El negocio creciente del mal dormir: «Buscamos el efecto Amazon; si tengo hambre, como, pero no puedo obligarme a dormir»
VIDA SALUDABLE
Varios expertos analizan la efectividad de los suplementos más consumidos para descansar mejor y reconocen que, muchos de ellos, no son efectivos
01 mar 2026 . Actualizado a las 09:23 h.Carlos Egea, neumólogo y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), se percató de que el sueño se había convertido en un negocio cuando, al entrar en una farmacia, el lineal de productos destinados a mejorarlo ocupaba tanto como los enfocados en el control de peso o en el cuidado de la piel. «Cada vez que tenía que ir a comprar algo, iban aumentando los estantes. Alguien ha visto que el sueño es como el sexo, que todo el mundo quiere tenerlo mejor», apunta el también coordinador del Año Separ de los Trastornos Respiratorios del Sueño. Yendo a la base del asunto, la importancia del descanso no merece menos. Una persona que viva noventa años pasará treinta durmiendo. Al menos, eso dice la teoría, ya que se estima que cuatro de cada diez han tenido o tienen un trastorno del sueño.
Entre los motivos que lo explican, el estrés, las preocupaciones, los baches de la vida diaria. También, los malos hábitos. El consumo excesivo de cafeína, de alcohol, el tabaquismo, las cenas copiosas, el exceso de luz blanca o el mal ajuste de los horarios del día a día con los de la naturaleza, los conocidos ritmos circadianos.
La industria, consciente de ello, hace negocio. Ofrece soluciones rápidas para un problema complejo que, muchas veces, según los expertos consultados, tendría una adecuada respuesta con una mejora en los hábitos de vida. «Buscamos el efecto inmediato, el efecto Amazon. Si tengo hambre, abro la nevera y como. Si tengo sed, bebo agua. Pero si necesito dormir, ¿cómo lo hago? No puedo obligarme, tiene que haber unas circunstancias», explica el doctor Egea. Aquí empiezan muchas frustraciones que se atajan con un suplemento, un dispositivo de luz roja o, en el peor de los casos, el consumo de pastillas cronificado.
El descanso ha ido cobrando peso en una sociedad que cada vez más atiende a su cuidado personal. La gente se preocupa más de la nutrición, del ejercicio físico y del sueño. Esto, opina Celia García, coordinadora del grupo de estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), es positivo. Ahora bien, «también surge, por otro lado, el oportunismo de algunas personas que acaban haciendo un negocio de ello». La especialista explica que esto se ve aupado, en parte, por la forma de consumo: «Muchas veces, el paciente ve un antifaz, una almohada o unas bandas para taparse la boca en internet, cosas ridículas, pero como son las tres de la mañana y no puede dormir, las compra», indica.
Uno de los grandes errores para la responsable de grupo de la SEN es que, habitualmente, se piensa que una solución rápida, como tomar a diario una gominola de melatonina, puede solucionar un problema tan complejo como el insomnio. «Es algo ilógico», comenta, especialmente, porque son productos en los que la gente deposita muchas esperanzas y, también, mucho dinero.
A la par que la sociedad duerme peor, crece también —señalan los profesionales— la tendencia por primar lo natural. Complementos alimenticios, que presumen de ser «naturales», sin químicos, aunque en el fondo, el mensaje esté vacío. «El dormir mueve dinero porque mucha gente busca alternativas naturales, huyendo de lo químico. Aunque todo es química», destaca Ainhoa Álvarez, presidenta de la Sociedad Española del Sueño (SES) y neurofisióloga clínica de la Unidad del Sueño de la OSI Araba (Vitoria), quien lamenta que este rechazo se extienda, incluso, hasta la consulta. «Muchos pacientes vienen con la idea de que les vamos a ofrecer medicación y no quieren pedirnos ayuda. En realidad, lo primero que ofrecemos en nuestras unidades es la terapia cognitivo-conductual», puntualiza.
Es más, la presidenta de los expertos en sueño reconoce que, muchas veces, el afectado llega después de haber probado mil y una soluciones propuestas por su círculo de confianza, que no de especialistas. «Sucede con la melatonina, que se puede comprar de manera libre, e igual no toman la dosis necesaria o a la hora adecuada», ejemplifica. El problema crece, si cabe más, cuando todo el mundo habla del sueño. «No conozco a ninguna mujer que se tome las pastillas de la hipertensión del marido, pero sí conozco a muchas que se toman las de dormir», añade la doctora. Así, existe la idea de que este tipo de trastornos son menos enfermedad que otra.
