«O meu marido sabía que era a hora de xantar porque escoitaba chegar o 'Shanghai'»

En la estación de Ribadavia, donde ya no se venden billetes en las taquillas, una vecina tomaba el tren al mediodía para pasar el Fin de Año con su hijo


Ourense / La Voz

En la estación de ferrocarril de Ribadavia, mirando a lo lejos, se divisaba este martes un manto de niebla en el horizonte. Como si quisiese ocultar la presencia de la parada y las taquillas a los ojos del tren. Pero la venta de billetes como tal ya no existe allí. La localidad de O Ribeiro es una de las ocho que ADIF ha incluido en el mapa de estaciones donde se suprimirá la venta física —Guillarei, Redondela, O Carballiño, Sarria, Ortigueira, Burela y Viveiro son las otras siete—, para su sustitución por máquinas de autoventa o la adquisición del tique en el propio vehículo.

Poco después del mediodía, asomó por la esquina de la estación Mercedes González, de 80 años. Su hijo, que vive en Vigo, se empeñó en que no pasase el Fin de Año sola. Y ella, que ahora reside en Arnoia tras media vida en Alemania y otra media en Ourense, cogía el tren de las 12.28 casi de sorpresa. «Pensan que non vou», dice con una sonrisa. Era la única persona aguardando allí. «Agora xa non hai xente. Pero hai pouco tempo, aínda que non a houbese, abríanche as portas da oficina e podías estar dentro se querías», dice.

El frío golpeaba con fuerza a la orilla de las vías mientras Mercedes esperaba al «Shanghai». «Así é como o chamaba o meu marido. El sabía que era a hora de xantar porque o escoitaba chegar», dice en alusión al tren que llegará en breves momentos a la parada. En aproximadamente 90 minutos la esperan un nieto de 16 años y otra de cuatro. Y ella explica una de las razones por las que las estaciones comarcales del tren mueren poco a poco: «Antes non había tanto coche». Y ella, por su diabetes, agradece la tranquilidad de no tener que lanzarse a la carretera.

El viaje express de Nati y Martín

Mercedes se despidió y, a dos vagones de distancia, bajaron Nati Montañez y Martín Gil junto a sus dos hijos. También son vecinos de Arnoia y venían de Ourense. «Pero lo hemos cogido de forma circunstancial», explican. Suelen ir en su vehículo particular a la capital e indican que «la gente ha perdido el hábito y parece que el tren no se ve como una alternativa».

A la hermana pequeña el billete le costó dos euros. A los padres, 3,30. El viaje desde Ourense les llevó aproximadamente 20 minutos, pero no parecían el tiempo ni el precio dos de los motivos por los que apenas se veía gente en la estación, sino más bien el hecho de acostumbrarse al volante. «Mi padre suele ir al dentista cada cierto tiempo y va en tren, porque no conduce y no le queda otra», explicaba Nati.

«É un servicio do Estado, público, non está para gañar cartos»

C. Andaluz

Los vecinos de O Carballiño y Ribadavia llevan meses sin personal de venta en sus estaciones de tren

Ha pasado mucho tiempo desde que la estación de O Carballiño era un punto de referencia de la red ferroviaria gallega. Los recuerdan los mayores del lugar que ahora utilizan los andenes para los paseos diarios. A la eliminación de muchas conexiones  regionales se ha unido desde el mes de agosto el cierre de la ventanilla de  venta de billetes. Este sábado, a mediodía, las puertas exteriores estaba cerradas. Los usuarios de pequeña distancias compran los billetes una vez montados en el tren. Los que hacen viajes largos tienen un teléfono de referencia -anunciado por carteles dentro de la estación- o lo hacen ya vía Internet. «Xa hai tempo que non hai personal aquí. É unha desgraza, non hai nada. Al final esto sigue abierto porque hay jóvenes que tiene que ir a estudiar a Santiago. Bueno, y algún mercancías» explica un José Luis Cibeira vecino que pasea por la zona. Antonio Rodríguez afirma resignado: «Alguien tenía que hacer algo, la Xunta tendría que solucionarlo, preocuparse. Vamos a menos.¿Ahora qué haces?». Enrique Mosquera también se encuentra paseando por la zona: «Usan o tren os chavales que van para Santiago. Ven un tren que parece calquera cousa... Nos seus tempos viñan trens cargados de sacos de cemento de animais, de todo... Pero agora van catro. Nin sequera queren que andemos moito par aquí. Agora só queda que fagan disto un centro para vellos».

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«O meu marido sabía que era a hora de xantar porque escoitaba chegar o 'Shanghai'»