Juan José sufrió un ictus: «Ha sido un duelo y ahora mismo estoy en la fase estancada de la curva de rehabilitación»
ENFERMEDADES
A sus 69 años, ha perdido la movilidad en la mano derecha, necesita un bastón para caminar y tiene algunas dificultades con el habla, «pero sé que dentro de lo que cabe, soy un afortunado»
29 oct 2025 . Actualizado a las 12:26 h.El 14 de mayo del 2024, como cada mañana, Juan José Blanco Cubeiro estaba haciendo los crucigramas de La Voz de Galicia. «Y empecé a notar que la mano no me funcionaba», relata. Su mujer, en un primer momento, pensó que se trataba de algún síntoma relacionado con las fibrilaciones auriculares que padecía, pero él lo tenía claro: «Sabía que estaba sufriendo un ictus». Llamaron a la ambulancia, que no tardó en llegar. «A los veinte minutos tenía el TAC hecho y, aun así, mira todas las consecuencias que he sufrido», lamenta. Tiene dificultades en el habla, en la marcha y no cuenta con movilidad en su mano derecha. «Me he quedado con muy pocas secuelas cognitivas, porque sigo siendo suscriptor y hago bien los crucigramas de La Voz todos los días (ríe), pero sí sufro varias físicas».
Todo fue muy rápido y sin sufrir ningún tipo de dolor. Ese es el resumen que hace Juan José del día que sufrió el ictus. En su caso, fue hemorrágico: son menos comunes y se producen por la rotura de alguno de los vasos sanguíneos en el cerebro, mientras que los isquémicos se corresponden con el 80 % de los casos y tienen como causa la obstrucción de una arteria. En ambos, el tiempo de actuación es clave. «Por cada minuto que pasa sin que llegue la sangre al cerebro, se pierden casi dos millones de neuronas; por lo que, si se sospecha de que se están sufriendo los síntomas, hay que llamar de inmediato a emergencias», subraya la doctora María del Mar Freijo, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Según datos proporcionados por la agrupación, cada año se producen en nuestro país unos 90.000 nuevos casos de ictus y esta enfermedad fue la responsable del fallecimiento de más de 23.000 personas. Además, más del 30 % de los supervivientes vive con secuelas que les provocan algún grado de discapacidad: el ictus es la primera causa de dependencia en España. El estudio Global Burden of Disease (GBD) confirma que, cada año, se registran casi 12 millones de casos nuevos de ictus y más de 7 millones de fallecimientos en el mundo, cifras que han aumentado un 70 % en las últimas tres décadas.
«Diría que el dolor que sufres es moral, porque no vuelves a ser el mismo. Ha sido un duelo y ahora mismo estoy en la fase estancada de la curva de rehabilitación. Al principio fue muy pronunciada, los avances eran espectaculares, pero ahora estamos en la parte más plana que, además, ya no cubre el Sergas», explica.
Estos son los síntomas de ictus: reconocerlos salva vidas
- Pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en cara, brazo o pierna, especialmente en un lado del cuerpo.
- Dificultad repentina para hablar o entender.
- Pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos.
- Problemas de coordinación o equilibrio.
- Dolor de cabeza muy intenso y repentino, distinto al habitual.
Ante cualquiera de los siguientes signos, se debe llamar inmediatamente a emergencias (112), incluso si los síntomas desaparecen al cabo de unos minutos.
Fuente: SEN
La curva de la rehabilitación
Los minutos desde el inicio de los síntomas son cruciales. Por ejemplo, actuar en las seis primeras horas reduce las complicaciones de esta enfermedad en más de un 25 %. Juan José recuerda que estuvo varios días en la uci, en camilla. «Después estuve en silla de ruedas quince días hasta que me pasé al bastón. En el Hospital Marítimo de Oza tuve rehabilitación desde el primer día». Esta finalizó en diciembre y, desde ahí, prosigue en Adaceco (Asociación de Dano Cerebral de A Coruña). «Me fue muy bien tanto allí, como aquí (la entrevista discurre en una de las salas del centro de As Xubias). Pero sé que no hay milagros. El hecho de creer en ella influye mucho en no tirar la toalla y seguir peleando, pero los avances han disminuido». Sí muestra, con ilusión, cómo estos últimos días ha empezado a mover el dedo meñique de la mano derecha, la que se vio afectada.
Premia sus avances, pero es consciente de sus limitaciones. «En un instante, eres otra persona y, al principio, claro que lo niegas. Luego, lo asumes mal. Ahí es cuando puedes continuar con una depresión o empezar a admitir la situación y ver el lado bueno que tiene la vida; creo que estoy en esa fase. Aunque eso no quiere decir que no tenga unos momentos puntuales muy fastidiados».
