Javier Camiña, neurólogo: «El ejercicio físico regular puede retrasar la aparición del alzhéimer hasta siete años»
ENFERMEDADES
El gallego acaba de ser reelegido vocal del área de Comunicación y Pacientes de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología
19 ene 2026 . Actualizado a las 11:46 h.El doctor Javier Camiña (Meaño, 1988) acaba de ser reelegido vocal del área de Comunicación y Pacientes de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN). El especialista, que en la actualidad ejerce en el Servicio de Neurología de la Clínica Rotger Quirónsalud y del Hospital Quirónsalud Palmaplanas, en Palma de Mallorca, es difícil de encasillar en una sola subespecialidad. Mantiene contacto con varias —cefaleas, ictus o demencias— y en todas ha podido ver trabas burocráticas a la hora de obtener recursos y apoyos de las Administraciones.
—¿Es posible evitar una enfermedad neurodegenerativa?
—En nuestras manos hay algunos factores que son modificables. El mensaje de prevención es protagonista porque se puede reducir el riesgo de muchas de las demencias, a veces con cambios en el estilo de vida, cuidando aspectos como el sueño y controlando los factores de riesgo vascular. Pero no se puede garantizar. Todas las personas parten de una base genética y de contextos provocados por otras enfermedades, que son factores que pueden contribuir, pero se puede reducir y retrasar.
—Habla de una base genética. ¿Si mi abuela y mi madre tuvieron alzhéimer, tengo más probabilidades de tenerlo o el asunto es más complejo?
—Claro, no es tan sencillo. Son enfermedades poligénicas, hay muchos genes implicados, no es algo tan directo como hay un porcentaje alto respecto a eso. En el envejecimiento cerebral hay muchos factores y procesos que favorecen o están presentes en las enfermedades neurodegenerativas. El tema de que si mi abuela lo tuvo, yo también lo voy a tener no siempre es así. Solo que son enfermedades frecuentes en la población general. Por ejemplo, en las demencias se estima una prevalencia entre el 12 % y el 20 %, sumando todas ellas. La más frecuente es la enfermedad de Alzhéimer. Es estadística: algo más de uno de cada diez la va a padecer. Ahora bien, es verdad que, aunque heredemos una predisposición, se ha demostrado, por ejemplo, que el ejercicio físico regular puede retrasar la aparición del alzhéimer hasta siete años.
—¿Qué papel tiene el sueño para ser un factor protector?
—Durante el sueño ocurren una serie de procesos muy importantes para el mantenimiento del cerebro. Últimamente conocemos cada vez más funciones del sistema glinfático, que se encarga de una serie de procesos de mantenimiento, limpieza y depuración de algunas proteínas y sustancias que se acumulan durante el funcionamiento del día. Es fundamental dormir bien para tener sueño profundo de forma natural y no farmacológica, necesitamos esos procesos activos. Si no dormimos una cantidad de tiempo suficiente, si el sueño no es reparador, el proceso de limpieza de algunas proteínas como la tau y la beta amiloide no ocurre y ello nos predispone al daño cerebral. Por así decirlo, acelera el envejecimiento y lo puede agravar. Por eso es relevante dormir bien si hablamos de enfermedades neurodegenerativas. El sueño de mala calidad, insuficiente, poco reparador, por ejemplo, vinculado con la apnea del sueño, aumenta el riesgo de enfermedades cerebrovasculares como el ictus tanto de manera directa como indirecta, ya que predispone a la hipertensión nocturna y al aumento de riesgo de arritmias.
—¿Hacer un sudoku me protege?
—Hacer un sudoku o cualquier pasatiempo es una actividad intelectual que implica, durante un tiempo, una capacidad de atención y que aparte, si es algo que la persona disfruta, genera una sensación de bienestar. Pero no podemos decir que, simplemente, por hacer equis cantidad de sudokus al día durante tanto tiempo, esto tenga un efecto protector cuantificable. El mensaje para mantener la cognición en la persona que tiene una enfermedad es que debe hacer una actividad intelectual, física y social cada día, a poder ser, todas ellas. En otras palabras, es algo positivo pero no es algo que, por sí solo, sea suficiente para evitar síntomas u otras enfermedades. Desde luego, es mejor hacer un sudoku o una sopa de letras que ver la televisión cuatro horas. Pero, también es cierto que es una actividad solitaria. A lo mejor, jugar a las cartas o al dominó, como hacen nuestros paisanos en el bar, es mejor porque sigue siendo una actividad intelectual a la que le sumas lo social.
—¿El ejercicio me protege más?
—No es tanto que te proteja más, sino que es importante. La parte extra que presenta la actividad física frente a la intelectual es que esta tiene un beneficio en todo el sistema cardiovascular, no solo cerebral. Es positivo a nivel global de salud. Siempre se había recomendado la actividad física aeróbica; correr, nadar, ir en bicicleta o bailar. Sin embargo, en los últimos años se ha desarrollado más evidencia de los ejercicios de fuerza, porque están muy vinculados a la prevención de la fragilidad en la persona mayor. En la mujer sobre todo, se asocia a la prevención de osteoporosis y de sarcopenia, que sería la pérdida de masa muscular. Ambas condiciones producen un mayor riesgo de fracturas y de caídas, entonces es salud global. Pero, también, las actividades de fuerza ayudan a mejorar el equilibrio y la coordinación, lo que también disminuye el riesgo de caídas y mejora la salud. Además, se está viendo que el mantenimiento de una masa muscular óptima tiene otros beneficios indirectos a nivel de cognición, y cualquier actividad física mejora algunos procesos de la circulación y del funcionamiento del neuronal. Por todo ello, la actividad física es absolutamente positiva y al mismo tiempo el sedentarismo es negativo. Siempre que voy a hacer mis compras caminando es más positivo que ir en coche, aunque no sea una actividad física reglada como el tenis.
