¿Qué son las granjas de clics?

En China o India hay miles de laboratorios dedicados a manipular y el tráfico de las webs, un negocio muy lucrativo con serias consecuencias


Redacción / La Voz

Un simple clic, un me gusta en la red social de turno o una descarga en las tiendas de aplicaciones tienen mucho valor. Más de lo que pensamos. La burbuja que ha ido creciendo en los últimos años alrededor de Internet ha provocado que en paralelo hayan ido apareciendo toda clase de sistemas para engañar o falsear el alcance y credibilidad de empresas, desarrolladores o medios en el vasto e inmenso mundo de la red. Porque en un mundo infinito y global, hacerse un hueco y lograr captar la atención de la comunidad es todo un reto para los más pequeños, pero también para los grandes. Tras años escuchando hablar de los polémicos bots -los robots que permiten conseguir seguidores ficticios y engrosar de manera falsa las cuentas de influencers y compañías-, la ingeniería de la trampa 2.0 ha ido un paso más allá. En lugares como Rusia, China o India crecen en los lugares más recónditos lo que se conoce como Clic Farms, granjas en las que personas -hacinadas y en unas condiciones laborales cuestionables- conviven con miles de teléfonos y dedican sus horas simplemente a clicar en determinadas publicaciones, a dar me gusta a según qué perfiles o a descargarse apps.

Desde estos miles de destartalados laboratorios en los que la mayor tecnología reside en un simple móvil son capaces de decidir qué temas están de moda en Occidente o qué aplicaciones deben descargarse los ciudadanos de todo el mundo en sus móviles. Y eso es solo el principio. Porque su poder de decisión va mucho más allá. En sus manos puede estar el futuro presidente de las grandes potencias del mundo o la salida de un determinado país de alguna entidad geopolítica. «Para entender qué son las granjas de clics lo primero que hay que entender es el valor que tiene precisamente un simple clic», sentencia Elena Neira, experta en márketing online y redes sociales y profesora de Estudios de Comunicación en la Universidad Oberta de Cataluña.

La experta explica que, en el caso del mercado de productos tangibles o físicos, era la propia oferta y la demanda la que iba gestionando la capacidad de venta y de aparición de nuevas empresas, pero el mundo de Internet se rige por unas leyes completamente diferentes a las que había hasta ahora: «En la red, como la capacidad es infinita y hay mucha información y muchos contenidos, los clics se convierten en algo realmente valioso dentro de este ecosistema. Desde que Internet giró hacia la cultura algorítmica, se monitoriza absolutamente toda la actividad de los ciudadanos y los clics, los likes y demás comportamientos ponen en valor y destacan determinados contenidos que los algoritmos consideran importantes». Precisamente esa es la función de estas granjas modernas. Desde estos lugares desperdigados por toda China o India se manipulan estos datos para decidir qué publicaciones deben interesar a la gente: «La visibilidad o el alcance de una determinada publicación en redes tiene mucho que ver con la velocidad de reacción que tiene la gente ante ella. Si una determinada publicación o página web genera muchas reacciones en un corto espacio de tiempo, Facebook, Google y los demás gigantes de la red entienden que es algo muy interesante y cuando alguien entre en sus páginas será lo primero que les muestre», relata Neira.

Las grandes empresas de Internet tienen ahora un nuevo reto. Después de poner remedio a la treta de los bots, ahora tiene que poner remedio a algo mucho más complicado de detectar: «Cuando hay gente real, con móviles reales con una dirección IP es imposible saber si se trata de un clic de una granja o de un usuario que reacciona de manera espontánea».

El sistema que dirige el funcionamiento de Internet está en jaque. Las granjas de clics ponen en duda la transparencia de la red y demuestran que es posible manipular hasta los más sesudos algoritmos. Hay quien asegura que detrás de la victoria de Donald Trump hay mucho trabajo salido directamente de estos laboratorios. «Manipular la credibilidad o el éxito de una página es manipular directamente el sistema. Con un Internet totalmente transparente y orgánico, para las empresas es una auténtica condena que la gente no las vea y no sepa que existen, por eso hay mucha gente que está dispuesta a pagar a estas granjas de clics para obtener una mayor visibilidad, están dispuestas a falsear para conseguir lo que quieren», asegura Elena Neira, que además advierte que estos sistemas -pensados para manipular la popularidad- son imposibles de regular: «Es economía sumergida, negocios ilegales con gente que trabaja de una forma muy precaria. Son prácticamente indetectables».

ILUSTRACIÓN: MABEL RODRÍGUEZ

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