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Del «coach» de sueño a la pasiflora, pasando por la melatonina
La doctora Álvarez, que tiene una carrera con más de veinte años de experiencia, se encuentra, una y otra vez, con la figura del coach de sueño en redes sociales. Un título autoimpuesto que, dice, «es bastante peligroso». «La sanidad tiene a gente formada, médicos y psicólogos, para atender a estos pacientes, cuando muchas veces están pagando dinerales a personas sin la preparación adecuada». En el medio, se quedan muchas veces las expectativas de la persona con insomnio, quien ve cómo su problema no se resuelve, y la creciente aparición de soluciones sin evidencia.
Las cifras del informe que la consultora Iqvia presenta cada mes desde el 2023 lo confirman. En ellos, el segmento dedicado al sueño y a la relajación no ha parado de crecer. Entre los suplementos con este fin, destaca el de la melatonina. Es una hormona natural que produce el cuerpo de todos los seres vivos, incluidas las plantas. Cuando cae el sol y llega la oscuridad, se incrementa su liberación, y a medida que avanza la noche, y llega la luz, disminuye su presencia. En España, se puede encontrar como fármaco y como complemento, este último, de venta libre. La diferencia reside en la dosis. Sin receta tiene menos de dos miligramos por cada una. A partir de aquí, es medicamento, y puede puede ser de liberación rápida, diseñado para una absorción veloz; o lenta, para que imite el ritmo del cuerpo y se libere de forma progresiva.
«Los médicos la utilizamos para dos cosas: para el insomnio y para los trastornos del ritmo circadiano, por ejemplo, un retraso de fase en personas que no se duermen hasta las cuatro de la mañana, aunque luego sean capaces de descansar ocho horas», explica la doctora Álvarez. En un caso u otro, se podrá dar a una hora u otra. El momento lo decide un especialista.
La presidente de la SES reconoce que a los médicos no les gusta la versión en complemento alimenticio. «Los fármacos tienen que estar mucho más estudiados, tienen ensayos clínicos detrás que demuestran que son eficaces. Además, tienen que estar aprobados por la Agencia Europea del Medicamento, que es muy estricta. Eso te da una confianza de que lo que le estás dando al paciente es seguro», detalla. Por el contrario, la normativa relativa al complemento dietético es mucho más flexible. Empezando, incluso, por la dosis que contiene. «Un medicamento te dice que tiene dos miligramos y la variación es muy pequeña. Pero en los complementos, esta ventana es más amplia», apunta la experta.
El suplemento también otorga una libertad a la persona que hace que, en muchas ocasiones, caiga en errores. Por ejemplo, tomárselo a mitad de la noche, «cuando no es algo que nos podamos tomar a las cuatro de mañana porque, a esa hora, la melatonina ya no tiene que estar tan alta en nuestro cerebro»; o ingerirla y, después, seguir utilizando las pantallas. «Así no estamos haciendo nada más que inhibirla. No tiene sentido», descarta la neurofisióloga.
Egea lamenta que se haya generalizado su uso, muchas veces, «recomendado por un vecino». «Como no es un fármaco, uno se lo toma como quien se tomaría unas hierbas. Pero muchas de las personas que recurren a ello no tienen indicación para tomarla ni, probablemente, les haga efecto», destaca. El problema crece, incluso más, cuando la persona la toma durante más de tres meses.
El magnesio
En los últimos meses, también ha crecido la fama del magnesio, un mineral esencial que interviene en más de 300 reacciones bioquímicas. En redes, se le atribuyen beneficios relativos a la mejora del sueño y al alivio de la ansiedad. Sin embargo, todavía no hay una recomendación oficial que los sustente. «Hay muchas formulaciones, y el primer problema con el que nos encontramos los científicos es que, al ser tan heterogéneo, es difícil sacar conclusiones finales», apunta el doctor Egea. El especialista reconoce que, teniendo en cuenta esto, las revisiones sistemáticas más recientes, que son observacionales, «encuentran que ha surtido efecto mirando atrás, es decir, cogiendo a un grupo de personas y viendo si ha funcionado». Sin embargo, no hay ninguna que hable de lo que pase después, «es decir, mirando hacia adelante». Si es beneficioso para el descanso todavía está entre interrogantes.
Medicamentos
Existen medicamentos de gran fama que, pese a ser medicamentos, no necesitan receta médica para ser adquiridos. El más popular de todos ellos contiene un principio activo llamado doxilamina, un antihistamínico de primera generación, «que llega al sistema nervioso central y ahí, produce sedación y un efecto hipnótico. Es decir, facilita el sueño», explica Eduardo Ramírez, farmacéutico del área de divulgación científica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos. Está indicado para el tratamiento a corto plazo del insomnio ocasional, no crónico y en mayor de 18 años. El divulgador insiste en la importancia de no alargar su consumo: «Como mucho, no más de una semana». En este punto, es importante hablar con el farmacéutico, primero, para ver si su consumo está indicado en el caso de cada persona, y segundo, para comprobar que no existen contraindicaciones.
