Y tú... ¿Qué quieres ser de mayor?

Nunca es tarde para plantearse esta pregunta porque la vida profesional es larga y el mercado de trabajo actual, volátil, en buena medida por el impacto de la revolución tecnológica. La Voz reúne a varios protagonistas de reinvenciones laborales, buscadas o directamente inevitables


Redacción / La Voz

El próximo miércoles se celebra el Día Internacional de los Trabajadores, una jornada reivindicativa cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX. La definición básica de trabajador, persona que realiza una función a cambio de un salario, aplicaba entonces y aplica ahora. La evolución de la sociedad y de la economía va, sin embargo, modelando los matices: su mentalidad, sus anhelos, sus motivaciones, sus requisitos. La reciente crisis ha desmontado lo que se consideraban verdades escritas en piedra. Como que «ser fijo» en una empresa privada era para toda la vida. El paradigma ha cambiado al extremo de que cada vez serán más frecuentes carreras profesionales trufadas de cambios, de saltos en el pasado considerados incluso hasta inverosímiles. Las reinvenciones de trabajadores pasarán a ser el día a día del mercado de trabajo y no una suerte de exotismo.

A ello contribuirá también la automatización de los procesos de trabajo, una transición que pondrá en la picota empleos que, se creía, solo podían ejecutar la mente y las manos humanas. El procesamiento masivo de datos (big data) irrumpe en las empresas y las soluciones de inteligencia artificial se vuelven imprescindibles para extraer valor de ellos. El 80 % de los jóvenes españoles ejercerán profesiones en un futuro próximo que aún están naciendo o acaban de nacer, según el Observatorio para la Era Digital. Otro estudio sobre los efectos de la automatización y robotización en el mercado de trabajo, realizado por la consultora estadounidense McKinsey, prevé que para el 2030 hasta el 14 % de los trabajadores mundiales tengan que cambiar de ocupación. 

Pero más allá de los retos que supongan las máquinas inteligentes, el nuevo perfil de trabajador ya se escribe en tiempo presente y equivale a movilidad, flexibilidad, creatividad y aprendizaje constante. Son las habilidades de este tiempo. El Observatorio de las Ocupaciones, un área del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) dedicada a analizar tendencias en el mercado laboral, señala la importancia de que «los trabajadores diversifiquen sus competencias para aumentar su polivalencia y favorecer su movilidad entre diferentes sectores y actividades». El cambio o la predisposición a él, parece pues, inevitable.

Así las cosas, bien sea por cuestiones emocionales o directamente profesionales, en el tablero del mercado laboral muchos deciden que no quieren o pueden seguir jugando con las cartas que les repartieron. Buscan una nueva baza y construyen de nuevo su jugada.

Gestión emocional

Una transición de carrera, un cambio en la vida profesional, es un proceso con aristas. Para empezar, no tiene por qué ser voluntario. Una persona desempleada puede verse obligada a un reenfoque profesional para aumentar sus probabilidades de encontrar trabajo. Y, siguiendo en esta línea, quizá se produzca por sorpresa, porque la empresa prescinde del empleado y este entra en un proceso de reubicación, conocido como outplacement, que puede suponer un cambio significativo. «Lo primero que hacemos es trabajar la parte emocional, porque están resentidos o hipersensibles, se ponen a hablar y lloran», explica Alejandra Mosteiro, socia gerente de Extend y coach sénior ejecutiva. Su trabajo continúa por ayudarles a conocerse, a descubrir sus habilidades, sus valores y sus sueños. «En ese momento de parón algunos descubren que llevan veinte años haciendo algo que no es su pasión», argumenta Mosteiro. 

Pero incluso cuando se descubre una vocación y el cambio es voluntario, el proceso es duro a nivel emocional. «Tras el subidón inicial pueden llegar el miedo, las dudas y la tristeza -completa Ainhoa Mallo, directora de Cowalking- porque te tienes que despedir de lo que eras y te preguntas: ‘¿me van a reconocer?’». El desapego, llegados a este punto, es una de las principales barreras.

