Inmaculada Soto, hematóloga: «Un yeso en una extremidad aumenta el riesgo de trombosis»
ENFERMEDADES
La experta insiste en la importancia de hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada, la actividad física y evitar tóxicos como alcohol o tabaco, para reducir el riesgo
17 ene 2026 . Actualizado a las 11:42 h.Todo comienza con un simple coágulo. Esta capacidad de nuestra sangre de cuajar, que impide que una hemorragia se convierta en un problema mayor, en determinadas circunstancias puede volverse en nuestra contra. Así lo advierte la hematóloga Inmaculada Soto Ortega, Jefa de Sección de Hemostasia y Trombosis del Hospital Central de Asturias: «La patología trombótica es la primera causa de muerte en los países desarrollados». Ictus, infartos o embolias pulmonares causadas por trombosis en una vena de la pierna están entre las principales complicaciones de un proceso que empieza con esa habilidad de la sangre para formar coágulos. La experta explica cómo podemos prevenirlo, sobre todo a medida que nos hacemos mayores.
—¿Cómo se produce la trombosis?
—Una trombosis es una obstrucción de un vaso sanguíneo por un coágulo. Los coágulos se forman para que la sangre no salga del organismo, son parte del mecanismo necesario para que no nos desangremos y empecemos a perder oxígeno. El coágulo se forma cuando existe una ruptura de un vaso, para tapar ese agujero y restituir la integralidad del vaso sanguíneo para que la sangre siga circulando y el oxígeno y los nutrientes lleguen a las células que forman los órganos. Cuando la formación del coágulo se produce dentro de un vaso sanguíneo que está entero, ese coágulo se arrastra por el torrente sanguíneo y se detiene donde el espacio es inferior a su tamaño. Allí obstruye el paso de la sangre y las células a partir de ese punto sufren la falta de oxígeno. Esto produce daños celulares y en el sistema del que forma parte el órgano afectado.
—¿Qué enfermedades puede producir?
—Cuando lo que se obstruye es un vaso cerebral, se produce un ictus. Cuando es una arteria coronaria, se produce un infarto. Cuando se obstruye un vaso venoso, hay una trombosis venosa profunda o superficial. Si el coágulo es un tejido muy blando, que se puede asemejar a una mucosidad, uno de los fragmentos puede soltarse y lo vuelve a arrastrar el torrente sanguíneo a distancia de donde se produjo el coágulo inicial. Así es como se produce el embolismo pulmonar, que la mayor parte de las veces viene arrastrado de una trombosis en una vena de las piernas. Un coágulo formado a lo largo de una pared venosa es muy fácil de romper, sobre todo cuando está recién formado. La sangre de retorno lo lleva al pulmón.
—¿Qué lleva a que se produzca el coágulo?
—Es parte del funcionamiento de ese sistema fisiológico que está continuamente operando a lo largo de nuestra vida, porque continuamente estamos sufriendo microlesiones, inflamación, o infecciones que deterioran los vasos sanguíneos, producen rupturas y la sangre se coagula para repararlas. Ese sistema puede no funcionar correctamente, en función también del envejecimiento y de factores de riesgo, que son, fundamentalmente, la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad. Los llamados factores de riesgo cardiovasculares.
—¿Cómo de prevalentes son las trombosis?
—Es complicado estimar la frecuencia, porque la trombosis se diferencia según si es arterial, venosa o según la parte del cuerpo en la que se produce. Cada especialidad mira lo que le atañe. Lo que puedo decir es que la patología trombótica en su conjunto es la primera causa de muerte en el mundo desarrollado. Hay distintas manifestaciones, pero todas con ese nexo común de la formación de un coágulo dentro del vaso sanguíneo. Es tremendamente prevalente, es un problema de salud pública de primer orden.
—¿Es posible reducir el riesgo de desarrollar una trombosis?
—Existen medios para evitar que se produzca una trombosis. Estos medios están en nuestras manos y son mantener el peso ideal, tener una alimentación correcta y no fumar, ya que el tabaco es el hábito más pernicioso en cuanto al daño a las paredes arteriales y venosas, sobre todo al corazón. También, limitar el consumo de alcohol y no consumir drogas. Estas sustancias, desde el mismo momento del consumo, nos hacen daño. En cuanto a la alimentación, en general, tenemos mucha disponibilidad de alimentos y poca cultura dietética con respecto a cuánto y cómo debemos comer. En relación con la obesidad puede aparecer una diabetes tipo 2, que daña los vasos sanguíneos y es otro factor de riesgo para la trombosis. Y, por supuesto, la tensión arterial, el asesino silencioso. Controlarla no cuesta nada y es una medida muy eficaz para prevenir el daño arterial. Ese exceso de presión termina haciendo que la pared vascular se ponga muy rígida y, cuanto más rígida y más dura, más fácil de romper. Desde luego, la combinación de todos estos factores es perjudicial.
