Arte para la revolución libanesa

Tras dos meses de protestas, los artistas exhiben sus obras reivindicativas


Beirut

Un insecticida contra políticos corruptos o una bailarina bajo las bombas. Estas obras han decorado muros, marquesinas y farolas en Líbano desde las movilizaciones contra la élite política que estallaron en octubre. Y, ahora, estas piezas transitan hacia las galerías de arte.

Entre cócteles y canapés, una tarde de diciembre, decenas de curiosos acuden a la galería beirutí Art of Change en la que se exponen obras de los veinte artistas más prolíficos de la revolución libanesa. Algunas acuarelas ilustran las noches de los manifestantes bloqueando carreteras, otros lienzos rinden homenaje al papel de las mujeres en la revolución y otras obras recogen eslóganes coreados en las calles: «Nuestro silencio ha llegado su fin».

La cocomisaria de la exposición, Imane Assaf, enfatiza el impacto del arte en tiempos de cambio: «La gente en la calle siente que los muros hablan de su dolor, los muros son el testamento de la revolución», afirma. Cuenta que llevarán la exposición a París y le encantaría que viajara a España.

Zen es un diseñador gráfico que ha creado una veintena de obras en las calles desde el inicio de las protestas. Una de ellas es un gran lienzo de madera que dibuja la silueta de Beirut envuelta en humo negro. «El 17 de octubre, cuando la gente salió a la calle y se quemaron neumáticos, Beirut se veía así desde cualquier terraza» explica. Zen dice que fue «uno de los primeros en salir a la calle», tras el anuncio del impuesto sobre WhatsApp que desató las movilizaciones.

Su primer grafiti fue el ubicuo cántico «Hela ho, Gebran Bassil kess emu», que hace referencia a las partes íntimas de la madre del ministro de exteriores, Gebran Bassil, una de las figuras más odiada por los manifestantes. Esta blasfemia dirigida a un líder político era impensable hace unos meses, pero desde el 17 de octubre los libaneses la corean sin cesar. «Todos los tabúes se están rompiendo, ahora estamos dibujando y retratando a los políticos como realmente los vemos», afirma Zen.

Más allá de la crítica a la corrupción de la élite política, la obra del joven artista rinde homenaje a las revolucionarias. Criado por tres mujeres, Zen se declara feminista, y cuenta que ha pintado varias bailarinas bajo las bombas en Beirut. «Puedes poner a una mujer bajo las bombas, y seguirá bailando», dice en referencia a la resiliencia de las libanesas.

La artista Rasha Rahel, de 33 años, expone su mural con figuras geométricas en blanco y negro titulado Historia de una revolución. El tendido eléctrico se entremezcla con edificios y rostros en un estilo que recuerda al de Pablo Picasso. «Las líneas que dibujamos se convierten en el guion de nuestro pueblo», explica Rasha, quien añade: «Es la primera vez que tengo esperanza».

Corralito

Pero el lienzo libanés preocupa. Hace semanas que los bancos restringen la retirada de efectivo. La inflación en el precio de productos básicos o la devaluación de la lira libanesa pesan en un país en el que el 27 % de la población vive con menos de 270 dólares mensuales, según datos de la ONU.

Tras dos meses de protestas y escasas concesiones políticas, se respira frustración. Zen concede que hay cierto desencanto o cansancio, «pero cada paso que damos es un paso hacia adelante, ya no hay marcha atrás». «El arte es parte de la revolución» añade.

Pero algunos discrepan. Seguidores de los partidos chiís Amal y Hezbolá puntualmente han atacado a los manifestantes y destrozado sus tiendas instaladas en el centro de Beirut. A mediados de diciembre, destrozaron una exposición fotográfica sobre la revolución instalada al aire libre.

Lejos de la ira contra revolucionaria, la libanesa Paola Mounla, directora creativa en una empresa publicitaria, ha creado un archivo virtual que aúna las obras que emergen de las protestas a través de la cuenta de Instagram Art of Thawra (Arte de la Revolución) que ya siguen 15.600 personas.

En una vitrina de la galería Art of Change, cuatro espráis simbolizan la pintura que define el actual lienzo libanés: sectarismo, corrupción, hambre y wasta (nepotismo). Está por ver si los manifestantes consiguen redibujar Líbano.

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