Decidir «con sentidiño»

Más allá de lo emocional, es fundamental reflexionar sobre las posibilidades reales que se tienen. «Podemos soñar, pero con sentidiño, haciendo un estudio de mercado y detectando, si la hay, la brecha de aprendizaje», recuerda Alejandra Mosteiro. Los profesionales de la reorientación laboral ayudan a elaborar el llamado triángulo del talento, que «mezcla lo que te apasiona, lo que haces bien y lo que está demandando el mercado; en medio está el talento que puedes monetizar», explica Mallo. También hay que meditar sobre las consecuencias económicas del cambio. «Pensar cómo vas a estar cubierto ese año que vas a opositar, formarte o montar una empresa -puntualiza Alfonso Dans, psicólogo y coach- porque en base al tiempo y los recursos que tengas, podrás llegar o no». 

Un alto porcentaje de las personas que deciden dar un cambio radical a sus vidas profesionales, especialmente las que superan los 40 años, terminan emprendiendo, bien por decisión propia o bien porque las empresas les cierran las puertas. «En general, se buscan profesionales que tengan unos conocimientos especializados; si los tienen da igual si antes ha tenido otra especialización, pero esto rara vez ocurre», explica José Luis Gugel, director de The Key Talent. En España hay más dificultad para esta transición y, en opinión de Ainhoa Mallo, se debe a que sigue existiendo un análisis tradicional de los currículos, por lo que es recomendable tratar de transferir habilidades ya adquiridas hacia la nueva profesión, aunque esta sea diferente. Detrás de la persona que se reinventa hay una experiencia valiosa, por lo que, realmente, no parte de la casilla de salida. En la nueva partida llevará un as bajo la manga.

«O somos unos locos o unos valientes, una de esas cosas»

Carmen López-Coronado. Diseñadora de joyas

Licenciada en Filosofía Inglesa y con un máster en Educación, la coruñesa Carmen López-Coronado daba clases particulares cuando su hija enfermó, hace ocho años. Aquel contratiempo la obligó a tomar una decisión radical: lo dejó todo por cuidarla. «Me quedé fuera de la sociedad, mi hija ni podía ir al instituto y yo estaba con ella en casa, ayudándola a sacar sus estudios», relata. Así pasaron los años hasta que, en diciembre del 2017, descubrieron la causa de la enfermedad.

Desde entonces, su hija empezó a mejorar y el pasado septiembre dejó A Coruña para ir a la universidad. Para Carmen, con 53 años, había llegado el momento de hacer lo que le gustaba, una revelación que había tenido de forma casual. «Un día acompañé a mi hermana a ver el piso que se había comprado y estaba lleno de retales de un diseñador que había vivido allí. Empecé a trabajar con ellos, a probar, porque siempre he sido muy creativa», explica la coruñesa. El resultado de aquellas pruebas es lo que ha bautizado como art jewelry (joyas-arte): anillos y pendientes elaborados de manera artesanal, únicos y exclusivos.

Hace meses que enseña sus creaciones en Instagram, pero todavía no las vende porque se ha estado formando en cursos de emprendimiento. «Hacer un estudio de mercado, márketing, técnicas de venta, redes sociales... Ten en cuenta que paso de la enseñanza y de estar en casa muchísimos años a querer vender y tengo cero contactos», comenta Carmen, quien, con una mezcla de emoción y miedo, está convencida de seguir adelante en esta aventura. «Los que queremos emprender somos unos locos o unos valientes».

«Con 48 años el mercado ya no contaba conmigo»

Fernando Bourgon y Gemma López. Creadores de Inmersia

Fernando Bourgon y su mujer, Gemma Pérez, se quedaron en paro de forma consecutiva. Él llevaba 14 años trabajando en multinacionales del sector de la automoción, buena parte de ellos en Madrid. Pero cuando prescindieron de él ya vivía en Galicia, adonde se trasladó con su familia porque la empresa que lo empleaba le ofreció ser delegado de zona. «Pensaba que desarrollaría allí toda mi carrera profesional y descubrí que cualquiera puede encontrarse en la calle por muy buen profesional que sea», explica Bourgon.

Apenas un año después, su mujer también se vio sin trabajo. Su primera reacción fue continuista, buscar oportunidades en el mercado laboral. Pero se encontró con una dura realidad. «Con 48 años, el mercado ya no cuenta contigo, hay alternativas más baratas», lamenta. Fue entonces cuando el matrimonio recuperó un antiguo sueño. Aunque la idea inicial que albergaban era poner en marcha un parque recreativo más tradicional, Gemma revisó el concepto. Tras un estudio de mercado y la búsqueda de la financiación necesaria, acaban de inaugurar en Vigo Inmersia, el mayor centro de ocio de realidad virtual de Galicia. Su intención es llevar sus servicios también al ámbito empresarial, aprovechándose de las múltiples aplicaciones que ofrece la VR.

