Jaque al comercio centenario

El relevo generacional es el principal factor para la supervivencia de estos establecimientos

Ismael López Silva: «Cuando empezamos, había 25 sastrerías en Santiago. Ahora estoy solo» Los negocios centenarios de Compostela

Santiago / la voz

Paciencia, los pies en la tierra, modernizarse y nunca descuidar al cliente son las claves del éxito más repetidas por los empresarios que están al frente de los comercios compostelanos que ya cumplieron los cien años de existencia o están a punto de hacerlo. Los veteranos reconocen que el relevo generacional también es una baza importante para la continuidad, y de hecho, muchos de los que cerraron o piensan hacerlo en los próximos años carecen de otra generación dispuesta a seguir peleando detrás de un mostrador. Tanto Ismael López, de Pepecillo, como Cristina Tojo, de Comercial Tojo, señalan la falta de relevo como la razón por la que en un futuro próximo es probable que llegue el fin de sus historias. Este es el destino de la ferretería Casas Chico que, además de la caída de las ventas, tampoco dispone de un reemplazo en la saga dispuesto a seguir cumpliendo años pegado al expositor de madera. Este fue el final de Ultramarinos Cotos, fundado en 1857 y que cerró en el 2013, y el de Novedades Carmiña (1940). Ninguno de los dos siguen vivos.

En cambio, otro como Fotos Novoa (1950) tiene aún muchos años por delante. Novoa tuvo su origen en el Obradoiro, donde el padre de Nardo y Alberto hacía fotografías con su cámara a los primeros turistas que llegaban en los años 50. Su primer laboratorio estuvo en el Hostal, y con el paso de los años abrieron en Acibechería y República del Salvador, y en el 2000, en el Preguntoiro.

En la lista de los que no tienen previsto cerrar a corto plazo están las farmacias Gómez Ulla (1908), Bescansa (1843), Mercería Algui (1948), Joyería Frade (1933), Confitería Las Colonias (1888), Confecciones Sánchez (1946), Sombrerería Iglesias (1913), Fotos Novoa (1950), Docobo (1950), Confecciones Riande (1923), el Café Derby (1929), Estanco Garabal (1877), Joyería Mayer (1830), Joyería Otero (1909), Ultramarinos Carro (1880), Cerería Cinco Calles (1940) y, entre otras, la de ropa Garabal (1906) y Talleres Arco Máquinas (1957). Ni el Bazar de Villar, en el que ya está incorporada la quinta generación. Tampoco se despedirá, por ahora, el Ultramarinos Cepeda, aunque su propietario empieza a pensar en darse unas horas de descanso. En la cuneta quedaron otros históricos como el quiosco del Toural (1910), Calzados Severino (1932) o la Droguería Perfumería Pérez Labarta (1837), que también cerrará en breve en el Ensanche, y la frutería As Delicias de Preguntoiro, que echó el cerrojo hace solo unos días.

Los negocios centenarios están casi exclusivamente en el casco histórico, y precisamente esta ubicación juega en contra de los propietarios que no son dueños de los locales de sus negocios. El fin de las rentas antiguas y la falta de previsión para negociar una revisión de los alquileres también supuso el cierre de algunos negocios casi centenarios que no podían asumir la subida.

A la lista de los centenarios del sector comercial se unen establecimientos del sector hostelero con una larga historia a sus espaldas. En la lista de los fundadores de la Asociación Hostelería Compostela (1977) están los restaurantes Suso, Camilo, Fornos, Castro, Giadas, Paz Nogueira, pensión México, Los Robles, Derby, Moure, O Rei do Bocadillo, Coruña, Gato Negro, Sant Yago, Tokio, Fina, DJ, A Charca, El Puente, Fonseca, Terra Nosa, Tarelo y Tambre. De todos, el veterano fue durante mucho tiempo El Asesino. Ahora su puesto es para el Paz Nogueira.

