esta fase crítica con cifras aún altas, con una incidencia acumulada de 189 casos por 100.000 habitantes de media, mientras que en Galicia se sitúa en 167.

Pero quizás una estadística que refleja mejor el comportamiento de la población es la asociada a los brotes de la enfermedad. Y, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, desde que se inició la desescalada se han registrado un total de 20.658, que han arrojado 180.900 contagios, lo que supone el 13,4 % de los positivos en covid identificados en España.

La noticia positiva es que en la última semana se ha observado un descenso en el número de brotes con respecto a las anteriores. Se han registrado 835 nuevos, con 5.674 infectados.

Una radiografía más pormenorizada de la situación constata lo que vienen advirtiendo los científicos desde hace meses: la mayoría están asociados a reuniones de familiares y amigos. En este aspecto, el informe los desglosa en dos apartados. Por un lado los incluye en la categoría del ámbito social, donde este tipo de encuentros, de los que se desconoce si pertenecen a la esfera pública o privada, suponen el 80 % de los 245 brotes localizados, que generaron 1.400 contagios.

La segunda categoría está relacionada directamente con el ámbito familiar, en el que se han detectado 174 brotes con 969 casos que han afectado tanto al núcleo que mantiene un parentesco en el mismo domicilio como a otros no convivientes. O, lo que es lo mismo, todos se produjeron en domicilios. De ahí la importancia de extremar las medidas de precaución en estas circunstancias, tal y como vienen recordando los expertos de forma insistente.

El informe de Sanidad también recoge 120 brotes de componente mixto, donde la transmisión se desplaza, por ejemplo, del ámbito familiar a otros, como el laboral, social o educativo y en diferentes sentidos, con 957 casos asociados.

Otro foco importante de contagio, aunque menos que los anteriores y en claro descenso, es el laboral, en el que se han contabilizado en la última semana 108 núcleos de expansión del virus con 659 casos, sobre todo en el sector de la construcción y en empresas hortofrutícolas. Es también significativo, lo que ya se constató en las últimas semanas, el descenso en los brotes ligados al ámbito educativo, que solo suman 91 con 593 afectados, lo que supone una media de 6,2 casos por foco y el 1,6 % de los contagios confirmados en la última semana.

También se han reducido en las residencias: 58 brotes y 795 casos, y en el ámbito sanitario, con 32 y 232 contagios.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, muestra una lista de residencias de mayores antendidas durante la epidemia del covid

Realidades y espejismos del «milagro» madrileño

J. V. Lado

La Comunidad de Madrid aún hoy en día suma el 20 % de los casos de coronavirus que se añaden a las estadísticas en España pese a que representa el 14 % de la población. Y lidera todos los registros acumulados, con uno de cada cuatro fallecidos y una tasa muy parecida de los hospitalizados totales en el conjunto del país. Eso no quita que desde mediados de septiembre, cuando la región hizo saltar las alarmas a nivel europeo, su evolución en el control de la epidemia haya resultado más que llamativa. Tanto que los afines a la presidenta Ayuso —porque todo lo que tiene que ver con el covid y Madrid está completamente politizado— llegasen a calificar esa mejoría como el «milagro» madrileño e incluso algún periódico alemán se hiciese eco se esa intervención cuasi divina.

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