Aunque le hubiera gustado en su momento seguir en el sector de la automoción «por estar acomodado», ahora no lo echa nada de menos, ya que «vives con mucha tensión», afirma. Aconseja a todos los que pasen por una situación similar «que mantengan la calma y hagan un buen plan de negocio, siempre hay una oportunidad».

«También se disfruta de la incertidumbre»

Alberto Maimone. Elaboración y venta de licores

Alberto Maimone está camino de su reinvención profesional. El cambio que valora a sus 30 años de edad, sin embargo, no supone abrazar su pasión, sino quizás alejarse de ella. «Hay un momento en la vida en que tienes que dejar de divertirte y hacer lo que tienes que hacer», afirma resignado. Dejar de divertirse es dejar el laboratorio, la investigación. Ingeniero metalúrgico de carrera, se graduó en su país natal, en Venezuela, trabajando siempre en el área de I+D. «Comía en 15 minutos para volver rápido al trabajo, disfrutaba muchísimo», cuenta Maimone.

En septiembre del 2018, a su novia le concedieron una beca de la Xunta y se mudó a A Coruña. «Busqué oportunidades aquí, pero el tema de la investigación está un poco cerrado en España», lamenta. Uno de sus posibles giros profesionales implicaba emprender, y así lo decidió, para lo cual ha estado formándose. El proyecto en el que se ha embarcado se centra en la elaboración y comercialización de licores.

La curiosidad por este universo le viene del máster que hizo en Venezuela o, mejor dicho, de las reuniones que montaban los viernes por la tarde. «Acompañábamos esas discusiones con bebidas alcohólicas y algunos empezamos a interesarnos y a crear nuestros propios licores», explica Maimone, que ha hecho cursos de coctelería y mixología. No sabe dónde le dejará su reinvención pero tiene claro que, pese al miedo, está dispuesto a paladear esta etapa. «También se disfruta de la incertidumbre ?advierte?, lo importante es recordar que, sin importar a lo que te dediques, llevas en la mochila todas las herramientas y aprendizaje acumulado».

«Descubrí que mis sueños ya no eran lo que quería»

Alfonso López Alonso. Cocinero y bloguero

Tenerlo todo y ponerlo en riesgo por hacer realidad un sueño puede sonar romántico, pero ocurre. En ocasiones ocurre. La clave está en qué significa ese todo para cada uno y en cómo cambia su significado con el tiempo. «Viajaba, estaba bien incentivado, tenía un buen sueldo, coche, beneficios de empresa... Vamos, lo que sueñas cuando estudias la carrera ?relata Alfonso López?, pero luego me di cuenta de que no era lo que quería». Formado en Informática de Gestión y en ADE, cuando acabó los estudios trabajó de comercial, muy a su pesar. Después, sin embargo, consiguió un empleo que le encantaba, llevando grandes cuentas en una multinacional del sector del papel. Un puesto aparentemente seguro y perfecto que dejó de forma voluntaria a los 39 años para dedicarse a tiempo completo a su gran pasión: la cocina.

Alfonso López puso toda su energía en el blog que había creado con su novia, Recetas de Rechupete. En sus comienzos, él cocinaba, grababa, escribía, y lo que hiciera falta. Un aprendizaje constante, incluso en la parte que creía dominar, la de comercial, la de colocar su producto en el mercado. «Pasar del offline al online supone mucha diferencia, toca aprender conversión, redes sociales, foto, vídeo y hacer nuevos contactos», confiesa el gastrónomo.

Aunque el primer año fue muy intenso, hoy admite, satisfecho, que tiene menos estrés que en cualquiera de sus anteriores trabajos. «Tenía una falsa seguridad, porque en una multinacional eres un número y a la mínima te echan a la calle. Ahora estoy viviendo mi sueño», concluye. Tenerlo todo, para él, ha resultado ser caminar para alcanzarlo. 

