El corralito que asfixia un país

Alicia Medina BEIRUT / LA VOZ

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Alicia Medina

La situación límite de la economía, con la deuda pública alcanzando ya el 155 % del PIB y el acceso a depósitos limitado a 200 dólares a la semana, ha desencadenado un estallido social en Líbano

02 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Sentados en la acera, padre e hija observan a los manifestantes descargar su ira contra el Banco Central. Bachar Raad emigró a Arabia Saudí hace una década con el objetivo de ahorrar para la universidad de su hija Yara. Ella planeaba comenzar la carrera de veterinaria este año, pero ambos saben que sus ahorros pueden desvanecerse. «¿Dónde está mi dinero? Son solo números en una pantalla», protesta Bachar. Y es que Líbano sufre un corralito desde el estallido de la revolución en octubre. El hombre no puede sacar más de 200 dólares a la semana.

Sobre Líbano se cierne la tormenta perfecta: crisis monetaria, bancaria y de finanzas públicas. La agencia de calificación Fitch prevé incluso la bancarrota del Banco Central, ya que estima sus reservas en 28 billones de dólares y sus obligaciones en 67 billones. Una quiebra cocinada a fuego lento desde 1990. La factura de reconstruir el país tras la Guerra Civil (1975-1990) disparó el gasto público, pero las inversiones de capital no reactivaron la economía. Sibylle Rizk, directora de políticas de Kulluna Irada, un colectivo activo en las protestas actuales, explica que en los 90 el déficit público era «insostenible, pero se decidió incurrir en más deuda».

Para estabilizar la economía, en 1997 se estableció un cambio fijo con el dólar (1 billete verde a cambio de 1.507 libras libanesas) que ha evitado la depreciación de la moneda local y atraído capital, pero es también el talón de Aquiles del país.