China, un país de «early adopters»


Imbuidos de nuestra fatua superioridad occidental, todavía pensamos en China como si fuera un cliché, ese país inmenso, de cultura milenaria, tradicional (una característica que nosotros tendemos asociar con atraso) y que «algún día dominará el mundo», pero no acabamos de creernos que ese día llegará. Y lo que pasa es que ya no podemos conjugarlo en futuro, porque ese día ya ha llegado.

Una de las razones del milagroso y espectacular desarrollo del gigante asiático en las últimas décadas -además de la política de ‘un país, dos sistemas’ que han aplicado los dirigentes del Partido Comunista desde la muerte de Mao Zedong- es la rapidez con la que introducen las novedades. Los chinos son los early adopters del planeta Tierra, no tienen miedo a probar cualquier cosa por extravagante que parezca, ni mucho menos a impulsarla. Ese es el motivo de que allí el papel moneda, al igual que el dinero de plástico, sea ya un vestigio del pasado porque desde hace años la mayoría de la gente paga con el móvil; o de que hayan convertido un pueblo de pescadores, Shenzhen, en el nuevo Silicon Valley.

La última locura salida de China son las cabinas de Ping An Good Doctor (Ping An es una compañía de seguros con sede, cómo no, en Shenzhen). Cubículos de tres metros cuadrados, con una pantalla y un banco, colocadas en la calle como si fueran un fotomatón. Cualquier persona que necesite una consulta médica puede entrar, plantear su problema y un sistema de Inteligencia Artificial realiza un diagnóstico preliminar, basándose en los datos de 300 millones de casos previos. Después, un facultativo real interviene por videoconferencia para supervisar las conclusiones del doctor virtual, y en el exterior de la cabina hay una máquina que expende los medicamentos más comunes.

En China hay solo 12 millones de profesionales de la salud para 1.400 millones de habitantes. Hace un año colocaron la primera cabina piloto y ahora van a repartir cientos de miles por todo el país. Y así, mientras aquí seguimos con las consultas y las urgencias colapsadas, y riéndonos de los bazares chinos, ellos dan un paso más hacia el futuro. Perdón, el presente.

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