Sistema inmunitario: así actúan los «batallones» que nos protegen

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

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Los expertos niegan la eficacia de los multivitamínicos y abogan por una alimentación equilibrada y ejercicio físico para mantener fuertes nuestras defensas

03 jun 2022 . Actualizado a las 13:00 h.

El sistema inmunitario es el conjunto de células, órganos y tejidos que están diseñados para protegernos de todas las amenazas que se puedan llegar a producir en nuestro organismo. «Pueden ser externas, donde se incluirían todas las agresiones de patógenos como bacterias o virus, e internas, como controlar que no haya proliferaciones anómalas de las células y de que no se produzcan tumores», expone el doctor José Gómez Rial, inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y coordinador de inmunología en el Grupo de Investigación en Vacunas Genvip. «Algo que ahora está muy de moda, la inmunoterapia y todos los fármacos de la inmunooncología, al final lo que hacen es activar esa función de nuestro sistema inmunitario que en los procesos del cáncer falla», añade.

Tres niveles de defensa

Alfredo Corell Almuzara, inmunólogo y catedrático de la Universidad de Valladolid, explica que se podrían hablar de tres niveles de defensas: «El primero lo constituyen la piel y todos los tejidos que recubren superficies que están al aire de nuestro cuerpo, por ejemplo, la superficie del ojo, de las vías respiratorias o del aparato reproductor. Es el primer nivel de defensa que nos defiende de agentes externos, pero muchas veces se rompe o se altera. Entonces entraría en acción el segundo nivel, las células y moléculas que se consideran nuestra inmunidad natural». Sobre esta última, el doctor recalca que siempre va a ser la misma, por lo que no tiene capacidad de acordarse de otros ataques cuando los sufrimos de nuevo. «A su vez se pondría en marcha el tercer nivel, las consideradas como defensas de élite porque son muy específicas, como los linfocitos T y B, y tenemos para cada una de las posibles infecciones: para el sarampión, las paperas, la gripe, el covid...», concluye el doctor. Este último nivel sí tendría capacidad de memoria por si algún día nos volvemos a infectar con ese patógeno, y es en el que basaría el hecho de que nos vacunemos porque simularía esa primera infección.

Por su parte, el doctor Gómez Rial explica cómo actúa el sistema inmune ante una amenaza comparándolo con el funcionamiento de «un ejército». De esta forma, «tendríamos dos tipos de batallones, el primero sería el sistema inmune innato, que actúa de forma muy rápida, inespecífica y no tiene memoria, y el sistema inmune específico adaptativo, que es más lento pero actúa muy específicamente y sí cuenta con capacidad para recordar». Al sufrir una amenaza, como por ejemplo un corte en la piel, se activan las señales de alarma. «Son consideradas como alarminas, que llaman al primer batallón. El sistema inmune innato acude rápidamente al lugar de la herida, se activa, capta lo que ha entrado y se lo lleva a enseñar al segundo batallón: el sistema inmune adaptativo». Este último actúa de una forma más pausada, pero es el que acaba resolviendo la infección, y además, generará memoria para saber cómo actuar la próxima vez que nos invada ese patógeno. 

El segundo batallón al que se refiere Gómez se iría construyendo poco a poco. Es decir, «los soldados vírgenes no tienen capacidad de recordar frente a nada y lo que se pretende con las vacunas es generarlos con diferentes memorias para diferentes patógenos, y circularán por el cuerpo durante mucho tiempo a la espera de que se vuelvan a encontrar con el antígeno. Con cada encuentro aumenta de forma exponencial el número de células memoria que se generan». 

Síntomas de un sistema inmunitario debilitado

El doctor José Domingo Moure González, miembro del Grupo de Inmunodeficiencias de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) indica que «a la alteración de la función del sistema inmune se le conoce como inmunodeficiencia, y esta puede tener un origen genético, como las inmunodeficiencias primarias (IDP) y otras, las llamadas secundarias, pueden tener múltiples causas entre las que destacan la desnutrición (causa más frecuente de inmunodeficiencia a nivel global), el uso de ciertos fármacos (como los inmunosupresores) o ciertas enfermedades como la infección por VIH o las enfermedades renales o hepáticas crónicas».