Paz Nogueira: «En su origen se vendían unos zapatos y también se ponían unas tazas de vino»

Eduardo Paz Nogueira está al frente del restaurante más antiguo de Santiago y en el que aún se conserva parte de la casa que su ancestro levantó allá por el año 1840. En sus orígenes, el actual restaurante Paz Nogueira comenzó siendo ultramarinos y bazar, al estilo de los comercios que aún pueden encontrarse en muchas aldeas gallegas. «Tan pronto se vendían unos zapatos como se ponían unas tazas de vino o se vendían unas patatas, y también se servían preparadas», explica Eduardo. En sus primeros años, el Paz Nogueira era un ultramarinos, de los que había «a patadas en Santiago», aunque en su caso estaba situado en una zona muy alejada de la ciudad, en dirección de salida hacia Ourense. El local se convertía casi en una parada obligatoria para los que se iban de viaje, y era el lugar de avituallamiento de los vecinos del barrio. Incluso se vendían artículos para carpintería, y el terreno posterior llegó a acoger corridas de toros.

Al frente del restaurante está la quinta generación de los Paz Nogueira. El tatarabuelo de Eduardo dejó su legado al bisabuelo del actual propietario, y de ahí fue pasando a las siguientes generaciones. «Hace unos 60 años que es solo restaurante», comenta Eduardo, y también, por entonces, se separó el estanco, que pasó a ser un negocio independiente del hostelero.

El relevo generacional, clave para la continuidad de los comercios centenarios Los negocios más antiguos de Compostela

Poco a poco, el negocio fue creciendo, y se ampliaron las edificaciones para acoger un restaurante más amplio, con comedores para celebrar banquetes o comidas de grupos numerosos. La zona donde actualmente está la barra del bar eran, en tiempos, las cuadras y el almacén. Durante muchos años, el Paz Nogueira era prácticamente el único establecimiento con las dimensiones necesarias para acoger grandes banquetes de empresas y de ceremonias.

Somos tradición, somos Santiago 

Jorge Riande

El comercio tradicional lleva años luchando contra la adversidad, contra la liberalización de los horarios comerciales y las consiguientes ventajas competitivas para las grandes superficies impuestas en los cambios normativos propugnados por nuestra clase política.

Formamos parte de nuestro modelo de convivencia, de nuestra cultura europea y somos el gran dinamizador de los centros urbanos de nuestros pueblos y ciudades. Con un servicio personalizado y directo, aportamos calidad de vida e importantes beneficios a la ciudadanía, que no quiere renunciar a ser algo más que meros consumidores.

A la vez, formamos parte de nuestro patrimonio cultural, social y empresarial. Creamos empleo estable y somos el sector donde encauzan su esfuerzo muchos hombres y mujeres que inician una actividad emprendedora.

Es capital autóctono, en muchos casos fruto del ahorro familiar, y el beneficio empresarial suele reinvertirse en nuestras ciudades. Por el contrario, el capital de las grandes cadenas, y de las operadoras on-line, suele ser foráneo y los beneficios cruzan fronteras en provecho de otros. Además somos garantes de la libre competencia y el control de los precios, al estar el comercio tradicional constituido por multitud de pequeñas empresas, unas cuatro mil en la ciudad de Santiago.

Con la justificación de la libertad de empresa y la libertad de elección del consumidor, se han venido adoptando medidas a favor de otros formatos, que han venido proliferando y transformando los hábitos del consumidor. Con esas enormes ventajas competitivas con que cuentan los grandes de la distribución, el comercio tradicional ha venido sufriendo importantes envites que ponen en peligro su supervivencia.

El Centro Comercial Abierto, y en concreto el de Compostela Monumental, es una fórmula que propicia la modernización del pequeño comercio y su viabilidad. Esta estructura comercial exige de un nuevo modelo de urbanismo comercial, de una mayor cultura asociativa entre comerciantes y mayores vínculos de colaboración con las distintas administraciones, y la utilización de nuevas tecnologías y de nuevos instrumentos financieros para mejorar nuestra competitividad comercial.

Es mucho el esfuerzo que Compostela Monumental y sus asociados vienen haciendo en defensa del pequeño comercio, en defensa del empleo y en defensa de la calidad de vida de todos nosotros. Al fin y al cabo, además de negocios tradicionales, somos santiagueses.

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