«La familia no acaba de encajarlo, les he roto los esquemas»

Adriana Cortés Pinzón. Monitora de meditación y reiki

Adriana Cortés define a su yo del pasado como «una periodista de esas de sangre, que buscan la exclusiva». Venezolana de nacimiento, trabajó para el diario El Nacional coordinando las páginas de Economía y formando parte del área de investigación. Como parte de aquel equipo escribió el libro Montesinos: su derrota en Venezuela, profundizando en una figura política que desató un profundo conflicto diplomático entre Venezuela y Perú. Justo después de publicar ese libro, decidió tomarse un año sabático. Se mudó a Barcelona para descansar y estudiar un máster en Literatura, dos proyectos que llevaba tiempo posponiendo. Dejar la efervescencia de la redacción la situó frente a sí misma. Y lo que vio en el espejo la golpeó: «Encontré un vacío personal importante. Tenía una vida idílica y no sabía cómo gestionarlo», explica.

Ese sentimiento se agrandó cuando se mudó a A Coruña y el período sabático se fue extendiendo. Comenzó entonces una búsqueda personal que la puso en contacto con una nueva afición: la práctica y el estudio de la meditación y el reiki. «Llegó de forma casual, mediante lecturas, vía racional», relata Adriana. Era solo el principio de su renacimiento profesional.

Volvió a vivir del periodismo, ahora en Galicia, pero ya no era lo mismo porque «mi amor al periodismo me estaba fallando», confiesa. Cuando el trabajo la agobiaba, sus nuevas aficiones eran el balón de oxígeno. Finalmente, en el 2012, y a lomos de la crisis en los medios de comunicación, dejó el trabajo de forma voluntaria a los 42 años. Y aunque nunca lo había visto como un medio de vida, empezó a llegarle mucho trabajo haciendo meditación y reiki. «Es una historia muy loca, mis amigos de Venezuela y mi familia, que me conocieron como la periodista, no dan crédito, les he roto los esquemas», cuenta Adriana entre risas. Con la perspectiva que dan siete años en una nueva profesión, asegura, contundente, que no echa de menos el periodismo, aunque sí escribir. Y en un futuro es posible que una sus dos mundos profesionales, el viejo y el nuevo, de alguna forma.

No buscó el cambio; ahora lo celebra. «Estaba tan centrada en el periodismo que no me daba cuenta de lo que necesitaba a nivel de vida. Me encanta lo que hago ahora y creo que, combinado con la medicina convencional, es un gran apoyo para las personas». Destila, además, agradecimiento hacia el que ya es su hogar. «Se lo debo todo a Galicia», admite. 

«Tenía dinero, pero no estaba contento con mi vida»

Ramón Zelada Tomé. «Coach» nutricional

Las historias de reinvención profesional son, en buena parte, historias de autoconocimiento. Hay un viaje personal que lleva a conectar con vocaciones. Y en muchos casos ese viaje se inicia cuando la persona (su cuerpo, su mente, o ambos) llegan a un punto de no retorno. Traductor intérprete de formación, Ramón Zelada dedicó siete años a este sector. Después dio el salto al mundo de la moda como comprador. Trabajó en Galicia, vivió una temporada en Japón y acabó en París como jefe de compras. «En aquel trabajo tenía dinero y un buen puesto, me gustaba, pero no estaba contento con mi vida; pasé muy malos momentos a nivel físico y emocional», confiesa. Con 33 años dejó el empleo y empezó un camino hacia su propio bienestar que lo llevó a reconectar con la naturaleza y, a través de ella, consigo mismo.

Hizo voluntariado en varias granjas ecológicas de Francia, aprendiendo sobre agricultura sostenible y hierbas medicinales, lo que despertó en él un interés sobre la alimentación y la salud. Se planteó varias formaciones pero nada terminaba de encajarle. «Dietética me parecía muy limitado y Nutrición o Medicina eran demasiado largos», cuenta Zelada. En un viaje a EE.UU., una prima suya le habló del Institute for Integrative Nutrition, un centro americano que imparte formaciones de nutrición desde una visión integradora. Y decidió formarse para ser coach de salud integral. «Es una persona que te acompaña, te asesora y te ayuda a realizar cambios en tu estilo de vida y alimentación para que tu día a día se transforme en mejoras para tu salud como perder peso o paliar síntomas de ciertas enfermedades», explica. Hace un año consideró que estaba preparado para poner en marcha su propia consulta como health coach en su ciudad, A Coruña. Entre el coaching, los talleres de cocina y las charlas, ha conseguido vivir de ello. Su familia siempre le ha respaldado, con las lógicas preocupaciones acerca del dinero. «Lo que nadie te dice es que puedes vivir con dinero pero amargado. Aunque ahora no gano ni de lejos lo que ganaba, tengo una vida más relajada y estoy más contento».

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