María Ángeles Moro, investigadora: «La gravedad del ictus parece ser mayor durante las últimas horas del día»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

María Ángeles Moro, investigadora.
María Ángeles Moro, investigadora.

La experta ha encabezado una investigación que detectó un factor cronobiológico determinante para la gravedad de los ictus: aquellos que se producen a última hora del día suelen tener peor pronóstico debido a la actividad del sistema inmune

30 ene 2026 . Actualizado a las 12:31 h.

Los ritmos circadianos nos gobiernan. El ciclo hormonal que regula gran parte de los procesos que ocurren en nuestro cuerpo se rige por los niveles de luz y oscuridad que coinciden, de manera aproximada, con el día y la noche. Este ciclo influye principalmente en la vigilia y el sueño pero también repercute en otras áreas de nuestra salud, como el nivel de actividad de nuestro sistema inmune. Una nueva investigación liderada por el Centro Nacional de Investigaciones Carlos III (CNIC) ha demostrado que esta actividad inmunitaria, regulada por el reloj biológico interno, tiene impacto en la gravedad de los ictus, especialmente, en aquellos pacientes que los sufren durante la noche. La doctora María Ángeles Moro, investigadora principal del proyecto y directora del Laboratorio de Fisiopatología Neurovascular del CNIC, explica cómo la hora del día condiciona el daño y el pronóstico de estos individuos.

—Su estudio ha demostrado que el ictus no es igual a cualquier hora del día. ¿Qué cambia en el cerebro cuando ocurre por la noche?

—Ya hay evidencias en la literatura que marcan que una cosa es la incidencia del ictus, que posiblemente sea mayor por la mañana porque hay picos de tensión arterial, y otra cosa es su gravedad. Tenemos evidencia que confirma que en humanos la gravedad del ictus parece ser mayor cuando este ocurre durante las últimas horas del día. En los estudios y modelos experimentales que hemos utilizado para estudiar la regulación circadiana, vimos que esto depende de los procesos de inmunotrombosis. Es una especie de trombosis que se llama así porque está regulada por células del sistema inmune, en concreto por los neutrófilos.

—¿Qué son los neutrófilos?

—Los neutrófilos son unos glóbulos blancos que participan en la respuesta inmune innata. Es una defensa que tenemos en el organismo, sobre todo contra las infecciones y los microorganismos. Ellos están preparados para dar una respuesta rápida frente a ellos con diversos procesos biológicos y uno de ellos, que es el que hemos estudiado nosotros, es la formación de lo que se llama las trampas extracelulares de neutrófilos, que por las siglas en inglés, se les conoce como NETs. Lo que hacen para defenderse de estos microorganismos es lanzar esas trampas, que son como una especie de malla de ADN con proteínas de los gránulos de los neutrófilos, que atrapan a estos microorganismos. Son unas mallas complejas. Se trata de una respuesta agresiva para defendernos de los microorganismos, pero que es también agresiva para el propio huésped.

—¿En qué se traduce esa agresión?

—En que estas NETs producen fenómenos de microtrombosis que pueden perturbar el flujo sanguíneo, sobre todo la microvasculatura, los vasos más pequeños. Esto pasa en el ictus y sabemos, por estudios en los que nosotros hemos participado anteriormente, que existen diversos tipos de neutrófilos que están regulados por varios mecanismos y uno de los más importantes es este reloj intrínseco que ellos tienen. Es decir, que en función de la hora del día, pueden tener más tendencia a formar estas NETs o no. Cuando el ictus se produce en el horario en el que estos neutrófilos tienden a formar más NETs, ese ictus va a ser mucho más grave, porque se ocluye la microcirculación que muchas veces ayuda a que el daño sea más pequeño. La perfusión, el riego de ese tejido, es peor.

—¿Qué implicaciones tienen estos hallazgos para los pacientes?