Dos días a la semana va a Adaceco y suele caminar por las mañanas. En el exterior, dice que menos de lo que le gustaría. «Lo que noto mucho son las irregularidades de la acera. Siempre pensé que las de mi calle eran lisas, pero no», lamenta. Además, Juan José tiene principios de epilepsia desde que sufrió el ictus y «a veces pierdes un poco la estabilidad».
Desde la SEN se recuerda que uno de cada cuatro españoles sufrirá un ictus a lo largo de su vida y que no es una enfermedad exclusiva de personas mayores: hasta un 20 % de los casos se produce en menores de 50 años. Además, la incidencia está aumentando entre los adultos jóvenes precisamente por los hábitos de vida poco saludables. El factor de riesgo más habitual entre los pacientes suele ser la hipertensión. Asimismo, su impacto se multiplica cuando se combina con otros, como el tabaquismo, la diabetes, el colesterol, la obesidad o la fibrilación auricular. Por ejemplo, en personas hipertensas que además fuman, el riesgo de ictus se multiplica por seis, y si además padecen diabetes, por más de treinta.
«Sabemos que casi el 90 % de los casos de ictus se podrían evitar con un correcto control de los factores de riesgo vascular y con un estilo de vida saludable. Es decir, si además de controlar la hipertensión, el colesterol y la diabetes, mantenemos una alimentación equilibrada, evitamos el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, y practicamos ejercicio de forma regular, estaremos reduciendo enormemente la probabilidad de padecer uno», remarca Freijo.
El habla
Sara Tizón, logopeda de Adaceco, explica que en la asociación los pacientes que hay se encuentran en fase subaguda, «cuando reciben el alta en el hospital, que suele ser justo después de los seis meses; intentamos empujar lo que es el avance propio de la enfermedad, ya que existe un margen en el que el cerebro se vuelve a estructurar de forma automática, y nosotros le damos un pequeño empuje». A partir de ahí, sigue existiendo posibilidad de recuperación, «al contrario de lo que se solía pensar hace unos años, pero esta es mucho más discreta», matiza la experta.
Un ictus puede derivar en problemas de deglución, es decir, el procesamiento del alimento desde la boca hasta el estómago, en el lenguaje o en motricidad craneofacial, como parálisis faciales. Todas estas secuelas son derivadas a logopedia. «La rehabilitación completa es muy complicada, pero sí que intentamos acercarnos lo máximo posible», indica Tizón.
La experta menciona el techo terapéutico, en que el que influyen diferentes factores: «Tiene que ver con la gravedad de la lesión, la edad del paciente, su estado de salud previo y la adherencia al tratamiento. Existen pacientes en los que, durante muchos años, siguen teniendo margen de recuperación, mientras que otros pueden no mejorar más en unos meses, por diferentes causas».
La movilidad
Juan José confiesa que, cuando le hicieron el TAC, «el médico le dijo a mi hija que iba a mejorar relativamente bien el habla, la pierna más o menos y que la mano no la iba casi a recuperar, y así fue». En su caso, «si paso mucho tiempo sin pronunciar alguna palabra, como cuando estás viendo una película, noto que después me cuesta mucho más, pero aunque yo no noto tanto las mejorías, la gente sí lo hace».
Agradece poder conducir, si bien se queja de la lentitud de la administración. Se compró un coche pequeño, un Smart, que le da independencia para hacer actividades por sí solo, pero sigue esperando el reconocimiento de la discapacidad, es decir, la tarjeta azul que le permite aparcar en sitios adaptados a su situación: «¿Qué sentido tiene? No lo entiendo».
Juan José vuelve a ese 14 de mayo de 2024, a esos instantes en los que fue consciente de que estaba sufriendo un ictus. «Me diría a mí mismo que de los doce que estábamos en ese momento en el Chuac, seis fallecieron, tres se fueron para su casa con peores secuelas que yo y otros tres pasamos a Oza a rehabilitación. Dentro de lo que cabe, sé que soy afortunado».
Una vez finalizada la entrevista, bromea con una de las profesionales que trabaja en Adaceco. Esa mañana él mismo había cocinado tortitas para celebrar que puede mover un poco el dedo meñique de la mano que se le quedó paralizada, «¡pero no te han dejado ni una!», le dice. «Menos mal que nos tenemos que seguir viendo», responde ella. Puede que exista alguna otra oportunidad para celebrar, por pequeña que sea. Juan José defiende que «hay que creer en la rehabilitación». En la puerta, su pequeño Smart. «Parece que no, pero es una satisfacción poder conducirlo». Se despide, arranca y se va. Viéndolo, nadie diría que, hace 16 meses, él mismo dudaba de si podría llegar a hacerlo.