—¿Es posible detectar las demencias a tiempo o siempre es tarde?
—Aquí hay varios planteamientos. La mayoría de demencias son enfermedades neurodegenerativas progresivas, hay una fase previa a los síntomas, que se conoce como fase preclínica, en la que ya están ocurriendo procesos de neurodegeneración, pero no dan lugar a síntomas y pasan desapercibidas. La persona, por ejemplo, con párkinson, suele llegar a la consulta cuando tiene alguna queja de movimiento, porque tiene un temblor una rigidez, pero probablemente ya lleva cinco, diez o quince años con un proceso de neurodegeneración que ha pasado desapercibido. En las personas mayores, un primer episodio de depresión a veces aparece cinco años antes de un alzhéimer o párkinson. Esta depresión forma parte de la enfermedad neurodegenerativa, pero a menudo uno no va a neurología por ese motivo. Por eso, en cierto modo, a las neurodegenerativas habitualmente llegamos más tarde de que se haya empezado el proceso de la enfermedad. A partir de ahí, detectarlo cuanto antes, cuando a día de hoy no tenemos ningún tratamiento curativo, no cambia mucho el pronóstico a largo plazo, pero sí cambia mucho la calidad de vida. Cuando das el diagnóstico, aparte de que puedes tratar muchos de los síntomas, también es relevante porque permite planificar los cuidados, permite evitar, por ejemplo, accidentes de tráfico sin problemas de movilidad, problemas económicos o decisiones que puedan pasar inadvertidas si hay una afectación de la toma de decisiones. Es decir, un diagnóstico precoz protege al paciente. El futuro va hacia hacer los diagnósticos cada vez antes. Por lo que sí que es importante, sobre todo, para cuando tengamos fármacos modificadores de la enfermedad, que no estamos tan lejos.
—¿Qué significa no estar tan lejos?
—La Agencia Europea de Medicamentos ha aprobado dos fármacos para la enfermedad del Alzhéimer que hacen que no se acumule la proteína beta amiloide, que es una de las implicadas en la patología. Estos fármacos, ya aprobados en otros países, serán accesibles en España, probablemente, a lo largo del 2026. O ese es el pronóstico actual. El diagnóstico precoz es relevante porque cuanto antes podamos actuar, a priori, mejor resultado tendrán estos fármacos. Lo que todavía no tenemos claro a largo plazo es cuánto beneficio supondrán este tipo de actuaciones. Hoy en día, el diagnóstico precoz es muy relevante, pero lo será todavía más cuando tengamos estos fármacos que puedan frenar la evolución.
—¿Vamos hacia una España con más enfermedades neurológicas, especialmente, las demencias o el párkinson?
—Estadísticamente, sí. Cada vez hacemos más y mejores diagnósticos en el sistema sanitario porque cada vez hay más consultas, hay más peticiones de búsqueda por parte de los pacientes. En segundo lugar, muchas enfermedades neurológicas afectan más a la persona mayor y la población española va envejeciendo, y se estima que sigan aumentando. Y tres, tenemos mejores herramientas diagnósticas. Con ello, es previsible que los números aumenten. Ahora la estimación es que sean unos 23 millones de personas en España. Lo que pasa es que, evidentemente, no todas las enfermedades tienen la misma gravedad ni tienen la misma presentación. Por ejemplo, yo tengo migraña, pero es episódica y de muy baja frecuencia, pero sumo a la estadística. También lo hace el paciente que tiene una esclerosis lateral amiotrófica. Parte de los objetivos de la Vocalía de Comunicación y Pacientes es intentar trabajar para que todos puedan acceder al mejor cuidado y a los mejores tratamientos posibles; también luchar contra el estigma que tienen muy a menudo las enfermedades neurológicas y al mismo tiempo que se puedan sentir acompañados, identificados y cuidados por sus entornos. A veces, hay personas que no cuentan su diagnóstico neurológico en su puesto de trabajo o incluso con algunos conocidos. Es relevante también que se difunda, que haya ejemplos también de personas que mantengan su vida cotidiana a pesar de un diagnóstico de una enfermedad neurológica.
—En el 2024, la revista científica «The Lancet» publicaba un informe sobre el impacto sociosanitario de las enfermedades neurológicas en el mundo, en el que señalaban que eran la primera causa de discapacidad en el mundo y la segunda causa de mortalidad global. ¿Se les presta suficiente atención a todas? Entiendo que al alzhéimer sí pero, ¿a la migraña?
—Fíjate, en ese mismo informe se dice que es la primera causa de discapacidad en mujeres de entre 15 y 49 años. Cuando se pronuncia la palabra migraña, la gente no lo asocia con la palabra discapacidad porque todavía somos muy visuales y parece que lo que no es una discapacidad física no es tan evidente. Sin embargo, la persona que tiene migraña tiene una discapacidad cuatro o más días al mes porque afecta mucho a su funcionamiento laboral, académico y personal. Renuncia a hacer actividades, tiene síntomas muy molestos que son invalidantes. Lo que ocurre es que muchas personas con enfermedades neurológicas a menudo, aunque tengan síntomas, mantienen su actividad laboral o sus tareas domésticas porque a veces no tienen otra solución, por así decirlo. Muchas enfermedades neurológicas son discapacitantes y, muy a menudo, hay muchas trabas burocráticas para el acceso de las personas con enfermedades neurológicas a los recursos oportunos.