Apple, Samsung y la mariposa china

La desaceleración de la economía del gigante asiático ha hecho que caigan notablemente las ventas de «smartphones». La competencia viene de las compañías tecnológicas de Shenzhen


Redacción / La Voz

«El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». El célebre proverbio origen del concepto efecto mariposa sirve para explicar lo que está pasando con Apple y Samsung, dos de los grandes gigantes tecnológicos de nuestro tiempo. La primera era hasta hace poco la mayor empresa cotizada del mundo (ahora ha sido superada por Amazon, Microsoft y Alphabet, la matriz de Google), con un valor en bolsa de 700.000 millones de dólares. La segunda sigue siendo el mayor fabricante de smartphones del planeta, con una cuota del 18,9 %, aunque en claro descenso y sintiendo el aliento de Huawei en la nuca.

Ambas estrenaron el año anunciando una reducción de ingresos derivados de unas ventas menores de lo esperado inicialmente, tendencia que se va a mantener en el 2019. Y aunque muchos analistas se apresuraron a explicar que estos dos tótem de la tecnología de consumo han perdido su karma y por eso están cayendo sus cifras, las razones de este declive son mucho más prosaicas. La mariposa china tiene la culpa.

Claro que no hablamos de un pequeño lepidóptero, sino de la segunda economía global y de un mercado de 1.395 millones de personas, es decir, cerca de la quinta parte de la población mundial. Y esta economía se halla en plena desaceleración y con el fantasma de una recesión a la vista, lo que ha hecho que, entre otras muchas cosas, en China haya caído la venta de móviles. Ese y no otro es el auténtico problema de Apple y Samsung.

Al mismo tiempo, el irresistible ascenso de las compañías del gigante asiático está suponiendo una competencia muy dura tanto para la marca de la manzana como para la surcoreana. En seis años, Huawei ha pasado de una cuota de 4 % al 13,4 % en el mercado de smartphones, desbancando a Apple y situándose en segunda posición. Y Xiaomi (que ha subido del 1 % al 8,5 %) es la cuarta en el ránking. Oppo se sitúa quinta y ya hay otras reclamando su pedazo de la tarta, como OnePlus.

La estrategia de estas firmas ha sido diversa: mientras Huawei se internacionalizó muy pronto, otras han esperado a ver los resultados antes de decidirse a abrirse al mercado europeo, además de ganar tiempo para resolver posibles conflictos de patentes (la legislación de la UE no es tan laxa en esta materia como la china). Xiaomi se implantó en economías emergentes como la India o Brasil antes de empezar a colonizar el continente europeo, pero cuando lo ha hecho su avance ha sido imparable: a finales del 2017 desembarcaba con su primera tienda física en España y hoy ya tiene 35 puntos de venta en nuestro país, incluyendo uno en A Coruña.

La percepción global que se transmite al usuario y consumidor es que las marcas chinas están al alza, sus dispositivos son atractivos y ofrecen las mismas o parecidas especificaciones que los de las dos compañías premium, pero a precios mucho menores. Y esto explotará el día en que Estados Unidos decida levantar el veto a Huawei y ZTE, otro de los monstruos tecnológicos con base en Shenzhen.

Pero volvamos a Apple y Samsung. ¿Realmente lo están haciendo tan mal? A los de Cupertino se les acusa de llevar siete años viviendo de rentas, es decir, de la herencia de Steve Jobs, fallecido en el 2011. La sensación es que han dejado de innovar y que Tim Cook se ha centrado en la facturación, aunque lo cierto es que Apple sigue marcando tendencia. Ahí están el notch (la muesca en la pantalla para ubicar las cámaras y sensores de reconocimiento facial) y otras funcionalidades que han sido adoptadas por la competencia. La diferencia es que sus rivales antes tardaban años en implementarlas y ahora lo hacen casi al mismo tiempo.

Escalada de precios

La escalada de precios tampoco ha ayudado. El iPhone XS, el más avanzado, ya supera por mucho la barrera de los mil euros: parte de 1.159 y llega hasta los 1.659 euros del XS Max de 512 GB. El iPhone XR, que viene a ser la versión low cost, cuesta 859 euros. Demasiado para unos bolsillos que miran de reojo otra crisis en ciernes, lo que ha obligado a lanzar una especie de plan renove (sensibles descuentos a cambio de entregar el teléfono viejo).

 Apple también está perdiendo la batalla de los asistentes virtuales. Su Homepod es el altavoz con mejor sonido, sin duda, pero cuesta seis veces más que el Echo Dot de Amazon. Alexa y Google Home se están imponiendo en esta carrera y en el pasado CES de Las Vegas se pudo ver claramente: la compañía de Jeff Bezos tiene acuerdos para meter a Alexa en dispositivos de gaming (Razer), televisores (LG) y hasta automóviles, a través de sistemas de navegación como Pioneer Smart Sync.

En cuanto a Samsung, aunque ha conseguido recuperarse del batacazo que supuso el batterygate del Note 7, ha perdido su capacidad de sorprender. Sus smartphones apenas varían de un año a otro y pretender equipararse a Apple les está pasando factura: en las gamas medias y bajas sus precios son superiores a los de otras marcas, a igualdad de especificaciones; y en los terminales premium, modelos flagship o de referencia como el Galaxy S han hincado la rodilla ante las series P y Mate de Huawei, o los MiMix de Xiaomi.

Tampoco le van bien las cosas a Samsung en el mercado de los televisores, donde se han quedado fuera de la apuesta por la tecnología OLED (frente a LG y Sony), lanzando confusas alternativas como el QLED o el MicroLED. Aunque, en este campo, todavía se beneficia de la integración de su plataforma Smart TV, considerada como el sistema de referencia por fabricantes de aplicaciones y proveedores de contenidos en streaming.

En cualquier caso, la compañía de Seúl es un conglomerado que abarca finanzas, construcción, biotecnología, seguros y otros negocios en el sector servicios, así que el futuro de la multinacional no está en entredicho por una merma de sus ingresos en el nicho de la tecnología. Apple, por su parte, lleva años procurando que su modelo de negocio no dependa solo del iPhone. El apartado «otros» (en el que se incluyen los gigantescos beneficios derivados de la App Store) cada vez tiene más peso, no hay que despreciar tampoco el valor de sus patentes y en la actualidad está desarrollando su propio servicio de televisión a la carta. Aunque la mariposa china les haya hecho temblar, no son gigantes con pies de barro.

China, un país de «early adopters»

Imbuidos de nuestra fatua superioridad occidental, todavía pensamos en China como si fuera un cliché, ese país inmenso, de cultura milenaria, tradicional (una característica que nosotros tendemos asociar con atraso) y que «algún día dominará el mundo», pero no acabamos de creernos que ese día llegará. Y lo que pasa es que ya no podemos conjugarlo en futuro, porque ese día ya ha llegado.

Una de las razones del milagroso y espectacular desarrollo del gigante asiático en las últimas décadas -además de la política de ‘un país, dos sistemas’ que han aplicado los dirigentes del Partido Comunista desde la muerte de Mao Zedong- es la rapidez con la que introducen las novedades. Los chinos son los early adopters del planeta Tierra, no tienen miedo a probar cualquier cosa por extravagante que parezca, ni mucho menos a impulsarla. Ese es el motivo de que allí el papel moneda, al igual que el dinero de plástico, sea ya un vestigio del pasado porque desde hace años la mayoría de la gente paga con el móvil; o de que hayan convertido un pueblo de pescadores, Shenzhen, en el nuevo Silicon Valley.

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