—¿Qué rol tiene el ejercicio físico en la prevención?
—Deberíamos educar a toda la población en la necesidad de movernos. No tenemos que hacer ejercicios de competición ultraexigentes, ni mucho menos. Es cuestión de moverse, evitar el coche en la medida que se pueda y caminar cuando la distancia lo permita. No es necesario pagar un gimnasio, aunque si te gusta ir, genial. Pero no es imprescindible. Lo imprescindible es moverse. No quedarse en casa, delante de la televisión o del ordenador.
—¿La genética influye?
—Hay tendencias genéticas al desarrollo de trombosis, pero es algo bastante raro. Es mucho más prevalente un factor de riesgo como la hipertensión que cualquiera de las alteraciones genéticas que contribuyen a la trombosis, al menos, las que conocemos. Además, para que se desarrolle una trombosis tienen que confluir muchas circunstancias. No todas las personas que tienen ciertos factores las van a desarrollar, pero muchas sí. La trombosis es multifactorial, se tiene que dar una tormenta perfecta para que ocurra.
—¿Qué otros factores de riesgo tienen peso dentro e esa tormenta perfecta?
—Por ejemplo, una cirugía abdominal, un yeso en una extremidad que la inmoviliza, un embarazo, son todas circunstancias que hacen a una persona más proclive. Por eso es necesario que, en el contexto de una cirugía, en el hospital se pongan las medidas de prevención adecuada con fármacos antitrombóticos. La inmovilización hace que la sangre vaya más despacio por los vasos y esto favorece la trombosis. En el embarazo, a medida que va progresando la gestación, los vasos sanguíneos pueden experimentar una trombosis. También puede haber cambios que se producen con el embarazo y que favorecen una gestación adecuada, pero que pueden aumentar el riesgo en algunas personas. Lo propios estrógenos, que pueden introducirse a través de la anticoncepción oral, son un factor de riesgo y en personas que han tenido trombosis no se recomienda su uso, así como tampoco los tratamientos hormonales sustitutivos durante la menopausia. Y en los vuelos en avión de más de seis horas, en los que mantenemos una misma postura sentado, las venas de las piernas sufren mucho y se recomienda la prevención en personas que tienen riesgo.
—¿Existe un mayor riesgo a medida que nos hacemos mayores?
—Cuando las paredes vasculares son jóvenes, se doblan y son flexibles. Cuando el organismo es más viejo, se rompen más fácilmente. Además, cuando alcanzamos cierta edad, el envejecimiento hace que la velocidad de circulación sea más lenta, ya que el corazón no tiene la misma potencia que en la juventud.
—Como profesional, ¿en qué se fija para evaluar el riesgo vascular de un paciente?
—Todos los médicos debemos conocer e identificar qué situaciones comportan un riesgo trombótico. Los cirujanos y los anestesistas tienen que saber que cuando una persona va a sufrir una cirugía de cierta entidad, tiene riesgo de tener trombosis. Los traumatólogos también tienen que saber que cuando a una persona se le pone un peso en una extremidad, hay mayor riesgo. Luego, en la historia clínica podemos ver si en la familia ha habido trombosis. Esto ayuda a estar un poco más alerta en caso de que haya una tendencia en los familiares. Si una persona tiene cáncer, tendrá mucho riesgo de sufrir lo que se conoce como una trombosis asociada al cáncer y es necesario abordar este riesgo. Esos riesgos se pueden contrarrestar en muchos casos.
—¿Qué síntomas produce una trombosis?
—Depende del órgano dañado. La persona que tiene una obstrucción en una arteria cerebral quedará con debilidad o pérdida de movilidad en un lado del cuerpo, dificultades en el habla o alteraciones faciales. En el pulmón hay dolor en el pecho y también lo que la gente llama fatiga y los médicos llamamos disnea. Es la percepción de que no está entrando el oxígeno adecuado que necesita el organismo. Cuando se obstruye una vena del sistema venoso profundo de las piernas, se hincha mucho, duele y se pone muy roja y caliente. Todo esto ocurre cuando da síntomas, pero una trombosis puede no dar síntomas. Es entonces cuando es más peligrosa, porque la superficie del trombo puede aumentar de tamaño y causar problemas más graves si no se percibe.