Los trabajos del futuro quieren personas aún más humanas

Cerca del 35 % de los puestos de trabajo de España son susceptibles de ser automatizados; curiosidad, creatividad, habilidades sociales y gestión emocional serán competencias clave en la cuarta revolución industrial

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Redacción / La Voz

Ya ha ocurrido más veces. Hay un cambio en el paradigma industrial. Empiezan a desaparecer empleos. Que son sustituidos por otros. Aun así, son estos, los actuales tiempos, revolucionarios. El mundo se enfrenta a la que ya ha sido bautizada como cuarta revolución industrial. Las máquinas toman el control. La automatización de los procesos y la inteligencia artificial van a transformar radicalmente el mercado laboral tal y como lo conocemos. Así que, ante el imperio de la tecnología, los humanos tienen que hacerse más humanos.

Cuatro de cada cinco escolares ejercerán en profesiones que todavía no se han inventado. El informe McKinsey calcula que la mitad del tiempo de trabajo podría ser realizado por máquinas inteligentes, y según un informe de Price Waterhouse Cooper, cerca del 35 % de los empleos en España son susceptibles de ser automatizados. No todos. Hay habilidades que no pueden sustituir las máquinas. Y sobrevivirán aquellas profesiones que requieren, sobre todo, creatividad e interacción humana.

«Hay como tres grandes vendavales». Como un gran cambio climático es como define Jordi Serrano, miembro del Future for Work Institute y de la Fundación Factor Humà, el cambio industrial que está operando en el mundo. El primer temporal es la deslocalización; el segundo, la automatización. El tercero, la polarización del mercado al que llevan las plataformas como Uber o Deliveroo, que cambian la manera en la que trabajamos. «Para el perfil poco cualificado, llevan a un escenario de precariedad, y para el más cualificado, todo lo contrario».

El factor excepción

Sí, el factor creativo es la clave. Las máquinas, por el momento, funcionan muy bien con las rutinas, pero es en las excepciones en las que fallan. En la resolución de situaciones complejas, en las que no existe una causa efecto. Es lo que Alfons Cornellà, especialista en innovación, denomina «la capacidad del doctor House». Ante una situación excepcional, «analizar la situación, el entorno, y a partir de ahí determinar un diagnóstico que es el conjunto de mucha información y experiencia previa».

¿Se nace creativo? ¿Es un don? ¿Es una aptitud que puede aprenderse? «Creo que todo el mundo tienen exactamente la misma creatividad», explica José Ramón Méndez, director de la Escola de Deseño Industrial de Ferrol. Porque no es más que «la gestión del conocimiento que tienes». Lo que ocurre es que algunas personas ponen más barreras para acceder a ella. «La gran diferencia es que ahora no se trata de buscar soluciones, sino de buscar los problemas». La escuela ferrolana se enfrenta desde hace un tiempo a un cambio sustancial en la formación de los titulados. ¿La clave? «Recuperar los elementos más básicos de la capacidad creativa». Por eso, los estudiantes están aprendiendo cómo funcionan los modelos matemáticos detrás de las plataformas informáticas con las que trabajan. Porque «detrás de todo proceso creativo está exactamente el mismo lenguaje».

El debate ya no se centra tanto en la desaparición de empleos como en la necesidad de «habilidades elevadas». Lo aclara Serrano: un dependiente, por ejemplo, ya no solo atenderá en la tienda, sino que tendrá los datos de las interacciones de cliente en la tienda. Quizá un trabajador de un almacén, más que a trabajo físico, se dedique a asuntos relacionados con el inventario. El empleo no desaparece. Pero requiere otras habilidades.

No solo la creatividad. La lista de competencias para el mercado laboral del futuro es amplia. Arranca por la curiosidad. Por la necesidad de seguir aprendiendo, de estar al día. «Curiosamente, nunca mejor dicho, las personas con menos formación y más abocadas al empleo precario son las menos curiosas, y deberían ponerse al día», dice Jordi Serrano, que apuesta por un perfil profesional en forma de T, o lo que es lo mismo, tener conocimiento de varios temas y una especialidad.

Pensamiento crítico

A la creatividad y la consecuente inteligencia colectiva -capaz de captar todas las fortalezas de los trabajadores- se suma también el pensamiento crítico, el autoconocimiento y la flexibilidad y resiliencia. Y las habilidades sociales. Interaccionar, ya sea con los miembros de la misma empresa como con los clientes, es otra de las capacidades clave para un nuevo mercado laboral que, todo sea dicho, está aún por descubrir. No en vano, son varios los estudios que insisten en que más del 85 % de los futuros puestos de trabajo que se implementarán con la cuarta revolución industrial aún no han sido inventados. Las competencias para tener éxito en ese territorio inexplorado, sin embargo, llevan siglos acompañando a los humanos.

«No es que la máquina te sustituya, se trata de que aumente tus capacidades»

T. Montero
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Alfons Cornellà, especialista en innovación y fundador de Infonomía, cita el estudio de McKinsey al inicio de la conversación para ilustrar que si cualquier trabajo humano se divide en 20 o 30 actividades, la mitad pueden ser realizadas por máquinas. Así que prácticamente todo el mundo se enfrentará a que una parte de su trabajo será automatizado. Pero solo unos pocos trabajos serán completamente automatizados. Un 5 %.

-¿Cuál es la capacidad clave que hay que desarrollar?

-La capacidad de trabajar con máquinas. No se trata de que la máquina te sustituya, sino de que aumentes tus capacidades con el uso de una máquina. La principal competencia que habrá que desarrollar es la capacidad de usar máquinas para aumentar el valor que damos al conjunto de la sociedad. Para mí, el cambio importante es este.

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«El flujo emocional, hay que usarlo en beneficio común y no bloquearlo»

T. Montero
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Los ambientes de trabajo están comprimidos y las cosas se amplifican. Por eso es necesario la presencia de profesionales que sepan canalizar de manera positiva el flujo emocional. Lo explica Julio González Morandeira, vocal del grupo de Psicoloxía do Traballo del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, que trabaja en un equipo nacional que estudia precisamente eso, la gestión emocional en las empresas.

-Hasta hace poco lo deseable era que los sentimientos se quedasen en la puerta del trabajo.

-Efectivamente, esto era así porque se partía de un concepto que se llamaba disociación instrumental. Pretendía preservar dos cosas. Una, el cumplimiento de las funciones estandarizadas que se esperaban de un determinado puesto, y dos, ser una especie de defensa del trabajador para no verse implicado emocionalmente.

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