La crisis racial de EE.UU.: «¿Cómo hemos llegado aquí de nuevo?»

Dos periodistas de Los Ángeles Times escriben en La Voz y explican cómo la América negra está a límite después de la muerte de George Floyd

Protesta, ante Saint John. Los líderes religiosos de Washington levantan los puños ante la iglesia donde Trump posó con la biblia y que provocó la carga policial contra una manifestación
Protesta, ante Saint John. Los líderes religiosos de Washington levantan los puños ante la iglesia donde Trump posó con la biblia y que provocó la carga policial contra una manifestación
Melissa Etehad
Los Angeles Times

Fue como si alguien hubiese prendido la mecha. Casi tan pronto como apareció en las redes sociales el vídeo mostrando a un hombre negro luchando por respirar -y finalmente quedando en silencio- con su cuello bajo la rodilla de un oficial de policía blanco de Mineápolis, los estadounidenses negros del barrio de Longfellow salieron a las calles reclamando justicia.

En cuestión de días, la ciudad ardía, con los concentrados prendiendo fuego a tiendas y a una comisaría de policía. Las manifestaciones se extendieron rápidamente a Los Ángeles, donde los activistas bloquearon una autopista, y a Atlanta, donde quemaron un vehículo policial y rompieron las ventanas de la sede central de la CNN. Viendo lo que sucedía en las noticias, Christie Peters, una contratista de 43 años de Atlanta, lloró durante tres días. «Es asumir demasiado», dijo. «Creo que me siento inútil, porque lo que le pides a los negros que hagan es tener fe en un sistema donde casi todas las posiciones de poder están dirigidas por personas que parecen, hablan y votan como las mismas personas que están perpetrando esto contra nosotros. Entonces, ¿cómo tienes fe en ese sistema?»

No ayudó el hecho de que, como muchos estadounidenses, Christie había pasado los últimos meses encerrada en su casa, sin trabajo y pendiente de la pandemia del covid-19. «Con 40 millones de personas desempleadas, esto es un barril de pólvora esperando a explotar», dijo. «Me siento cansada todos los días. Creo que es simple agotamiento mental ante un futuro desconocido». 

Un símbolo

En medio de la ansiedad de vivir una pandemia que ha matado desproporcionadamente a las minorías, la muerte de George Floyd a manos de un policía se convirtió rápidamente en un símbolo de lo que muchos consideran el fallido intento de un país por cumplir su promesa de lograr la igualdad de sus ciudadanos.

El altercado entre Floyd, de 46 años, y la policía de Mineápolis tuvo lugar antes del atardecer del lunes 25 de mayo, cuando los oficiales respondieron al aviso de una tienda. Un empleado de Cup Foods informó de que un hombre había intentado pagar con un billete falso de 20 dólares. Muy poco después de la llegada de los policías, Floyd ya estaba muerto.

El vídeo fue lanzado horas después. Para muchos, trajo el recuerdo de Eric Garner, un hombre negro desarmado que murió en el 2014 en Nueva York después de que la policía le colocara boca abajo en la acera, provocándole la asfixia. Ambos hombres habían exclamado las mismas palabras: I can't breath (No puedo respirar). 

«Seguimos pensando, ¿cómo hemos podido llegar aquí de nuevo?», dijo Margaret Sullivan, la presentadora de 32 años de un programa de radio de Mineápolis que da voz a los marginados. Sullivan comenzó su emisión de Ms Margaret Live en la cadena KFAI en marzo del 2016, inspirada en el tiroteo mortal, ocurrido pocos meses antes, de Jamar Clark, de 24 años, en el norte de Minneapolis. Cuatro meses después, Philando Castile recibió un disparo de un oficial de policía en Falcon Heights (Minnesota), a cinco minutos de donde ella reside. 

«Estamos indignados porque Philando debería haber sido el caso que detuviera todo esto», dijo Sullivan el viernes. «Para nosotros, como habitantes de Minnesota, que esto suceda de manera consecutiva, no es nuevo. Hemos estado avisando». 

Tengo «impunidad»

Carol Anderson, presidenta de Estudios Afroamericanos en la Universidad de Emory, dijo que le impactó la manera arrogante en la que el oficial presionó con su rodilla el cuello de Floyd. Mientras la gente le gritaba que se detuviera, el mensaje del agente era claro: «Puedo hacerle esto con impunidad». «Tenemos una nación que ha criminalizado conscientemente el ser negro, que ha negado sistemáticamente la humanidad de las personas negras», dijo Anderson.