Triptófano
Al echar un vistazo a algunos de los suplementos más vendidos, con un coste, por caja de vial, que oscila entre los 30 y 50 euros en función de la marca, un componente habitual es el triptófano. Se trata de un aminoácido esencial que se debe obtener mediante la alimentación, ya que el organismo no tiene la capacidad de producirlo. Es el precursor de la melatonina: «Cuando lo incluimos en la dieta y nos da la luz, nuestro cuerpo produce serotonina que, por la noche, con la oscuridad, se convierte en melatonina», explica la presidenta de la SES. Ahora bien, de aquí a consumirlo como complemento, hay un trecho. «No hay evidencia de que para el insomnio tengamos que dar triptófano. Igual lo tomas y no te hace daño, pero al final, en una dieta equilibrada, vamos a consumirlo de sobra», indica la especialista.
La miembro de la SEN Celia García reconoce que si bien la mayor parte de los complementos alimenticios no tienen grandes efectos secundarios para la población general, «porque se utilizan en dosis bajas», tampoco solucionan el problema ni se pueden ver como algo inocuo, especialmente en el caso de grupos de población vulnerables, como niños, personas de edad avanzada o con alguna patología concreta. «Son productos químicos a pesar de que se vendan como naturales y no hay que banalizarlos».
Ashwagandha
La misma conclusión se aplica a la ashwagandha, una planta adaptogénica, que suele recomendarse para mejorar el sueño y el estrés. La doctora Álvarez ha tenido pacientes que le han preguntado por ella. Sin embargo, a todos les responde lo mismo: «Por el momento, no hay suficientes estudios que demuestren que es eficaz. Y como médica, no puedo aconsejar algo que científicamente no está demostrado». Además, no solo es importante profundizar en sus beneficios, sino también en sus efectos adversos. En este sentido, Dinamarca prohibió su venta, Suecia y Finlandia están estudiando hacerlo, Países Bajos ha registrado seis casos de daño hepático tras su consumo, Polonia ha limitado su ingesta diaria y Alemania y Francia, además de advertir sobre ella, han desaconsejado su consumo en embarazadas, niños y personas con enfermedades hepáticas. ¿La razón? Que podría afectar a la glándula tiroidea, especialmente en personas con hipertiroidismo, o interactuar con otros fármacos y llegar a causar problemas hepáticos.
Y aquí reside, precisamente, el quid de la cuestión. Que haya una, dos o más investigaciones que hayan encontrado beneficios en un compuesto no es suficiente para que un médico lo recomiende. En primer lugar, porque no todos los estudios son iguales, ni tienen la misma calidad. Algunos están hechos en ratones, otros son observacionales, y otros, por ejemplo, pueden haber incluido a pocas personas. Todo esto limita la efectividad de un producto, pese a que en redes sociales parezca que pueda cambiar el mundo.
Ramírez explica que no todos los complementos alimenticios tienen el mismo nivel de evidencia. «La EFSA aprobó la declaración de propiedad saludable de que la melatonina contribuye a la reducción del tiempo para dormir. Por lo tanto, los complementos alimenticios que contienen cierta cantidad pueden reflejarlo en el etiquetado», ejemplifica. Para el magnesio, está aprobada la de que reduce el cansancio y la fatiga. «Pero claro, no tiene porqué estar asociado al sueño, aunque suele formar parte de complementos que sí tengan sustancias que se asocien», señala.
El caso de los extractos botánicos, como la pasiflora, la valeriana o la melisa, es particular. «Estos extractos botánicos pueden formar parte de medicamentos, y como para añadirlos a los medicamentos se aporta mucha más información y se necesita una autorización, podemos decir que ayudan al sueño», comenta el divulgador farmacéutico. Es algo que se sabe. La cosa cambia y es más desconocida al hablar de suplementos, «porque su efecto para a ser fisiológico y suelen llevar menos dosis, aunque un mínimo de asociación sí se cumple», apunta el experto.
¿Y la luz roja?
El uso de la luz roja por la noche ha ganado adeptos este último año después de que el futbolista del Atlético de Madrid, Marcos Llorente, hablase de sus beneficios y fundase una empresa que las vende. ¿Es realmente efectiva? Respuesta negativa, al menos, con la literatura científica que hay hasta el momento. Respecto al sueño, hay aspectos que son de sobra conocidos. El primero, que exponerse a la luz blanca, con un alto contenido en la banda azul del espectro, por la noche hace que el cerebro lo interprete como que es de día por su alto parecido a la luz natural. «Esto hará que se retrase el momento de poner en marcha mecanismos de somnolencia, de la secreción de la melatonina», explica María Ángeles Bonmatí, profesora en el Departamento de Anatomía Humana y Psicobiología en la Universidad de Murcia e investigadora principal en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria.
