Tadashi Yanai, el Amancio Ortega nipón

El fundador de la empresa Fast Retailing, propietaria de la firma Uniqlo, aspira a convertirla en la primera compañía textil del mundo antes de jubilarse


Para nada le importa que lo comparen con Amancio Ortega. Es más, lo considera «un honor, debe de ser tan tozudo como yo». Y es que sueña «con superar a Inditex». «No importa cuánto tarde». Y en ello anda trabajando. Está ya presente en diez países europeos, incluida España, con 90 establecimientos repartidos por el Viejo Continente. No es otro que Tadashi Yanai (Ube, Japón, 1949), el fundador de la empresa Fast Retailing, propietaria de la firma de moda Uniqlo, que quiere convertir en la primera firma textil del mundo antes de jubilarse. Fácil no es.

Nacido en el seno de un hogar humilde, ha relatado el propio Yanai en más de una entrevista que eso de trabajar no le atraía demasiado cuando era joven. Hijo de una ama de casa y un sastre, su obsesión en los años mozos era la de no acabar trabajando en el negocio de su padre, en los bajos de la casa . Lo tenía difícil. Era hijo único. Pero lo intentó. Por eso puso pies en polvorosa rumbo a la Universidad Waseda de Tokio nada más terminar la educación secundaria. Por aquel entonces se pasaba las horas muertas escuchando jazz, jugando al mah-jong (un juego de mesa chino), y empapándose de la cultura estadounidense. Siempre ha sentido fascinación por ella. Y veneración por el inglés. Se licenció en Ciencias Económicas y Políticas, en 1971. Su primer trabajo, vendiendo utensilios de cocina y ropa de hombre en un supermercado de la cadena Jusco. Vender, dice él, siempre se le ha dado bien. Como para ponerlo en duda, visto lo visto.

Pero aquel sueño de mantenerse alejado de la sastrería familiar no le duró mucho al joven Yanai. Un año después de acabar la carrera fue reclamado por su progenitor. No le quedó otra que regresar. Pero ya se sabe que no hay mal que por bien no venga. Es gracias a eso, a que supo aprovechar la palanca que le proporcionó el negocio de su padre -tanto que acabó convirtiéndolo en una multinacional-, que hoy Yanai es el segundo hombre más rico de su país y ocupa el puesto 31 en el ránking de las mayores fortunas del planeta, con un patrimonio de 41.300 millones de dólares, según Forbes.

Tras la jubilación de su padre, en 1984, y una vez solo al frente de Ogori Shoji, que así se llamaba la empresa familiar, Yanai puso rumbo al estrellato. Por aquel entonces, la vieja sastrería de la que tanto había huido en su día se había transformado ya en una cadena de 22 tiendas. Y el joven perezoso de antaño se había sacudido la desidia, y tenía bien trazado su plan. Ese mismo año abrió sus puertas en la tristemente famosa Hiroshima la primera tienda de la marca que lo haría multimillonario. Uniqlo fue el nombre que eligió: acrónimo de unique clothing, ropa singular. Y unos años más tarde, en 1991, cambió el nombre de la empresa familiar por el de Fast Retailing, un guiño a las cadenas de comida rápida. A mediados de los noventa ya contaba con un centenar. Hoy son más de mil.

Casado y con dos hijos, ambos directivos de la compañía que pilota su padre, es Yanai un apasionado del golf. Hasta la médula. Posee dos grandes campos en Hawái y uno mini en el interior de la mansión de más de 16.000 metros donde vive en Shibuya, el distrito comercial de Tokio. Con eso, se lo digo todo. Optimista por naturaleza, no es el empresario nipón de los que se amilanan con los fracasos. «La gente se toma sus errores demasiado en serio. Hay que ser positivo y creer que lo lograrás la próxima vez. Si quieres tener éxito en los negocios, no puedes tenerle miedo al fracaso», afirma en su biografía: One win, nine losses (Un éxito, nueve fracasos). Es de los que caen y se levantan.

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