«El flujo emocional, hay que usarlo en beneficio común y no bloquearlo»


Redacción / La Voz

Los ambientes de trabajo están comprimidos y las cosas se amplifican. Por eso es necesario la presencia de profesionales que sepan canalizar de manera positiva el flujo emocional. Lo explica Julio González Morandeira, vocal del grupo de Psicoloxía do Traballo del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia, que trabaja en un equipo nacional que estudia precisamente eso, la gestión emocional en las empresas.

-Hasta hace poco lo deseable era que los sentimientos se quedasen en la puerta del trabajo.

-Efectivamente, esto era así porque se partía de un concepto que se llamaba disociación instrumental. Pretendía preservar dos cosas. Una, el cumplimiento de las funciones estandarizadas que se esperaban de un determinado puesto, y dos, ser una especie de defensa del trabajador para no verse implicado emocionalmente.

-En cambio, ahora es imprescindible la gestión emocional.

-Las modalidades anteriores estaban más ligadas al trabajo individual y no se trabajaba tanto en equipo, no se tenía tanta conciencia de la organización en su conjunto. Ahora las organizaciones buscan competitividad, eficiencia, y valores nuevos que antes no se valoraban, como por ejemplo la creatividad. Las nuevas formas de trabajar son aprovechar las sinergias de esos equipos, trabajar en la motivación, la resiliencia, la capacidad de sobreponerse a los fracasos... De ahí viene el cambio de modelo: en vez de bloquearlo, el flujo emocional es mejor utilizarlo en beneficio común. Ese concepto de bienestar dentro del entorno laboral es algo que hay que trabajar, porque viene de que sepas que tus derechos laborales están protegidos, que estás adecuadamente ubicado en la organización y se te valora por tu conocimiento y tu capacidad profesional, que entre los compañeros tienes una consideración, que hay un programa de soporte que te ayudará...

-¿Cómo se puede avanzar en esa gestión emocional?

-Hay teóricos que establecen incluso una serie de graduaciones. Por ejemplo, como primer paso conocerse a uno mismo, cuáles son los puntos débiles y fuertes. Una segunda pregunta es cómo uno es capaz de gestionar sus emociones. El siguiente nivel es la motivación. El quinto es la empatía, ponerse en el lugar del otro, que ayuda a graduar el flujo emocional.

-¿España se queda atrás en el cambio de paradigma?

-Es un camino y en él estamos todos. Hay compañías que esto lo han asimilado antes. Compensa a empresas que tienen competidores muy fuertes y que están en mercados globalizados donde las economías de escala hacen que esas pequeñas diferencias que se consiguen gestionando mejor los equipos y las emociones se conviertan al final en beneficios en la cuenta de resultados.

Ahora las empresas buscan competitividad, eficiencia y valores nuevos»

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«El flujo emocional, hay que usarlo en beneficio común y no bloquearlo»