La cara y la cruz de Clesa

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Dos realidades conviven en la planta láctea de Caldas tras la aplicación del ERE extintivo

11 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Jesús Recio y Teresa Campos, ambos de Vilagarcía, compartieron durante más de dos decenios trabajo en la fábrica de Clesa en Caldas. Desde el pasado miércoles representan la cara y la cruz que vive la plantilla. Él figura entre los cuarenta empleados que de momento siguen dentro, mientras que ella está en la lista de los despedidos.

Pese a esa situación laboral diferente, sus sentimientos son parecidos. El viernes coincidieron en un acto simbólico a las puertas de la planta de Saiar impulsado por un grupo de trabajadores que están en la calle y que fue secundado por compañeros que no recibieron la carta de despido. Tanto Teresa como Jesús señalan el potencial de la factoría láctea y remachan que las víctimas son «todos los obreros». Para ellos, los responsables son tres: «Nueva Rumasa, los administradores concursales y la dirección de la planta de Caldas». Jesús lo dice y Teresa asiente mientras comparten un café en el hotel Sena y acceden a contar su caso a La Voz.

Pese al difícil horizonte, su corazón les dicta que todavía hay margen para la esperanza. Ese último tren para Clesa y para ellos se llama Feiraco. «Es un proyecto y eso ya es ilusionante. Si después fracasa ya dependerá de otros factores», reflexiona Jesús. Teresa tiene claro su deseo para el 2012: «Que entre Feiraco y si no es Feiraco otro inversor, pero que sea bueno y no coja la planta para cerrarla». Ambos están en una edad complicada para pensar en reciclarse laboralmente y señalan que el ERE extintivo presentado por los administradores es una decisión que hay que acatar, aunque echan de menos otras formas.