«Quedó claro que no somos ilegales»

El pesquero gallego sigue faenando en el caladero africano después de ser exculpado de practicar pesca ilegal


redacción / la voz

José Antonio Vicente y su tripulación del Alemar Primero permanecieron retenidos durante dos semanas en el puerto de Neves, en la república africana de Santo Tomé y Príncipe, como sospechosos de pesca ilegal. El viernes fueron exculpados de haber cometido tal delito y el domingo zarparon, pero no para regresar a casa, como seguramente les habría gustado, sino para continuar en aguas de ese país el trabajo que quedó interrumpido el día 6.

José Antonio coge el teléfono del pesquero gallego a las cuatro de la tarde (en Santo Tomé son dos horas menos). Están en plena faena y concede apenas de dos minutos para explicar cómo vivió la pesadilla. «Nos trataron bien, pero estamos muy quemados, porque fue todo muy calmado, muy lento», resume.

El patrón del palangrero de A Guarda suspira aliviado al recordar que fueron exculpados y que incluso les habían pedido disculpas por las dos semanas perdidas de trabajo y por las sospechas vertidas sobre ellos. «Les metieron en la cabeza que éramos ilegales y al fin quedó claro que no», subraya. José Antonio Vicente se refiere seguramente a los activistas de la organización ecologista Sea Shepherd, que, junto al Gobierno de Gabón, vecino de Santo Tomé, tiene en marcha una campaña de vigilancia de las aguas del golfo de Guinea en su lucha contra la pesca ilegal.

El día de autos, el sábado 6, subieron a bordo del Alemar en compañía de autoridades militares de Santo Tomé, a fin de realizar una inspección de las capturas. Hallaron tintorera azul, familiar del tiburón, y se armó el follón. El argumento utilizado para retener al barco fue que esa especie no estaba incluida en el acuerdo pesquero que mantienen Santo Tomé y la Unión Europea. El pacto es para la captura de túnidos y afines y el quid de la cuestión estaba precisamente en ese último «afines».

Nueve años del acuerdo

La Comisión Europea dedicó las dos semanas en que permaneció retenido el Alemar a intentar convencer al Gobierno de Santo Tomé de que afines incluía los escualos y que debía liberar al pesquero comunitario. El acuerdo en vigor entre el país y la Unión no es ni mucho menos reciente, data del 2007, y la flota gallega lleva casi tres décadas faenando en esas aguas, tal y como confirmó hace unos días el presidente de la organización de palangreros guardeses (Orpagu), Joaquín Cadilla.

José Antonio confiesa que cuando le llegó la comunicación de que eran libres «tuve mis dudas» de que pudieran zarpar sin más al fin. Fue así, y sin sanción por pesca ilegal, pero el patrón del palangrero avanza que hay otro expediente abierto contra ellos por falsificar la declaración de entrada en aguas de Santo Tomé. «Creo que hubo que presentar algún tipo de aval, pero tienes que preguntarle al armador», explica el marinero guardés. El armador es su padre, José Bernardo Vicente Lomba, que posee solamente un barco, el Alemar.

A la tripulación -hay dos gallegos, José Antonio y el jefe de máquinas- aún le queda por delante un mes de trabajo en el caladero de Santo Tomé. Dentro de 25 o 30 días, el barco descargará las capturas (pez espada, fundamentalmente) en Namibia, donde tiene la base de operaciones, y se producirán los relevos. Entonces, el patrón podrá descansar al fin en su hogar.

Una marea perdida

Pero, por muy bien que se dé a partir de ahora la campaña, seguramente no podrán recuperar ya las dos semanas de faena perdidas. Esos días eran la temporada de luna llena, la mejor para dedicarse a la pesquería del pez espada, una especie de superficie muy influenciada por el astro. «Esos días nos iban a arreglar la marea», confiesa el patrón.

Un error del país que le ha costado caro al armador de A Guarda

Aunque el Gobierno de Santo Tomé ha admitido su error e incluso ha pedido disculpas a la tripulación, el armador del palangrero gallego ha tenido que rascarse bien el bolsillo. La retención del barco le ha costado dinero, y no para pagar sanción alguna, sino para hacer frente a las tasas portuarias en Neves. El presidente de Orpagu calcula que esas dos semanas amarrado a puerto habrán costado unos 15.000 euros. Menuda broma para tratarse de un error. Ese dinero no incluye, claro, los salarios de los 14 tripulantes del Alemar, ni la manutención, que José Bernardo Vicente ha tenido que seguir pagando a sus empleados.

Sin hablar de la ganancia que habría obtenido el barco si hubiera estado pescando en lugar de permanecer retenido dos semanas finalmente de forma injusta. El patrón del palangrero calcula que en ese tiempo hubieran llenado las bodegas con entre 15 y 20 toneladas de pez espada, por las que bien podría haber obtenido 100.000 euros, teniendo en cuenta que el kilo de esa especie se cotiza a unos 5 euros, según Joaquín Cadilla, de Orpagu.

«Igual son costos que o armador poderá reclamar, terán que decidilo os servizos xurídicos», destacó Cadilla.

Orpagu confía en que la comisión mixta que analizará el seguimiento del acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Santo Tomé y Príncipe -que se reunirá a finales de septiembre o principios de octubre- aborde el caso del Alemar. La organización de palangreros espera que se clarifiquen del todo los aspectos del pacto. «Nos interesa ter seguridade xurídica e agora non a temos», adelantó Cadilla. El presidente de Orpagu señaló que mantienen la recomendación a sus asociados de que eviten faenar de momento en ese caladero africano entre tanto no se pronuncie la comisión mixta y se aclare la situación.

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