En Mineápolis, los líderes blancos y negros de la ciudad subrayaron que los manifestantes tenían el derecho a estar enfadados. «En todo EE.UU. y aquí, en Minneapolis, sentimos como si hubiera una rodilla en nuestros cuellos; una rodilla que dice ‘la vida negra no importa'», dijo Andrea Jenkins, la segunda máxima responsable del Ayuntamiento. «Soy parte de este sistema que quiere ayudar a quitarnos esa rodilla del cuello». Jenkins, de raza negra, instó al alcalde a declarar el estado de emergencia bajo la premisa de que el racismo es un asunto de salud pública. «Hasta que nombremos este virus, esta enfermedad, que ha infectado a Estados Unidos durante los pasados 400 años, nunca podremos resolver el problema», dijo.

Punto de inflexión ante la desigualdad 

La tensión política se intensificó la mañana del 29 de mayo cuando el presidente, Donald Trump, recurrió a Twitter para llamar a los manifestantes «matones» y amenazó con tomar medidas militares para «controlar» a Minneapolis. «Cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo», tuiteó. Para al final de ese día, el oficial que inmovilizó a Floyd, Derek Chauvin, fue detenido y acusado de asesinato y homicidio involuntario en tercer grado. «El agravamiento de la acusación no es más que una tirita», dijo Sullivan. «Tiene que llegar hasta el final. No nos daremos por vencidos porque hemos visto esto demasiadas veces».

Estadounidenses negros de todo el país sintieron una sensación de déjà vu. En el 2013, activistas negros salieron a las calles de todo Estados Unidos para protestar contra la decisión de un jurado de Florida de declarar a George Zimmerman inocente del asesinato de Trayvon Martin, un adolescente negro desarmado, en el 2012. En el 2014, las manifestaciones fueron por Eric Garner. Después por John Crawford, de 22 años, que fue asesinado a tiros por la policía en Ohio después de que lo vieran con un arma de juguete. Luego, por Michael Brown, un adolescente desarmado que fue asesinado frente a un complejo de apartamentos en Ferguson, Misuri. 

Sullivan describió la muerte de Floyd como un punto de inflexión, que sucede no solo después de tantos otros casos locales de injusticia policial, sino en un momento en que el coronavirus ha generado ansiedad y ha resaltado la disparidad económica y de sanidad entre negros y blancos. «El covid-19 nos está afectando en tasas más altas y también en la pérdida de empleos», dijo. «La gente apenas está sobreviviendo, por lo que estamos más estresados. En la cultura negra, cuando algo sucede, todos nos reunimos, nos unimos y nos apoyamos el uno en el otro, y no pudimos hacerlo. «Esto se suma a toda esa separación, ansiedad y estrés».

La minoría étnica más golpeada por el covid-19 y el impacto económico 

Mientras que el virus se diseminaba, los datos apuntaban a que las personas negras no solo sentían más el impacto económico, sino también fallecían y eran hospitalizados a niveles mucho más altos que los blancos. Para los expertos en salud pública, es un reflejo de las desigualdades sociales y económicas profundamente enraizadas. DeRay McKesson, un activista de Black Lives Matter, dijo que la muerte de Floyd era un ejemplo de la política fallida de Mineápolis.

A diferencia de muchas otras ciudades, el Departamento de Policía no prohíbe reducir a lo detenidos mediante la presión en el cuello, permitiendo ciertos tipos de maniobra si la persona se resiste al arresto y medidas más extremas de sujeción -que pueden dejar a alguien inconsciente- si la persona «exhibe una agresión activa» o la vida de un oficial está en peligro. «Estos no son incidentes aislados», dijo McKesson. «Son las consecuencias de un sistema que fue designado para producir estos resultados», dijo.

 

Larga lista

Al igual que con la mayoría de los casos de abuso policial, la muerte de Floyd se convirtió en una historia nacional solo porque fue capturada en un vídeo. Los activistas no tardaron en vincular la muerte de Floyd con una larga lista de injusticias recientes, en estados tan lejanos como Kentucky y Georgia. En la noche del jueves, siete personas fueron asesinadas en el centro de Louisville, Kentucky, mientras protestaban por la muerte de Breonna Taylor, una médica de 26 años, que recibió un disparo cuando la policía allanó su vivienda en marzo. Los disparos durante las protestas «vinieron de la multitud, no de los oficiales de policía», dijo el alcalde Greg Fischer.

A principios de este mes, estallaron protestas en Brunswick, Georgia, y luego se extendieron por todo el país después de que un vídeo mostrara a un padre y un hijo blancos disparar a Ahmaud Arbery, de 25 años, mientras corría por un barrio de Georgia. Ese incidente ocurrió en febrero, pero no fue hasta que apareció el vídeo cuando las protestas aumentaron y sus agresores blancos fueron arrestados y acusados de homicidio agravado.

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(c) 2020 Los Angeles Times - Tribune Content Agency, LLC / Traducción: Lorena Maya.

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