El agotamiento de la virtud

Julio G. Sequeiros CATEDRÁTICO DE ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA UNIVERSIDADE DA CORUÑA

MERCADOS

GUSTAVO RIVAS

Entre el 2012 y el 2018, la economía española logró sentar las bases de un crecimiento sólido gracias, en buena medida, al excelente comportamiento del sector exterior, la creación de empleo y una inflación contenida, un escenario desconocido para el país. Ocurre que en el último tramo del año pasado, el superávit por cuenta corriente se redujo a menos de la mitad y el déficit comercial se duplicó, un deterioro que podría obligar a nuevos ajustes para hacer frente a los elevados niveles de deuda.

17 mar 2019 . Actualizado a las 05:10 h.

La crisis económica del 2008 y siguientes modificó sustancialmente el patrón de comportamiento de la economía española. La inflación ha dejado de ser un problema, el precio de un dólar sigue relativamente estable sobre los ochenta céntimos de euro y los desequilibrios externos de nuestra economía han desaparecido casi por arte de magia. La mala noticia es que el viejo problema de la tasa de desempleo sigue ahí, el déficit público se resiste a ser controlado y los volúmenes de deuda flirtean con lo insostenible. En estos cambios de conducta, un tema muy representativo es la relación de la economía española con su exterior y el cómo esta relación se ha transformado radicalmente.

Con anterioridad a la entrada en el euro, en las etapas en las cuales la economía española crecía, tarde o temprano se acababa desequilibrando el sector exterior. El mecanismo era sencillo. Un mayor crecimiento aumentaba las importaciones (tanto bienes de consumo como de inversión, por ejemplo, automóviles y tractores) y en este escenario llegaba un momento en el que ya no era compensable con las exportaciones (mercancías, turismo, remesas de los emigrantes, etc.). La solución era inmediata. Frenar las importaciones incrementando los aranceles, encareciendo las divisas extranjeras (devaluando la peseta), incrementar también los tipos de interés para reducir la demanda interior, etcétera... Habitualmente, una combinación de todas estas medidas de ajuste tenía como resultado una ralentización del crecimiento, hasta que se recuperara el equilibrio en la balanza de pagos. El sector exterior era el que marcaba el techo y el ritmo de la economía española, con sus ciclos de expansión y ralentización, que se sucedían los unos a los otros.

Con la entrada de España en la Unión Europea y, años más tarde, en la zona euro, el esquema anterior pierde vigencia. La economía española es una parte dentro de un todo, en otras palabras, una economía regional para la cual las principales magnitudes económicas son un dato que viene determinado desde el exterior: tipos de interés, aranceles frente al exterior, tasa de cambio del euro frente a otras monedas...