—Un hallazgo importante del trabajo ha sido algo que es muy importante para el diseño de los estudios clínicos y es algo que llevamos un tiempo proponiendo. Los estudios en humanos se hacen durante el día, cuando los pacientes acuden. Esta es la fase activa del ciclo de los humanos. Pero en ratones también trabajamos durante el día, si bien esta es, en su caso, la fase inactiva. Muchas veces nos hemos planteado si esto tiene repercusión y hemos visto que, efectivamente, la tiene. Muchos de los fármacos que hemos probado en ratones funcionan muy bien contra el ictus, pero cuando pasamos a los ensayos clínicos, fracasan. Hace unos años, se publicó en Nature un estudio que propuso que esto se debía al desfase entre la fase activa de ratones y de humanos. Nuestros datos precisamente marcan esto. Los ictus son más graves en humanos durante las últimas horas del día, pero en ratones lo son durante la mañana, también de forma dependiente de los neutrófilos.

—¿Se pueden plantear nuevas estrategias conociendo estos datos?

—Nunca sabes a qué hora se va a producir un ictus. Esono lo podemos controlar y, en ese sentido, vamos a poder hacer poco. Lo que sí nos está diciendo este trabajo es que la inmunotrombosis por neutrófilos determina de manera crucial el pronóstico final del ictus. Pero no solamente se regula por ellos, sino también por muchos otros factores. Por ejemplo, por comorbilidades, o por el riesgo cardiovascular. Todo esto puede hacer que esos neutrófilos tengan esa tendencia a producir más inmunotrombosis. Nuestro estudio demuestra marcadores muy importantes de es proceso, lo que permitiría identificar a pacientes que van a tener un ictus más grave, y marca mecanismos diagnósticos y terapéuticos, porque la inmunotrombosis puede ser tratada para disminuirla y mejorar el pronóstico. Hay una enzima, que es la DNasa, que degrada el ADN. Esta enzima es muy potente para disminuir el volumen del infarto cuando está agravado por inmunotrombosis y ya existen ensayos clínicos estudiándola en pacientes con ictus. Queremos estudiar también otros mecanismos que puedan participar en la inmunotrombosis para hallar otras dianas terapéuticas.

—¿La inmunotrombosis tiene impacto en otros contextos, más allá del ictus?

—Sí, al hacer que el riesgo sanguíneo sea peor, puede ser importante en contextos crónicos. En un paciente que quizás por su riesgo vascular vaya a tener más procesos de inmunotrombosis de forma crónica, es posible que su riego cerebral esté entorpecido y esto haga que ese paciente sea más vulnerable a desarrollar demencias. Ese es otro de los estudios que estamos desarrollando en la actualidad.

—El ictus sigue siendo una de las principales causas de muerte y de discapacidad en España. ¿Cómo valora el panorama actual en cuanto a prevención, diagnóstico y atención?

—En este sentido, el panorama es muy positivo y España es un país puntero en investigación y tratamiento del ictus. Hace unos años, un paciente de ictus, si no moría, podía quedar con unas secuelas muy graves. Ahora mismo, todos los avances que existen, tanto en el manejo agudo del ictus como también en la prevención, han hecho que disminuya muchísimo la mortalidad por ictus. Ahora existen muchos supervivientes y quizás en lo que nos tenemos que enfocar es en las secuelas. Por ejemplo, el deterioro cognitivo post ictus. Lo que necesitamos son fármacos neuroprotectores, que son precisamente los que hasta ahora no han funcionado en los ensayos clínicos.

—¿Hay diferencias en cuanto al ictus en mujeres y en hombres?

—En los procesos cerebrovasculares, en estudios que hemos hecho con la demencia, tenemos un dimorfismo sexual muy claro en el que hay mayor progresión y gravedad en las mujeres. No hemos observado diferencias significativas cuando estudiamos a mujeres y a hombres en cuanto al ictus en los estudios que tenemos.

—Se suele hablar de la evitabilidad del ictus. ¿Qué medidas preventivas destacaría?

—Los hábitos saludables, junto con la prevención de la hipertensión, que probablemente sea el factor de riesgo más importante, y la hipercolesterolemia, son fundamentales. Evidentemente, hablamos del ejercicio, de evitar el sedentarismo, de las dietas sanas y de evitar todo lo que produce hipertensión, por ejemplo, el tabaquismo. Muchas veces, lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro también.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.