«Mamá, ya no quiero ir más al colegio»

Una profesora riojana salió ilesa del tiroteo tras encerrarse en un armario con cinco alumnos


Nueva York / colpisa

Florida, tierra de salsa y palmeras, de cubanos en el exilio y de veraneos invernales. El estado en el que Donald Trump pasa los fines de semana en su mansión de Mar-A-Lago, a solo 40 minutos de donde el miércoles fueron masacrados los estudiantes del instituto Marjory Stoneman Douglas. En las calles de Miami Vice o el Pequeño Haití todo es posible, pero Parkland era el refugio de quienes huyen del ruido de la ciudad. Un suburbio acaudalado de celebridades y atletas con cuyos impuestos se pagan colegios públicos de élite como el del instituto Douglas, que hacen de Parkland un hogar codiciado. Hablamos del último sitio del mundo en el que los padres de la zona habrían esperado ver a sus hijos en peligro. 

«¿Un hispano? ¿Que ha sido un hispano? ¡Muchacho, ya nos hemos contagiado! Esto lo hacían los redneck americanos, nosotros no. Nosotros gritamos, nos liamos a piñazos y lo que sea, pero no cogemos un rifle y nos ponemos a matar gente que ni conocemos». Andrés, un dependiente de origen cubano que presume de madre española, no salía de su asombro, aunque falta por ver si Nikolas Cruz, hijo adoptado, tenía de hispano más que el apellido.

El entrenador y guardia de seguridad murió al colocarse de escudo de los estudiantes Para quienes esta masacre es personal, no quedan palabras, solo desesperación. «Mi hija de 11 años los vio salir corriendo y sabe que estamos buscando a su primo por los hospitales. Cuando me ha dicho 'Mamá, ya no quiero ir más al colegio', no he sabido qué decirle». Sharamy Angarita hacía este jueves guardia en el hotel Marriott de Coral Spring, donde la Policía ha montado su campamento de guerra y el instituto ha citado a padres y alumnos en busca de seres queridos.

El héroe Aaron

El entrenador y guardia de seguridad Aaron Feis es «un héroe» que murió de múltiples disparos al colocarse como escudo frente a un grupo de alumnos. Poco a poco, se van conociendo nombres de estudiantes muertos, acompañados a veces de jirones de sus breves biografías: Meadow Pollack, de último curso, que iba a continuar sus estudios en la Universidad de Lynn; Joaquín Olivier, nacido en Venezuela y ciudadano estadounidense desde el año pasado; Alyssa al Hadeff, que jugaba al fútbol; Gina Montalto, Carmen Schentrup, Luke Hoyer, Martin Duque, Jaime Guttenberg...

La profesora riojana Patricia Rivas está entre los que lograron salir con vida de la matanza. Nada más oír los disparos, se metió en un armario con los cinco alumnos que estaban con ella en su despacho. Así lo contaba este jueves su madre, Violeta Puerta. «Está más tranquila, pero ha pasado muy mala noche, con muchas pesadillas», afirmó.

Nada más ver la noticia por televisión, Violeta envió un mensaje de texto a su hija, «no la llamé por miedo, por si el teléfono hacía ruido». La respuesta fue muy rápida: «Tranquila mamá, estoy bien». Luego colgó. «Pero claro, cuando me dijo esto el muchacho [Nikolas Cruz] aún no había sido detenido y seguía en el edificio. Pasaron unos minutos hasta que ella me devolvió la llamada. A mí me pareció que pasó media hora», explicó a Europa Press.

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De Columbine a Parkland: las matanzas estremecen los centros educativos de EE.UU. Según el FBI, desde 1999 se han producido medio centenar de atentados o intentos de atentados con armas de fuego en escuelas, institutos y universidades estadounidenses y al menos 141 muertos por bala en centros educativos

Para Violeta Puerta, la calma de su hija pudo ser decisiva en la situación sirviendo de ejemplo para sus alumnos. Rivas, nacida en Calahorra hace 40 años, imparte clase de francés y español a alumnos de 14 a 19 años desde hace seis meses, cuando se acogió a una excedencia como profesora en el Instituto de Lodosa (Navarra) para conocer la docencia en Estados Unidos.

El AR-15, el arma más popular pese a su sangriento historial

El AR-15, el rifle semiautomático que Nikolas Cruz utilizó en su antiguo instituto, es el arma más popular entre los estadounidenses a pesar de su largo y sangriento historial. De hecho, esta versión civil del M-16 militar aparece en las masacres más letales. Fue la que utilizó en octubre en La Vegas el jubilado Steve Paddock, que incluso modificó sus componentes para reconvertirlo en fusil automático y matar a más personas (en concreto 58) sin levantar el dedo del gatillo. Y Omar Mateen, para matar a 49 personas en el club gay de Orlando, en el 2016. También protagonizó los tiroteos del centro de discapacitados San Bernardino, en el cine de Aurora y en la escuela Sandy Hook.

¿Por qué es tan popular? Es económica, ligera y fácil de usar. En promedio, puede costar entre 600 y 1.200 dólares y pesar unos tres kilos y medio. Incluso se puede personalizar por colores, las hay hasta rosa, o con accesorios como una mira para mejorar la puntería. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) se vanagloria en calificar al AR-15 como «el arma de América». Los defensores del control de armas estiman que su número se ha disparado en los últimos años y está en manos de unos ocho millones de estadounidenses. Con cada tiroteo masivo y posterior debate político, hay un repunte de ventas por temor a que sea prohibida. De hecho, ya lo estuvo por una ley del presidente Bill Clinton en 1994 (algo que los fans del AR-15 nunca le perdonaron). Cuando en el 2004 tocaba renovar su vigencia, a la Administración Bush se le «olvidó». Pese a los calificativos de la NRA, los AR-15 están diseñados para matar a varios combatientes enemigos a la vez», recuerda el experto en armas Frank Smyth al diario de Miami El Nuevo Herald. En Florida, cualquier persona mayor de edad puede adquirirla.

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