La economía echa el freno lastrada por el sector exterior y el consumo

Tras cuatro años creciendo al 3 %, el PIB de España podría cerrar el 2018 con un avance de entre el 2,7 y el 2,8 %, por debajo de lo previsto. Los expertos hablan de ralentización, no de cambio de ciclo; el proteccionismo, el alza del crudo y la política monetaria explican esta nueva etapa

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Redacción / La Voz

Si la economía española tuviese a un médico al frente, algo así como un galeno con voz y voto para regir sus destinos, no sería descabellado que anduviese con la mosca detrás de la oreja. La salud de su hipotético paciente aún es buena, pero empieza a mostrar señales de cierta debilidad. La pérdida de fuelle del sector exterior y de un pilar como el turismo, la caída de la tasa de ahorro de unas familias que han echado el freno al consumo y el descenso de la producción industrial han tenido ya su impacto sobre el producto interior bruto (PIB), que en el segundo trimestre del año avanzó, sí, pero algo menos que en el primero, un 0,6 por el 0,7 % precedente. Los expertos lo tienen claro: la economía española ha iniciado una senda de moderación del crecimiento en la que influyen varios factores. Las tensiones internacionales derivadas de la ola proteccionista, la desaparición de los vientos de cola por el final de las políticas expansivas impulsadas por el BCE para salir de la crisis, un petróleo que cotiza al alza...

¿Es preocupante esta nueva dinámica? Diana Posada, economista de Analistas Financieros Internacionales, cree que por el momento no hay que pulsar las alarmas. «Es una desaceleración que ya esperábamos, pero es verdad que tiene mayor intensidad de la prevista. No hay señales todavía de agotamiento dentro del ciclo o de riesgos inminentes que puedan provocar una ruptura de la actividad. Hay que pensar que la economía española lleva creciendo a tasas próximas al 3 % casi cuatro años».

De la misma opinión son Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña, y Miguel Vázquez Taín, profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Santiago. Ambos coinciden en que se trata de una fase de moderación del crecimiento que se traducirá en la pérdida de una o dos décimas respecto de la previsión inicial. Si en el arranque del año se estimaba un avance del PIB en la frontera del 3 %, el ajuste actual sitúa el incremento entre el 2,7 y el 2,8 %. Ninguno ve señales inquietantes que lleven a pensar en un brusco cambio de ciclo, pero sí identifican incertidumbres que podrían desencadenar turbulencias a medio plazo si no se despejan.

En realidad, en julio pasado la Comisión Europea dio la primera voz de alerta al contener la euforia de los meses precedentes: rebajó del 2,9 al 2,8 % la previsión de repunte del PIB español para este año. El anuncio tenía su enjundia porque en mayo el Banco de España había dejado entrever la posibilidad de mejorar sus expectativas para el 2018 y el 2019 por el impulso fiscal que, a su juicio, iba a introducir el proyecto de presupuestos. Lo cierto es que el anuncio del regulador español quedó en agua de borrajas y desde que Bruselas llamó a rebato, entidades como el Ceprede o Funcas han ido ajustando a la baja sus estimaciones a la vista del nuevo escenario que confronta la economía española.

crudo, tipos, proteccionismo

Un marco en el que González Laxe visualiza tres factores de riesgo: el encarecimiento del petróleo, el auge del proteccionismo comercial, «que genera incertidumbre y eso en economía es peligroso sobre todo en un momento en el que las cadenas de distribución son globales», y, por último, el endurecimiento de las condiciones monetarias. «El BCE no está comprando deuda pública y eso encarece el precio del dinero. Y dada la avidez de los fondos de inversión, que son los que captan todo el ahorro... La suma de estos tres factores se traduce en una desaceleración», argumenta.

El sector exterior es, de todos los componentes del PIB, el que más se ha resentido. En el segundo trimestre del año restó dos décimas al crecimiento, algo que no había ocurrido en los diez años anteriores. «Estamos asistiendo -precisa Diana Posada- a un deterioro no solo de la economía española, sino también de los países de nuestro entorno y nosotros somos muy dependientes de lo que ocurre en Alemania o Francia». Ambos estados representan los dos mayores mercados para los productos españoles, pues acaparan el 25 % de las exportaciones totales del país, más de 70.000 millones de euros anuales, según los datos del Ministerio de Economía.

Pero las señales de cambio no solo se han dejado notar en el sector exterior. El alza del consumo interno, el otro pilar que ha sustentado este período de bonanza económica, cayó bruscamente entre el primer y segundo trimestre del año, medio punto en concreto, un descenso que para los analistas resulta del todo revelador en un momento además en el que el ahorro de las familias se ha desplomado. Entre enero y marzo, los españoles apenas destinaban a la hucha cinco de cada 100 euros disponibles, la tasa más baja desde el año 2007.

En este punto, Miguel Vázquez Taín introduce una variable que podría agrietar aún más la aportación del consumo interno al crecimiento del PIB: la incertidumbre política por la que atraviesa el país. Sostiene el profesor de la USC que su principal inquietud en este momento orbita alrededor de cómo el escenario político podría afectar a la evolución de la economía española. «No me preocupa tanto la desaparición de los vientos favorables porque creo que la economía mundial está mostrando resiliencia a esas nuevas incertidumbres. Pero sí me preocupa la incertidumbre política que tenemos a nivel interno porque eso tiene repercusiones en nuestra economía», admite.

Vázquez Taín teme que la necesidad de forjar alianzas políticas lleve al Ejecutivo central a asumir premisas económicas de difícil encaje en el contexto actual. Y no tanto este ejercicio -«creo que vamos a terminar bien el año porque los presupuestos van a impulsar cierto dinamismo interno»-, como a partir del que viene. «Me preocupa que este Gobierno, con las necesidades que tiene, empiece a ceder en determinados ámbitos en los que a los agentes económicos les van a saltar todas las alarmas», alerta.

Galicia, volátil

Y en este escenario... ¿Qué ocurrirá en las tierras de Breogán? Fernando González Laxe explica que la economía gallega «es muy volátil porque nuestras bases productivas son muy escasas: textil, automoción, agroalimentario... Son muy poquitas por lo que cualquier variación en ellas nos afecta mucho, ya sea en comercio exterior o en la inversión que se realiza aquí, que es muy escasa porque no somos atractivos a la hora de captarla».

El catedrático de la UdC es crítico con las políticas seguidas en los últimos años y advierte de que «hace tiempo que deberíamos haber cambiado nuestro modelo productivo, pero seguimos insistiendo en ayudar a empresas de dos trabajadores a implantar tecnología en vez de centrar los esfuerzos en lograr que nuestras empresas ganen tamaño, que es realmente nuestro reto», concluye.

Miguel Vázquez Taín precisa en este sentido que la economía gallega es muy dependiente de lo que ocurre en el conjunto del Estado, por lo que prevé que el comportamiento a corto y medio plazo sea simétrico. «Esa incertidumbre nacional seguirá siendo una sombra para Galicia porque las grandes decisiones se toman en Madrid», arguye.

«Esperábamos esta desaceleración, pero es verdad que tiene más intensidad de la prevista»

Las exportaciones restaron dos décimas al PIB en el segundo trimestre, un fenómeno inédito en 10 años

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