De discoteca a supermercado o taller

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

ALVARO BALLESTEROS

El reciente cierre de LP45 de Ordes es el último de una serie de míticos locales de ocio, antiguos templos de la movida y hoy reconvertidos en todo tipo de negocios

13 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada una de ellas encierra miles de historias de amor y desenfreno. Pero hoy son solo un recuerdo, nostalgia que en algunos casos se cae a pedazos en medio de edificios en ruinas y que en otros choca con los nuevos usos que se le dan a estos grandes locales: supermercados, tiendas de muebles, talleres de coches... Son las míticas discotecas y salas de fiesta que un día llenaron de luces y música villas y ciudades gallegas y que se fueron apagando. El último ejemplo es el cierre definitivo de LP45 que, de paso, ha supuesto un duro golpe para la movida nocturna en Ordes.

Ni una despedida han querido hacer los propietarios de la sala de fiestas, que ya piensan en su futuro como plató televisivo. El resto de locales de ocio de la zona se nutrieron durante años de la afluencia de visitantes que acudían a LP45. Le ha pasado lo mismo a la gran discoteca de Melide, Palladium, que lleva un año y ocho meses cerrado y sin visos de volver a abrir. En cambio, resiste en Touro Dona Dana, donde hace años se rodaba Luar y que está buscando arrendatarios para esta temporada. El alcalde de la localidad, Ignacio Codesido, es uno de los socios de la discoteca y asegura que seguirá abierta, «aínda que se programen só dúas noites ao mes»

OURENSE

Todo lo contrario ocurre en Santa Comba, que espera con optimismo la llegada del frío, cuando la juventud cambia las verbenas por los pubs de la rúa Galicia. «Hai menos xente que hai dez anos, pero as cifras seguen sendo boas e non existe unha situación alarmante», explica José Antonio García, propietario de Coppelia, uno de los locales referentes de la movida.

En la Costa da Morte tampoco sobrevive ya ninguna de sus grandes salas. El ejemplo más claro se puede ver en Carballo, donde la mítica A Revolta, después Factoría, está en ruinas y convertida en un foco de problemas de insalubridad, porque el edificio se cae y ha tenido que ser tapiado varias veces para evitar robos e incursiones no deseadas. As Airas, el otro referente histórico, se transformó varias veces y acabó, sin excesivo éxito, albergando una exposición de muebles. Sí se mantuvo más tiempo, aunque cambiando el formato, con divisiones de espacio y demás modificaciones, la Pazos de A Laracha. En Ponteceso y Baio, otros dos focos de la movida de la Costa da Morte en distintas épocas, tanto A Vieira como Dudas, dos de los casos más representativos, acabaron sucumbiendo al cambio de tendencias en el ocio nocturno y, sobre todo, a la caída demográfica. En el otro extremo de la comarca, la Slava de Cee, con sus múltiples cambios de nombre y de gerencia, ha aguantado con éxito irregular hasta hace poco tiempo. No ocurrió lo mismo con la menos mítica A Solana, de Ponte do Porto, hoy convertida en un supermercado. 

José Manuel Casal

Cierres emblemáticos

En A Coruña se registraron en los últimos años dos cierres de establecimientos emblemáticos. En el verano del 2013 el Ayuntamiento dio una orden de cese de actividad de la discoteca Pirámide por problemas de ruidos denunciados por los vecinos y, desde entonces, no ha vuelto a abrir las puertas. Otro nombre clásico de la noche, Punto 3, dejó de funcionar en febrero del 2015. Además, Disco 33 pasó a ser un restaurante en el 2014. Frente a esta tendencia de cierres, este año se ha dado una gran excepción: la sala Pelícano, que desde su inauguración, el pasado marzo, se ha convertido en una referencia del ocio nocturno en toda la comunidad.

En el área de Vigo, una de las salas de fiestas míticas era Queen, en Mos, que dijo adiós en el verano del 2014. Unas semanas después reabrió con el nombre de La Reina. En el caso de Villa Rosa, en Baiona, el Concello que decretó su cierre el pasado verano por exceso de ruido. 

Mami Obdulians

Verín, Xinzo, Ourense, Celanova, Allariz, O Carballiño... pocas fueron las villas de la provincia de Ourense que no tuvieron su propia macrodiscoteca en la década de los noventa. Uno de los casos más paradigmáticos fue el de Mami Obdulians, en A Manchica, un negocio familiar montado en los setenta que vivió su época dorada a partir de finales de los ochenta. A la pequeña localidad ourensana, de poco más de doscientos vecinos llegaban cada fin de semana entre dos mil quinientas y tres mil personas de diversos puntos de Galicia. Con dos mil metros cuadrados de superficie, fue una de las primeras de Galicia en disponer de láser y contaba cada noche con los pinchadiscos más afamados del país. Hoy, el enorme edificio permanece cerrado, aunque hay otros locales que se han reconvertido. Uno de los casos más curiosos es el de La Bamba, que ahora es un taller de reparación de automóviles.

Pontevedra también se dejó varias discotecas por el camino, pero ninguna tan recientemente y tan emblemática como la que fuera el templo de la noche de Sanxenxo. El puerto deportivo se comió toda la marcha que quedaba a más de quince metros del mar, y Zoo cayó con ella. Desde hace dos veranos apenas abre sus puertas. Cuando lo hace es de manera puntual y solo fiestas privadas.

Información elaborada por Brais Capelán, Juan Ventura Lado; María del Carmen García de Burgos, Soledad Antón, Javier Becerra y Marta Vázquez.