También se sabe que, por esta razón, y a medida que la oscuridad gana terreno en el ritmo natural del día, es mejor que la iluminación se vaya haciendo más cálida y tenue. «Pero no hace falta que sea una luz roja, sino que elimine esa parte tan azulada del espectro». De hecho, según la investigadora, la iluminación roja puede llegar a ser incómoda, ya que la percepción cromática se pierde.
Precisamente, y aquí viene el tercer punto clave para el descanso en este sentido, lo que mejor ayuda a conciliar el sueño es la oscuridad. En otras palabras, la investigadora defiende que la luz roja aquí no beneficia, como tampoco lo hace una luz cálida, sino que es la ausencia de la luz blanca lo que acaba marcando la diferencia.
Mantas pesadas
Las mantas pesadas se han popularizado en redes sociales porque, según sus fabricantes y usuarios, reducen la ansiedad y ayudan a dormir mejor. En esta segunda parte, podrían tener parte de razón. Algunos estudios encontraron datos positivos. «Parece que pueden tener cierto efecto pero, igual, no hace falta gastarse el dinero en una manta pesada, sino ponerse dos o tres», señala Bonmatí en referencia a la venta que, en ocasiones, se hace sin sentido.
El peso de pensar que va a funcionar
El sueño tiene un importante componente psicológico debido al efecto placebo. «Si yo me tomo una pastilla de melatonina, que igual la lleva pero a dosis muy bajas, pero me hace creer que mi sueño va a mejorar es muy probable que lo haga», cuenta Bonmatí. Es más, el estrés por el simple hecho de dormir, el agobio y la preocupación que, muchas veces, genera el insomnio acaba provocándolo. «Al hacer algo por lo que, además, nos cuesta un dinero, creemos que tiene que funcionar. Pensar que uno está haciendo algo de beneficio para su descanso ya te predispone a una relajación», añade la especialista.
El sueño, en muchas ocasiones, encuentra solución en la mejora de hábitos. El problema es que modificarlos es complicado: «Es más sencillo tomar una pastilla antes de dormir que hacer un cambio en el estilo de vida. De eso se nutren estas soluciones mágicas y, por eso, tienen tanto público», cuenta la investigadora. Cuando una persona duerme mal, pese a hacerlo todo bien, debe consultar con un médico especializado. Si el descanso es algo tan complejo y, en parte, desconocido, los abordajes deben estar a la altura.
¿En qué se diferencia un complemento nutricional de un medicamento?
Un medicamento no tiene nada en común con un suplemento. Primero, por definición y por naturaleza. «Los complementos están destinados a complementar una dieta normal; tienen fuentes concentradas de nutrientes u otras sustancias», resume el área de divulgación científica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos. Por el contrario, el medicamento es un conjunto de sustancias destinadas al tratamiento o prevención de enfermedades en seres humanos, y ejerce acciones farmacológicas, inmunológicas o metabólicas.
En segundo lugar, está su regulación. «Se mueve en el ámbito de la seguridad alimentaria. Con lo cual, son un conjunto de normas, de reglamentos, de reales decretos, que son transversales, dependiendo del tipo de ingrediente que sea que se añada al complemento alimenticio», precisa Ramírez. Antes o de manera simultánea a comercializarlo, se debe enviar una notificación a la comunidad autónoma en la que está instaurado el responsable. «Normalmente, se envía un ejemplar de la etiqueta que va a llevar el complemento alimenticio», indica el farmacéutico. Por ley, debe recoger aspectos importantes como son los nutrientes o sustancias, la categoría, la composición, una dosis máxima y el contenido de determinados ingredientes, «y también hay que indicar que nunca sustituya a una dieta equilibrada y dentro del etiquetado no se puede hacer referencia ni a prevenir, ni a tratar, ni a abordar una enfermedad». Además, en función de para lo que esté destinado, se añade una advertencia de dosis máxima o de otro tipo.
El medicamento está sujeto a muchos más controles de todo tipo. Desde antes de ser aprobado, hasta en el momento de hacerlo. Incluso, debe prever un plan de respuesta en el caso de que aparezcan efectos secundarios, los cuales ya deben haber sido recogidos.
Por último, se distinguen en su objetivo. «El complemento tiene un efecto nutricional o fisiológico. Nunca abordan el ámbito de la enfermedad», señala el divulgador del Consejo General de Colegios Farmacéuticos. El medicamento sí lo hace, tanto en su tratamiento, prevención como diagnóstico.